jueves, 28 de marzo de 2013

Evangelio del día (Calendario Tradicional) - 28 de marzo de 2013

+ Continuación del Santo Evangelio según San Juan (XIII, 1-15)

Biblia versión Nacar Colunga.


 (1)  Antes de la fiesta de la Pascua, viendo Jesús que llegaba su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, al fin extremadamente los amó.  (2)  Y comenzada la cena, como el diablo hubiese ya puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregar le;"  (3)  con saber que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas y que había salido de Dios y a El se volvía...  (4)  Se levantó de la mesa, se quitó los vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó;"  (5)  luego echó agua en la jofaina y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a enjugárselos con la toalla que tenía ceñida.  (6)  Llegó, pues, a Simón Pedro, que le dijo: Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?  (7)  Respondió Jesús y le dijo: Lo que Yo hago, tú no lo sabes ahora; lo sabrás después."  (8)  Di jo le Pedro: Jamás me lavarás tú los pies. Le contestó Jesús: Si no te los lavare, no tendrás parte conmigo.  (9)  Simón Pedro le dijo: Señor, entonces no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.  (10)  Jesús le dijo: El que se ha bañado no necesita lavarse, está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos."  (11)  Porque sabía quién había de entregarle, y por eso dijo: No todos estáis limpios.  (12)  Cuando les hubo lavado los pies, y tomado sus vestidos, y puéstose de nuevo a la mesa, les dijo: ¿Entendéis lo que he hecho con vosotros?  (13)  Vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien, porque de verdad lo soy.  (14)  Si Yo, pues, os he lavado los pies, siendo vuestro Señor y Maestro, también habéis de lavaros vosotros los pies unos a otros.  (15)  Porque yo os he dado el ejemplo, para que vosotros hagáis también como Yo he hecho.

+ Laus tibi Chiste 



Biblia versión Jünemann

(1)  Y antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que ha venido su hora de pasar de este mundo al Padre; habiendo amado a los propios que estaban en el mundo, al fin(a) amóles.  (2)  Y cena haciéndose, habiendo el diablo ya arrojado en el corazón que le entregase Judas, de Simón Iscariotes;  (3)  sabiendo que todo le ha dado el Padre en las manos, y que de Dios ha salido y a Dios se va;  (4)  levántase de la cena y quita las vestiduras; y tomando un lienzo, ciñóse;  (5)  después echa agua en el lavatorio, y empezó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugar con el lienzo de que estaba ceñido.  (6)  Viene, pues, a Simón Pedro; dícele: «Señor, ¿tú me lavas los pies?»  (7)  Respondió Jesús y díjole: «Lo que yo hago, tú no sabes todavía; pero sabrás después».  (8)  Dícele Pedro: «No me lavarás, no, los pies por el siglo». Respondióle: «Si no te lavare, no tienes parte conmigo».  (9)  Dícele Simón Pedro: «Señor, no mis pies solo, sino también las manos y la cabeza».  (10)  Dícele Jesús: «El lavado no tiene necesidad sino de lavarse los pies; mas está limpio todo; y vosotros limpios estáis; pero no todos».  (11)  Pues sabía al que le entregaba; por esto dijo: que «no todos limpios estáis».  (12)  Cuando lavó, pues los pies de ellos, y tomó sus vestiduras y recostóse de nuevo, díjoles: «¿Conocéis qué os he hecho?  (13)  Vosotros llamáisme el Maestro y el Señor; y bellamente decís; pues soy.  (14)  Si yo, pues, he lavado vuestros pies, el Maestro y el Señor, también vosotros debéis unos de otros lavar los pies;  (15)  porque ejemplo os he dado, para que, según yo he hecho a vosotros, también vosotros hagáis. 


Biblia versión Vulgata (Latín)

(1) ante diem autem festum paschae sciens Iesus quia venit eius hora ut transeat ex hoc mundo ad Patrem cum dilexisset suos qui erant in mundo in finem dilexit eos  (2)  et cena facta cum diabolus iam misisset in corde ut traderet eum Iudas Simonis Scariotis  (3)  sciens quia omnia dedit ei Pater in manus et quia a Deo exivit et ad Deum vadit  (4)  surgit a cena et ponit vestimenta sua et cum accepisset linteum praecinxit se  (5)  deinde mittit aquam in pelvem et coepit lavare pedes discipulorum et extergere linteo quo erat praecinctus  (6)  venit ergo ad Simonem Petrum et dicit ei Petrus Domine tu mihi lavas pedes  (7)  respondit Iesus et dicit ei quod ego facio tu nescis modo scies autem postea  (8)  dicit ei Petrus non lavabis mihi pedes in aeternum respondit Iesus ei si non lavero te non habes partem mecum  (9)  dicit ei Simon Petrus Domine non tantum pedes meos sed et manus et caput  (10)  dicit ei Iesus qui lotus est non indiget ut lavet sed est mundus totus et vos mundi estis sed non omnes  (11)  sciebat enim quisnam esset qui traderet eum propterea dixit non estis mundi omnes  (12)  postquam ergo lavit pedes eorum et accepit vestimenta sua cum recubuisset iterum dixit eis scitis quid fecerim vobis  (13)  vos vocatis me magister et Domine et bene dicitis sum etenim  (14)  si ergo ego lavi vestros pedes Dominus et magister et vos debetis alter alterius lavare pedes  (15)  exemplum enim dedi vobis ut quemadmodum ego feci vobis ita et vos faciatis



Comentario
CATENA AUREA de Santo Tomás de Aquino

Juan 13:1-5 

Antes del día de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que llegó la hora en que pasara de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, les amó hasta el fin. Y hecha la cena, habiendo ya el diablo inspirado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariotes, que lo entregase, sabiendo que el Padre lo había entregado a su potestad y que de Dios salió y a Dios va, se levanta de la cena y depuso sus vestiduras; y tomando un paño se ciñó con él; después echó agua en una jofaina y empezó a lavar los pies de sus discípulos y a limpiarlos con el paño que se había ceñido. (vv. 1-5)

Teofilacto
Como el Señor iba a emigrar de la presente vida, explica la amistad que profesaba a los suyos, por lo cual dice: "Antes del día festivo de la Pascua, sabiendo Jesús", etc.

Beda
Los judíos tenían ciertamente muchas festividades, pero ninguna era tan insigne y celebrada como la festividad de la Pascua, por lo que dice expresivamente: "Antes del día festivo de la Pascua".

San Agustín, in Ioannem tract., 3,55
Pascua no es, como creen algunos, nombre griego, sino hebreo. Y muy oportunamente se da en ambas lenguas, respecto de esta palabra, cierta coincidencia de significación, porque en griego paschein significa padecer, y de aquí que Pascua quiera decir pasión, derivando este nombre de aquel verbo. Y en su lengua, o sea la hebrea, Pascua es tránsito, por la razón de que los judíos la celebraron por primera vez cuando habiendo salido de Egipto atravesaron el mar Rojo.1 Y ahora aquella figura profética se completa en la realidad, porque Cristo es conducido al sacrificio como un cordero, con cuya sangre, pintadas nuestras puertas (esto es, hecho el signo de la cruz en nuestras frentes), somos libres de la perdición de esta vida, como aquellos de la cautividad egipcia. Y verificamos un tránsito en sumo grado saludable, pasando a Cristo desde el poder del diablo, y desde esta vida transitoria a aquel reino lleno de poderío. Por eso el evangelista, queriéndonos dar la interpretación de esta palabra Pascua, dice: "Sabiendo que llegó la hora en que había de pasar de este mundo al Padre"; he aquí la Pascua, he aquí el tránsito.

Crisóstomo, In Ioannem hom., 69
No es que antes no lo supiera, sino desde antes. El tránsito es su muerte.
Cuando había de abandonar a sus discípulos, les demuestra superior amor. Y esto es lo que dice: "Habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el fin"; esto es, no dejó de practicar ninguna de aquellas cosas que debe hacer el que mucho ama. No hizo todas estas cosas desde un principio, pero a fin de aumentar la familiaridad y prepararles el consuelo para las cosas que habían de suceder posteriormente, añadió mayores muestras de amor. Los llama aquí suyos en razón a la familiaridad, porque en razón a la condición llama también suyos a otros. Así, cuando dice (Jua_1:11): "Y los suyos no lo recibieron". Añade también "que estaban en el mundo", porque había otros suyos difuntos (Abraham, Isaac y Jacob), pero no estaban en el mundo. A los suyos que estaban en el mundo, los amó continuamente, y al fin los amó con dilección perfecta. Esto es lo que significa "al fin los amó".

San Agustín, ut supra
Los amó al final, para que por este amor pasasen de este mundo a El, que era su cabeza. ¿Qué fin es éste sino Cristo? Porque el fin de la ley es Cristo, fin que perfecciona a todo creyente (Rom_10:4), conduciéndolo a la justicia y no a la muerte. Paréceme, pues, que estas palabras puedan tomarse en significado humano, esto es, que Cristo amó a los suyos hasta el momento de su muerte. Pero no se entienda que este amor termina en la muerte de Aquel que no termina por la muerte. A no ser que se haya de entender así: los amó hasta la muerte, esto es, el amor de ellos lo condujo a la muerte.
Y sigue: "Hecha la cena", esto es, confeccionada y puesta en la mesa para el servicio de los convidados. Lo de hecha la cena no debe tomarse en el sentido de que ya estuviese consumida o terminada, porque todavía se estaba cenando cuando se levantó y lavó los pies a los discípulos; porque después volvió a sentarse y dio al traidor el bocado de pan. Al decir: "Habiendo ya el diablo inspirado en el corazón", etc., si quieres averiguar qué es lo que inspiró en el corazón de Judas, te diré que el hacer entrega de El. Esta tentación espiritual se llama sugestión. El diablo inspira sugestiones y las mezcla con los pensamientos humanos. Estaba ya decidido en el corazón de Judas, por la sugestión del diablo, el entregar a su Maestro.

Crisóstomo, ut supra
Aquí el evangelista, lleno de admiración, introduce en la narración el hecho de que el Señor lavó los pies de aquel que ya había determinado entregarlo. Manifiesta también la maldad del traidor, a quien ni siquiera detuvo la comunidad en la misma mesa, cosa que fue siempre obstáculo para cometer alguna maldad.

San Agustín, ut supra
Habiendo de tratar el evangelista de la humildad del Señor, primero quiso encomiar su grandeza, y a esto se refiere lo que añade: "Sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas bajo su potestad", etc. Entre esas cosas estaba el mismo traidor.

San Gregorio, Moralium 3,12
Sabía, por lo tanto, que había recibido bajo su potestad hasta a los mismos perseguidores, a fin de torcer hacia la piedad la malicia de aquellos que El había permitido en contra de sí mismo.

Orígenes In Ioannem tom. 32
Todas las cosas le habían sido entregadas por el Padre bajo su potestad, esto es, bajo su operación y poderío. "Mi Padre, dijo, ha obrado hasta ahora (Jua_5:17), y yo también obro". El Padre puso bajo su poder todas las cosas, para que todos estuviesen a su servicio.

Crisóstomo, ut supra
Aquí, por entregar, se significa la salvación de todos los fieles, y cuando oyereis esta palabra, no la interpretéis en sentido humano. Es aquí la gloria del Padre y su unión con el Hijo, porque así como el Padre le entregó todas las cosas, El se entregó al Padre. Por donde San Pablo dijo (1Co_15:24): "Cuando hubo entregado el reino a Dios y al Padre".

San Agustín, ut supra
Sabiendo también que salió del Padre y a Dios va, ni por eso dejó a Dios cuando de El salió, ni a nosotros al volver a El.

Teofilacto
Por lo mismo que el Padre confió a su poder todas las cosas (esto es, la salvación de los fieles), juzgaba conveniente manifestarles todas aquellas cosas que respectan a la salvación. Sabiendo que de Dios salió y a Dios va, no podía de ninguna manera considerar su gloria disminuida con lavar los pies a sus discípulos. Ni tampoco usurpó gloria alguna, porque aquellos que usurpan algún honor, no condescienden con nada, no sea que pierdan lo que usurparon sin derecho.

San Agustín, ut supra
Y habiendo puesto el Padre todas las cosas en sus manos, El lavó a sus discípulos, no las manos, sino los pies. Y sabiendo que había salido de Dios y a Dios iba, ejerció los deberes, no de Dios Señor, sino de hombre siervo.

Crisóstomo, ut supra
Esto era lo digno, supuesto que salió de Dios y a Dios iba, el destruir toda soberbia. De aquí sigue: "Se levantó de la cena y depuso las vestiduras, y tomando un paño, se ciñó con él; después echó agua en una jofaina y empezó a lavar los pies de los discípulos y a limpiarlos con el paño que se había ceñido". Considérese cuánta humildad manifestó, no sólo lavando los pies, sino en otro concepto; porque se levantó, no cuando estaban para sentarse, sino cuando ya todos se habían sentado. Además, no sólo lavó, sino que dejó sus vestiduras, se ciñó con un paño y llenó la jofaina y no mandó que otros la llenaran, sino que por sí hizo todas estas operaciones, enseñando con cuánto cuidado debían hacerse todas estas cosas.

Orígenes, ut supra
En sentido místico, el almuerzo, que es la primera comida, es también conveniente para aquellos que están en los principios de la vida espiritual que se simboliza en la presente vida; mas la cena es la última comida, que sólo se sirve a los que han progresado más en ella. También se puede entender de otra manera, diciendo que el almuerzo es la comprensión de las Escrituras antiguas, y la cena simboliza los misterios que se encierran en el Nuevo Testamento. Paréceme que aquellos que cenan en compañía de Cristo y han de convivir con El en el último día de la vida presente, necesitan ser lavados, no ciertamente en cuanto a las partes (si así puede decirse) primeras del cuerpo y del alma, sino en cuanto a las más inferiores, que necesariamente se ligan a la tierra. Dice que empezó (puesto que después dio la última mano al lavatorio) a lavar los pies de sus discípulos, porque estaban manchados según aquello de San Mateo (Mat_26:13): "Todos vosotros os escandalizaréis esta noche en mí". Después completó la operación de lavarlos, para purificarlos y que después no volviesen a mancharse.

San Agustín, ut supra
Dejó sus vestiduras el que siendo Dios se anonadó a sí mismo. Se ciñó con una toalla el que recibió forma de siervo. Echó agua en la jofaina para lavar los pies de sus discípulos, el que derramó su sangre para lavar con ellas las manchas del pecado. Limpió con el paño los pies que había lavado, el que confortó los pasos de los evangelistas con la carne de que estaba revestido. Y, para ceñirse con el paño, dejó primero las vestiduras que tenía. Mas para tomar la forma de siervo, cuando se humilló hasta la nada, no dejó lo que tenía, sino que tomó lo que no tenía. Para ser crucificado tenía que ser despojado de sus vestiduras; después de muerto envuelto en sábanas, y toda su pasión tenía que servir para purificarnos.

Notas
1. El vocablo pascua viene del hebreo pésaj. La voz se deriva de pásaj : pasar, saltar, que el AT relaciona con el paso del Señor en Egipto. El NT se refiere normalmente a la pascua con el término πάσχα, que es la transliteración griega del término arameo correspondiente. En el NT aparece junto con el verbo πασχειν, padecer, en Luc_22:15, aunque no parece haber una relación lingüística directa.

Juan 13:6-11 
Vino, pues, a Simón Pedro. Y díjole Pedro: "Señor, ¿tú me lavas los pies?" Respondió Jesús y dijo: "Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora, mas lo sabrás después". Díjole Pedro: "No me lavarás jamás los pies". Respondióle Jesús: "Si no te lavare, no tendrás parte conmigo". Díjole Simón Pedro: "Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza". Dícele Jesús: "El que ha sido lavado no necesita sino de que se lave los pies, porque está todo limpio; y vosotros estáis limpios, pero no todos"; porque sabía quién era el que lo había de entregar: por esto dijo no estáis todos limpios. (vv. 6-11)

Orígenes In Ioannem tom. 32
Como el médico que teniendo que atender a muchos enfermos empieza sus especiales cuidados por aquellos que están más graves, así también Cristo, al lavar los pies manchados de sus discípulos, empieza por aquellos que más contaminados estaban, y así llegó en último término a Pedro, que necesitaba menos que los otros del lavatorio de pies. Por esto dice: "Vino a Simón Pedro", que se resistía a ser lavado por la conciencia que tenía de que sus pies no estaban manchados. Y así continúa: "Y díjole Pedro", etc.

San Agustín, in Ioannem tract., 56.
¿Qué quiere decir aquí tú ? ¿Qué quiere decir a mí ? Estas cosas más bien pueden concebirse que expresarse, no sea que la lengua no sepa significar con dignidad lo elevado que el pensamiento haya concebido.

Crisóstomo, In Ioannem hom., 69
Y si Pedro estaba en primer término, habrá que decir que el traidor insensato se había colocado antes que él, lo que significó el evangelista diciendo: Empezó a lavar los pies, después vino a Pedro.

Teofilacto
De donde se colige que no lavó a Pedro el primero. Y, sin embargo, ninguno de los otros discípulos pretendería ser lavado antes que Pedro.

Crisóstomo, ut supra
Alguno deseará saber cómo ninguno de los otros se opuso al lavatorio, sino sólo Pedro, lo cual era signo no pequeño de amor y de modestia. De esto parece deducirse que antes de Pedro sólo fue lavado el traidor, y que después llegó a Pedro, y que, por otra parte, los demás discípulos quedaron reprendidos en él. Porque si hubiera empezado el lavatorio por cualquiera de los otros, todos lo hubieran rehusado y dicho lo que dijo Pedro.

Orígenes, ut supra
Todos exhibían sus pies, considerando que maestro tan sabio no lavaría sus pies sin razones de mucho peso. Sólo Pedro, posponiendo todas las razones a la veneración que profesaba a Jesús, no se prestaba a que sus pies fuesen lavados. Y, en efecto, la Escritura nos da a conocer frecuentemente a Pedro como el más entusiasmado para inculcar lo que parece mejor o más útil.

San Agustín, ut supra
No debemos creer que Pedro desaprobase y recusase entre todos una acción que ya los demás habían permitido de buen grado antes de él. Y así, no puede entenderse que ya otros hubiesen sido lavados antes que él, y que Jesús llegase a él después de los otros (¿quién ignora que Pedro era reputado como el primero de los apóstoles?), sino que empezó por él. Así, cuando empezó a lavar los pies, vino a aquel por el cual empezó (esto es, Pedro), y entonces Pedro rehusó maravillado una acción que cualquier otro hubiera rehusado.
Prosigue: "Respondió Jesús, y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora, mas lo sabrás después".

Crisóstomo, ut supra
Es ésta la humildad de su enseñanza; y, como la humildad, basta para llevarnos a Dios.

Orígenes, ut supra
O bien insinúa el Señor que en esto había misterio. Lavando y secando sus pies, los tornaba purificados, a ellos, que debían predicar la santidad (Rom 10; Is 52), para que puedan enseñar el camino santo y marchar por aquel que dijo: "Yo soy el camino" (Mat_14:6). Convenía que Jesús, deponiendo sus vestidos, lavase los pies de sus discípulos, para limpiar más a los que ya estaban limpios. O a fin de tomar sobre sí en su propio cuerpo la inmundicia de los pies de sus discípulos, mediante el paño que tenía rodeado, porque El echó sobre sí todas nuestras debilidades. Obsérvese que, debiendo lavar los pies de los discípulos, no quiso elegir otra oportunidad sino cuando el diablo ya había entrado en el corazón de Judas para que lo entregase a sus enemigos, cuando estaba próximo su sacrificio en favor de los hombres. Porque antes de esto no era oportuno el que Jesús lavase a sus discípulos los pies. ¿Quién hubiera lavado sus pies y sus manchas en el tiempo que mediaba hasta la pasión? Pero ni aun en el tiempo de la pasión, porque no había otro Jesús que lavase sus pies; ni aun tampoco después de la pasión, porque entonces, por la venida del Espíritu Santo, fueron lavados sus pies. Así, pues, de este misterio (dijo el Señor a Pedro) tú no eres capaz, pero ya lo entenderás cuando suficientemente ilustrado lo comprendieres.

San Agustín, ut supra
Sin embargo, él, asombrado ante la grandeza del Señor, no permitía que se hiciera aquello cuya razón ignoraba, sin que pudiera tolerar que la humildad del Señor llegase hasta lavarle los pies. Y así sigue: "Dícele Pedro: No lavarás jamás mis pies", esto es, jamás lo permitiré, porque se dice que jamás se hará una cosa, cuando nunca se hace.

Orígenes, In Ioannem hom., 32
De esto podemos tomar ejemplo, cuán posible sea adoptar una resolución como justa, y decir por ignorancia aquello que va contra nuestros intereses. Porque Pedro, ignorando la conveniencia del acto, primeramente casi avergonzado y con mucha suavidad dice: "Señor, ¿me vas tú a lavar los pies?"; pero luego dice: "Tú, jamás me lavarás los pies", lo cual era impedir la obra que lo llevaría a tener parte alguna con Jesús. Con lo cual arguye, no solamente a Jesús que lavaría a sus discípulos los pies sin deber hacerlo, sino también a sus compañeros, que se prestan a ser lavados indignamente. Mas como la respuesta de Pedro le era perjudicial, no permitió Jesús que se realizase su deseo. Así prosigue: "Díjole Jesús: Si no te lavare los pies, no tendrás parte conmigo".

San Agustín, ut supra
Al decir si no te lavare, tratándose sólo de los pies, es lo mismo que decir: me pisas, siendo sólo la planta del pie la que pisa.

Orígenes, ut supra
A los que no quieren explicar este y otros puntos semejantes en sentido figurado o en la esfera moral, no se les alcanza como probable siquiera el que no tuviese parte con el Hijo de Dios aquel que dijo con reverencia: "No me lavarás jamás los pies", como si el no dejar que le lavase los pies fuese un crimen. Pero para esto debemos dejarnos lavar los pies, esto es los afectos del alma, a fin de que sean embellecidos. Y en primer lugar, para ser enumerados entre los que evangelizan las buenas doctrinas, trabajamos por adquirir los dones sublimes.

Crisóstomo, ut supra
No dijo la razón por la que obraba así, sino que formuló una amenaza, porque de otra manera no se hubiera persuadido. Cuando Pedro oyó: "Lo sabrás después", no contesta: enséñamelo, pues, y te lo permitiré, sino que lo permitió desde el punto en que fue amenazado en lo que más él temía (a saber, ser separado de El).

Orígenes, ut supra
Usamos de esta frase contra aquellos que proyectan llevar a cabo determinaciones que no les son provechosas, porque manifestándoles que no tendrán parte con Jesús en tanto que persistan en su soberbia decisión, los conminamos que no perseveren en su mal concebido proyecto, aun cuando lo hubieren ratificado con juramento.

San Agustín, ut supra
El, confundido entre el amor y el temor, más se horrorizó de no tener parte con Cristo, que de que Este le lavase los pies humildemente. Por lo cual sigue: "Señor, no solamente los pies, sino también las manos y la cabeza".

Orígenes, ut supra
Jesús no quería lavar las manos, despreciando aquello que decían sus enemigos (Mat_15:2) (porque tus discípulos no se lavan las manos cuando comen). No quería sumergir la cabeza, porque en ella reside la imagen y la gloria del Padre. Le bastaba que le presentasen los pies. De donde sigue: "Díjole Jesús: Quien fue lavado, no necesita sino que se le laven los pies, porque está todo limpio".

San Agustín
Todo, excepto los pies; o lo que es lo mismo, sólo necesita lavarse los pies. Porque el hombre, por el bautismo, no queda todo lavado menos los pies, sino que queda lavado por completo. Sin embargo, viviendo en lo sucesivo entre las cosas humanas, pisa con ellos la tierra. Así, pues, los afectos humanos, sin los que no se puede vivir en esta vida mortal, simbolizan los pies. Y, en esta vida, de tal modo somos afectados por las cosas humanas, que si dijéramos que éstas no nos afectaban, nos engañaríamos a nosotros mismos, afirmando que no tenemos pecado (1Jn_1:8). Mas si confesamos nuestros pecados, Aquel que lavó los pies a sus discípulos nos los perdona, hasta los pies, con los cuales comunicamos con la tierra.

Orígenes, ut supra
Creo imposible que no se contaminen las partes inferiores del alma, por muy perfecto que cualquiera se crea en cuanto a hombre. Porque muchos, después del bautismo, se llenan del polvo de las maldades hasta la cabeza. Pero los que son sus discípulos, con justo título no necesitan ser lavados sino en sus pies.

San Agustín, Ad Seleucianum epist. 118
De esto que aquí se dice, se deduce que San Pedro ya estaba bautizado. Entendemos también que sus discípulos mediante los cuales bautizaba, lo estaban a su vez; o bien con el bautismo de Juan, como algunos creen, o bien, como es más creíble, con el bautismo de Cristo. Puesto que no desdeñó el ministerio de bautizar con el fin de tener siervos bautizados que pudiesen bautizar a los otros, Aquel que no faltó al ministerio de la humildad cuando les lavó los pies. Por esto prosigue: "Y vosotros estáis limpios, pero no todos".

San Agustín, in Ioannem tract., 58.
No preguntemos qué sea esto, cuando el mismo evangelista lo dice claramente a continuación: "Pues sabía quién era el que había de entregarle; por lo mismo dijo: No todos estáis limpios".

Orígenes, ut supra
Cuando dice "Vosotros estáis limpios", se refiere a los once. Y cuando añade "pero no todos", se refiere a Judas, que estaba manchado; en primer lugar, porque no atendía a los pobres, antes era ladrón; por último, porque habitaba el diablo en su corazón, a fin de que entregase a Jesús. Les lava los pies, aun estando puros, porque la gracia de Dios sobreabunda en las cosas necesarias, y, como dice San Juan: "Que el limpio se limpie más aún" (Apo_22:11).

San Agustín, ut supra
O bien porque estando ya lavados sus discípulos no necesitaban sino de lavarse los pies, porque mientras el hombre vive en este mundo, parece que al tocar la tierra con sus pies atrae algo de ella con lo cual es manchado.

Crisóstomo, ut supra
O de otra manera: No dice que están limpios porque los juzgue libres de pecado antes del sacrificio, sino que se refiere a la claridad del entendimiento, porque ya estaban exentos del error judaico.

Juan 13:12-20 

Luego que les lavó los pies, tomó sus vestidos; y cuando se hubo sentado, díjoles de nuevo: "¿Sabéis lo que he hecho con vosotros?; vosotros me llamáis Maestro y Señor, y decís bien: lo soy, en efecto: si pues yo, el Señor y Maestro he lavado vuestros pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies: os he dado el ejemplo, para que así como yo hice a vosotros, así también vosotros lo hagáis. En verdad, en verdad, os digo: no es el siervo mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que aquél que le envió. Si sabéis estas cosas, seréis bienaventurados practicándolas. No digo de todos vosotros: Yo sé a quiénes he elegido; sino que ha de cumplirse la Escritura. El que come pan conmigo, pondrá su pie sobre mí. Desde ahora os lo digo, antes de que suceda; para que cuando haya sucedido, creáis quien soy yo. En verdad, en verdad os digo: el que recibe a aquél que yo enviaré, a mí me recibe, y quien me recibe, recibe a Aquel que me ha enviado". (vv. 12-20)

San Agustín, ut supra
Acordándose el Señor de que había prometido a Pedro la explicación del hecho realizado, diciendo "después sabrás" (qué es lo que yo he hecho), empieza ya a enseñarlo. Por esto se dice: "Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, y habiéndose sentado empezó a hablarles de nuevo en esta forma: Sabéis lo que he hecho con vosotros".

Orígenes In Ioannem tom. 32.
Profiere estas palabras, o bien en tono interrogativo para encomiar la grandeza de su acción, o bien imperativamente para elevar sus entendimientos.

Alcuino.
En sentido espiritual, hecha la purificación de nuestra redención al derramar su sangre, tomó sus vestiduras cuando resucitó del sepulcro al tercer día, vestido ya con su mismo cuerpo inmortal, y al sentarse significó su ascensión al cielo para sentarse a la derecha del Padre, de donde ha de venir a juzgar.

Crisóstomo In Ioannem hom., 70.
Hasta ahora no ha hablado sólo a Pedro, sino a todos. Como diciendo: "Vosotros me llamáis Maestro y Señor". Aquí aduce sus palabras propias, y después, para que no crean que se las aplican por favor especial, añade: "Y decís bien: lo soy en verdad".

San Agustín, ut supra
Se ha mandado al hombre (Pro_27:2): "No te alabe tu propia boca, sino que te alabe la boca de tu prójimo", porque es peligroso que se complazca en sí mismo el que quiere evitar la soberbia. Mas aquel que está sobre todas las cosas, por mucho que se alabe, no se ensalzará demasiado, ni puede decirse rectamente que en Dios haya arrogancia. Porque el conocer a Dios aprovecha únicamente a nosotros, no a El; ni nadie lo conoce si El mismo no se da a conocer. Luego, si por huir de la arrogancia no se hubiese alabado, nos hubiera privado de su conocimiento. ¿Y cómo la verdad ha de temer incurrir en arrogancia? Nadie puede reprender el que se considere Maestro, aun el que sólo lo mire bajo el concepto del hombre, porque hay que conceder que aun los mismos hombres son llamados maestros, y toleran la denominación sin arrogancia en las artes que profesan. ¿Y podrá reprochársele el que se considere Señor de sus discípulos, tratándose de hombres que en el concepto vulgar carecían de ilustración? Porque cuando es Dios el que habla, nunca hay arrogancia en tanta excelsitud; nunca mentira en la verdad. El estar sometidos a tanta grandeza, el servir a la verdad, es para beneficio nuestro. Y así, "decís bien al llamarme Maestro y Señor, porque lo soy". Y si no lo fuera, diríais mal en lo que decís.

Orígenes, ut supra
No hacen bien en decir (Mat_7:23): "Señor", aquellos a quienes se ha dicho: "Apartaos de mí, vosotros que obráis la iniquidad". Pero los apóstoles decían rectamente: Maestro y Señor. No dominaba en ellos la maldad, sino el Verbo de Dios. "Si, pues, yo que soy Señor y Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavároslos mutuamente".

Crisóstomo, ut supra
Toma el ejemplo de cosas mayores, para que nosotros obremos en las menores. Porque ciertamente El es el Señor, y nosotros lo haremos con nuestros consiervos, si lo hiciéremos. Por eso añade: "Os he dado ejemplo, para que, así como yo lo he hecho con vosotros, vosotros también hagáis".

Beda.
Primeramente el Señor realizó en sus hechos lo que después enseñó con palabras, según aquello (Hch_1:1): "El Señor empezó por obra".

San Agustín, in Ioannem tract., 58.
Esto es, oh bienaventurado Pedro, lo que ignorabas; esto que prometió que después sabrías.

Orígenes, ut supra
Hay que considerar ahora si es de absoluta necesidad, para perfeccionarse en la doctrina de Jesús, el tomar como precepto absoluto el lavatorio sensible de los pies. Por esto dice: "Debéis lavaros mutuamente los pies". Pero esta costumbre, o no se practica, o se practica raras veces.

San Agustín, ut supra
Existe entre muchos esta costumbre de humildad, cuando mutuamente se reciben en hospedaje. Y hacen esto los hermanos unos con otros aun de una manera visible. Y así será mejor, y sin género de controversia más conforme a la verdad, el que se haga de mano propia, para que ningún cristiano se desdeñe en hacer lo que practicó Cristo. Porque al inclinar la cerviz delante de un hermano, despertamos en su corazón los efectos de humildad, o si ya los tenía los hacemos más fervorosos. Pero, prescindiendo de este sentido moral, ¿podrá, acaso, alguien librar a su hermano del contagio del pecado? De esta manera, confesémonos mutuamente nuestros pecados; perdonémonos los unos las faltas de los otros; oremos mutuamente para que nos sean perdonados, y así mutuamente nos lavemos los pies.

Orígenes, ut supra
Este lavatorio espiritual de pies (del cual se ha hablado), no puede realizarse con perfección sino por el mismo Jesucristo, y de una manera secundaria por sus discípulos, a los cuales dijo: "Vosotros debéis lavaros mutuamente los pies". Jesús lavó los pies de sus discípulos como Maestro, y de sus siervos como Señor, porque el fin del Maestro es hacer a sus discípulos semejantes a El. Lo cual se ve en el Salvador con más claridad que en ningún otro maestro o señor, pues quiere que sus discípulos sean como su Maestro y Señor, no teniendo un espíritu de servidumbre, sino un espíritu de la filiación con el que claman: "Abba, Padre" (Rom_8:15). Mas antes de hacerse semejantes a su Maestro y Señor, necesitan del lavatorio de pies, como discípulos imperfectos que conservan resabios del espíritu de servidumbre. Cuando, pues, alguno de ellos llegare al grado de maestro y señor, podrá entonces imitar al que lavó los pies de sus discípulos, y lavar los pies con la doctrina, como maestro.

Crisóstomo, ut supra
Aún los exhortaba a que lavasen los pies, cuando añadió: "En verdad, en verdad os digo: no es el siervo mayor que su señor, ni el apóstol mayor que el que le envió", como diciendo: "Luego, si yo he hecho estas cosas, con mayor razón conviene que vosotros las hagáis".

Teofilacto.
Aconseja aquí a los discípulos por necesidad, dado que ellos habían de llegar a las dignidades, unos en un grado, otros en otro. Y para que no se encelen mutuamente, les serena las conciencias.

Beda.
Porque el conocer el bien y no ejercerlo, no es cosa que pertenece a la felicidad, sino a la condenación, según aquello (Stgo 4:17): "Al que conoce el bien y no lo practica, el pecado está con él", y añade: "Si sabéis estas cosas, seréis bienaventurados al ejecutarlas".

Crisóstomo, ut supra
Porque el saber es propio de todos, pero el obrar no es de todos. Después reprendió al traidor, no de una manera clara, sino velando las palabras, cuando añadió: "No hablo de todos vosotros".

San Agustín, in Ioannem tract., 59.
Como diciendo: entre vosotros hay quien no será bienaventurado, ni obrará aquellas cosas. Yo sé a quiénes he elegido. ¿A quiénes sino a aquellos que serán bienaventurados haciendo lo que El manda? Luego Judas no es de los elegidos. Cómo, pues, dice en otro lugar (Jua_6:71): "¿Acaso yo no os he elegido a los doce?". Es porque él fue elegido, para otra cosa necesaria, pero no para la bienaventuranza acerca de lo que se dice: "Bienaventurados seréis si hacéis estas cosas".

Orígenes In Ioannem tract., 32.
No creo que pueda rectamente referirse la frase "No lo digo de todos vosotros", a aquella otra de "Seréis bienaventurados si hacéis estas cosas", porque todo esto puede aplicarse a Judas como a cualquier otra persona, al decir "Bienaventurado será el que haga estas cosas". Así esta frase debe relacionarse con aquella otra (Jua_13:16): "No es el siervo mayor que su señor, ni el apóstol mayor que el que le envió"; porque Judas como era siervo del pecado, no lo era del Verbo de Dios; ni apóstol, pues el diablo había penetrado en su corazón. Y así, conociendo el Señor a los suyos, no conoce a los que no lo son. Por esto no dice yo conozco a todos los presentes, sino "Yo conozco a los que he elegido", como diciendo: conozco a mis elegidos.

Crisóstomo In Ioannem hom., 70.
Después, para no llenar de tristeza a muchos con sus palabras, añade: "Pero para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantará su pie contra mí", manifestando que no era entregado ignorantemente, cosa que era muy suficiente para retener a Judas. Y no dijo me entregará, sino "levantará contra mí su pie", queriendo desfigurar el engaño y el ocultamiento de las asechanzas.

San Agustín, ut supra
¿Qué otra cosa significa "levantará su pie sobre mí", sino me pisoteará? En lo cual se alude a Judas traidor.

Crisóstomo, ut supra
Y dijo: "Quien come conmigo pan", esto es, quien ha sido alimentado por mí, el que comió en mi mesa; para que no nos escandalicemos jamás si sufrimos alguna injuria de los criados o de personas de inferior calidad, atendiendo al ejemplo de Judas que, habiendo gozado de bienes infinitos, pagó tan mal a su bienhechor.

San Agustín, ut supra
Los que habían sido elegidos comían al Señor, y él comía el pan del Señor contra el Señor; aquéllos la vida, éste la pena: "Porque el que come indignamente come su propio juicio" (1Co_11:29). "Os lo digo, prosigue, antes de que suceda, para que, cuando se realice, creáis que yo soy", a saber, de quien predijo la Escritura.

Orígenes, ut supra
Y no se dijo a los apóstoles para que creáis, como si ellos no creyesen, sino que esta locución equivale a decir para que, creyendo, obréis. Perseverando en vuestra creencia, no toméis ningún pretexto para la repulsa, porque entre todas las cosas que fortalecían en la fe a los discípulos, consideraba en primer término el cumplimiento de las profecías.

Crisóstomo In Ioannem hom., 71.
Y como los discípulos habían de salir a predicar y sufrir muchos martirios, los consuela de dos maneras. De una manera, por sí mismo, diciendo (Jua_13:17): "Seréis bienaventurados, si hacéis estas cosas". Por otro lado, los consuela con el ejemplo de los demás, hablándoles de los muchos medios con que serían ayudados por los hombres, y por esto añade: "En verdad, en verdad os digo, que el que os recibiere a vosotros a mí me recibirá".

Orígenes, ut supra
Porque el que recibe al que envía Jesús, recibe al mismo Jesús, que existe en su enviado. Mas el que recibe a Jesús, recibe al Padre. Luego, el que recibe al que envía Jesús, recibe al Padre que envía. También puede entenderse de este otro modo: El que recibe a quien yo enviare, se hace digno de recibirme a mí. Mas el que me recibe no por intermediación del apóstol que yo enviaré, sino que me recibe a mí cuando me dirijo a las almas, recibe también al Padre, de tal modo, que no sólo yo moro en él, sino también el Padre.

San Agustín, in Ioannem tract., 59.
Pero los arrianos, cuando oyen esto, recurren a los dogmas de su fe, que no los conducen a la salvación, sino que los precipitan en la perdición, diciendo: "Tanto dista el Hijo del Padre, cuanto el apóstol difiere del Señor". Pero donde Este dijo: "Mi Padre y yo somos una sola cosa" (Jua_10:30), no deja ninguna idea de distancia. Y al aceptar ahora estas palabras del Señor, "Quien me recibe a mí recibe al que me envió", al entender que una misma es la naturaleza del Padre y del Hijo, sería lógico que en la locución "Si recibe al que yo enviare me recibe a mí", se entendiera también que una misma es la naturaleza del Hijo y la del apóstol. Y así, parece que debió decir: "Quien recibe al que yo enviare, me recibe a mí como a hombre, y el que me recibe como Dios, recibe al que me ha enviado". Mas cuando esto decía, no hacía alusión a la unidad de naturaleza, sino que recomendaba su propia autoridad, residente en el enviado. Si, pues, atiendes en Pedro a Cristo, verás al Maestro en el discípulo; y si miras en el Hijo al Padre, verás al Padre en el Unigénito.

martes, 26 de marzo de 2013

La Infalibilidad del Papa

La Infalibilidad del Papa.

La infalibilidad del Papa, es una cuestión que hoy día la mayoría de los católicos no conoce o, peor aún, la malentienden. Publicamos un texto doctrinal, más que aclarador al respecto, del padre Leonardo Castellani.


LA INFALIBILIDAD

R.P. Leonardo Castellani Conte Pomi, SJ
Dr. Sacro Universal
La infalibilidad del Papa que Dios ha hecho, es una cosa milagrosa; pero no es tan milagrosa como la infalibilidad del Papa que algunos protestantes han hecho.
Ni Dios mismo, con ser todopoderoso, puede hacer la infalibilidad que hizo Mr. Charles Kingsley, por ejemplo, y que regaló gratuitamente al Sumo Pontífice. Por eso, para decir lo que es, ayuda a decir juntamente lo que no es la Infalibilidad Pontificia.
1. Infalibilidad no es el poder del mal bien y del bien mal
La doctrina de la Iglesia reconoce la existencia de la ley natural, existencia del bien y del mal, es decir, de un orden que nace de la misma naturaleza de las cosas. Orden que Dios mismo no puede deshacer, porque Dios no puede hacer cosas contradictorias.[1]
Dios mismo no puede hacer que una blasfemia deje de ser pecado, porque Dios no puede hacer que la criatura no sea criatura y el Creador no sea Creador. Dios puede dispensar de una ley divina positiva como la de comulgar alguna vez en la vida; La Iglesia puede dispensar de una ley eclesiástica positiva, como la de comulgar una vez al año: porque todo legislador puede dispensar de su ley, cuya obligatoriedad dimana de su propia voluntad.
Así, pues, La Iglesia podía quizá dispensar el impedimento del matrimonio de Enrique VIII con Catalina de Aragón, cuyo impedimento de afinidad en primer grado, auque de hecho no lo dispensó; pero que de eso se deduzca que el Papa “has the power of creating right and wrong” tiene el poder de crear el bien y el mal en tan desmesurada proporción que pueda por medio de las indulgencias (!) asegurar el perdón a cualquiera “etsi matrem Dei violavisset” parece que es una consecuencia tan monstruosa, que es imposible que haya sido escrita, parece que debe ser por algún dejado de la mano de Dios.
Y si fuera escrita por el Rev. Charles Kingsley en una crítica de la historia de Froide en el Mac Millan Magazine, en enero de 1864, parece que yo no debería repetir sus palabras siquiera por no ofender los píos oídos y por respeto al género humano.
Y sin embargo, las tengo que repetir, para que se vea hasta dónde puede llevar el prejuicio de un hombre de estudios, Doctor Divinity (doctor en teología), que dice creer en Jesucristo y tiene a todos los papistas por fanáticos: para que sirva de ejemplo de lo que decía arriba acerca de la razón humana.
2. Infalibilidad no es impecabilidad.
Dicen que en algunas lenguas estas dos ideas se expresan con una palabra común (unfehlbar en alemán, nepogriéchimosti, en ruso), la cual hizo gritar a los viejo-católicos alemanes y a los cismáticos rusos cuando la definición Vaticana, que los ultramontanos habían fabricado un Papa igual que Dios. Por lo cual, en el II Congreso de Velehrad, en 1905, el obispo ortodoxo A. Maltzew propuso cambiar por la palabra bezochibotchnodti (sin error), para quitar piedra de tropiezo a nuestros hermanos orientales.
Pero no es así en la lengua latina (falli = equivocarse) ni en la nuestra. Nosotros sabemos hace mucho tiempo que no todo es trigo limpio en la Iglesia Católica, y que no solo pueden pecar, sino que de hecho algunos papas pecaron. ¡Miren a qué hora se despierta el buen diputado socialista! Lo sabía yo al hacer la primera comunión, que en el campo del Padre de familia el hombre enemigo sembró en medio del trigo limpio, cizaña.
El Papa es pecador como hombre privado, y por eso tiene confesor y se arrodilla ante él cada semana; pero es infalible cuando habla ex cátedra. Esa expresión técnica de los teólogos (hablar desde lo alto de la cátedra de Pedro) expresa las condiciones y límites de la promesa divina, que son tres:
  1. cuando habla como Doctor público y cabeza de la Universal Iglesia, no como hombre, no como teólogo, no como obispo de Roma, precisamente;
  2. cuando habla acerca de las cosas de la fe y de la moral, es decir, acerca del depósito de la revelación pública hecha por Cristo y clausurada por los Apóstoles;
  3. cuando define, es decir, pronuncia juicio solemne, auténtico y definitivo acerca de si una verdad está contenida en ese depósito inmutable, no cuando aconseja, exhorta, insinúa o administra.
Ojo con esta palabra depósito de la revelación (“Apostoli contulerunt in Ea, tanquam in repositorum dives, omnia quae sunt Veritatis” dice Ireneo), que no significa una caja de verdades colgadas pinchadas y clasificadas, como la teca de un naturalista.
En el capítulo último de Orthodoxy, Chesterton ha ilustrado las relaciones de la autoridad y el aventurero, con la comparación su padre llevándolo de la mano a él pequeño al descubrimiento del jardín de su casa. “Yo sabía que mi padre no era un montón de verdades, sino una cosa que dice la verdad.”
El montón de verdades supraterrenas que al hijo de Dios plugo traernos están todas contenidas en la Iglesia Católica de Pío XI, como lo estuvieron en la Iglesia Católica de San Pedro; no precisamente en la cabeza de Pío XI, ni en el símbolo de Pedro, ni en la Suma Teológica, ni en el Concilio de Trento; sino en la vida de la Iglesia viva, a la cual pertenecen Pío XI y el símbolo y la Suma Teológica y el Concilio.
La inspiración personal de los protestantes agarrados a la Biblia es el extremo contrario del estatismo autorital de los rusos agarrados a los ocho primeros Concilios; y las dos exageraciones matan la verdad revelada, la primera por desangramiento, la segunda por estrangulamiento. Porque la asistencia continúa del Espíritu de Verdad prometida a la Iglesia, ni es la continua profecía, ni es la profecía momentánea y petrificada en un libro o en veinte cánones.
Entre los dos extremos de la momificación del dogma y el continuo nacimiento del dogma, hay un medio verdadero que es la vida del dogma. Y de ésta vida del dogma es la infalibilidad el órgano regulador y propulsor, como el corazón que en el medio del pecho bate tranquilamente la medida.
3. Infalibilidad no es ciencia universal.
Algunos católicos poco instruidos se imaginan quizá la Infalibilidad como un estado de ciencia actual, y al Papa flotando en mares de certidumbre infusa, ideal y sintética acerca de todas las cosas divinas. Si no hay católicos tan sencillos, protestantes sí que los hay; y de esta gruesa fantasía brota la objeción anglicana que arbora cándidamente Chillinworth, por ejemplo [2]: “Vamos a ver; si el Papa es infalible, ¿por qué no publica un comentario infalible de todos los versículos de la Escritura?”. Como si dijera:“Si el Papa es infalible, que resuelva el problema aeronáutico de volar sin motor.”
De esta concepción nace también otra idea simplista, que ha cristalizado en el libro de Augusto Sabatier, Réligions d’Authorité et la Réligion de l’Esprit. Representan la historia de la religión de Cristo como una lucha continua entre la Autoridad y la Razón, con mayúscula; y atribuyéndose a sí mismos la libertad de la razón, nos regalan gentilmente la esclavitud de la Autoridad. En la cual mazmorra papal el entendimiento del pobre papista tiene que estar preparado para recibir cada día nuevas listas de credenda, nuevos dogmas y verdades que, so pena del infierno, debe creer ciegamente, aunque contradigan todo lo que creyó ayer y creerá mañana. Claro que Sabatier no lo dice así, porque tenía más talento que eso; pero así lo dicen al pueblo los bautistas yanquis en la plaza Once de Buenos Aires y los anglicanos en el Hyde Park de Londres.
Pero no hay libertad para el entendimiento fuera de la verdad. Es no saber ontología, tener por un bien la libertad de pensar el error, que no es más que la esclavitud del espíritu a la carne y al orgullo. “La gente libre debajo de Dios”, llama San Agustín al pueblo cristiano. Es no saber psicología, ignorar la elástica energía del entendimiento del hombre, centuplicada bajo la comprensión benéfica de la Verdad Divina, como ya notara Aristóteles[3], la elástica vitalidad de ese hijo del cielo, que como Anteo, hijo de la tierra, a cada golpe más gozoso salta y con freno es cuando más gallardea, piafa y salva barreras, mientras que sin freno se desboca y precipita. Es no saber historia, ignorar por una parte el edificio estupendo de la Teología Católica, más sublime que la metafísica aristotélica y la ética platónica, que no son más que sus basamentos, arquitecturado bajo el rol de la infalibilidad, por mentes como Atanasio, Agustín y Tomás de Aquino; ignorar, por otra parte, la descomposición casi instantánea de la teología protestante en manos del libre examen, la carrera al ateísmo pasando por el protestantismo liberal y el racionalismo, que hacía retroceder espantada en 1833 al alma religiosa de Newman y la ponía sobre el rastro de Dios. Descomposición de la cual escribió el mismo Loisy, a propósito de la encuesta “Jesus or Christ?” del Hibbert Journal: “Se siente uno tentadísimo de pensar que la teología contemporánea-excepción hecha de la católica romana... -es una verdadera torre babélica, donde la confusión de ideas es peor aún que la diversidad de lenguas.”
Es que dentro de la palestra de la Infalibilidad hay espacio amplísimo para el torneo formidable y benéfico de la Razón y la Autoridad Divina, para que se agarren Agustín y Jerónimo sobre los ritos judaicos, tomistas y suaristas sobre los Auxilios, mientras que fuera del recinto trazado por Dios mismo, la razón rebelde galopa al escepticismo que es su ruina, detenida un momento solamente por otra Autoridad bien innoble y esclavizante, la autoridad humana de un Estado civil, del Rey de Inglaterra, jefe de la Iglesia Anglicana; del ex zar Romanoff, ex jefe de la Iglesia Rusa.
De modo que el magisterio infalible de Pedro no es la plenitud de la ciencia adquirida ni de la ciencia infusa; y no a sido instituido por la Providencia para crear nuevas creencias y dogmas, sino para custodiar incorruptas las creencias reveladas por Jesucristo-Dios, ni una más, ni una menos.” (“para que no andemos vagando a todo viento de doctrina”), a través de todas las vicisitudes de los tiempos, hasta el fin. He aquí como la entiende un gran escritor ateo, y hoy amigo de la Iglesia, pero que ha leído historia: “El viejo de blancos hábitos que asienta en la cima del sistema católico puede parecerse a los príncipes de horca y cuchillo cuando corta y separa, expulsa y fulmina; pero la mayor parte de las veces, su autoridad participa de la función pacífica del maestro de coro, que marca el compás de un canto que sus coristas conciben como él y al mismo tiempo que él.” [4]
4. Infalibilidad no es poder despótico de gobernar la Iglesia y aun los Estados
El Sumo Pontífice es el jefe supremo de la Iglesia y su potestad es inmediata, ordinaria y episcopal. No podría, sin embargo, disolver el Episcopado, que es institución divina; porque Cristo quiso que fuese monárquico-aristocrático el gobierno de esta sociedad visible y cuerpo místico.
Pero este poder de mandar, que llaman de imperio, no es el poder de enseñar, que llaman de magisterio, al cual esta prometida la Infalibilidad. Lo cual no impedirá que el tigre Clemenceau vocifere en el Senado en 1864, cuando se iba a definir: “Quieren hacer [los ultramontanos] al Papa como en los tiempos en que los reyes eran sus tenientes”; porque ¿Qué obligación tienen Ellos (“What They don´t know?”, que dice Chésterton) de saber estas cosas?
Sobre el poder temporal de los príncipes, los Papas no tienen ninguna jurisdicción directa, como han enseñado casi unánimemente los Teólogos, Santos Padres, Apóstoles y el mismo Cristo. Es conocido el ejemplo del jefe del Centro Alemán Mallinckrodt negándose a seguir una insinuación meramente política de León XIII (votar leyes militares de Bismarck), por parecerle dañosa a la patria, conducta que fue aprobada por el mismo Pontífice. 
-¿Qué es, pues, la Infalibilidad?
La Infalibilidad Pontificia no es más que la promesa del Hijo de Dios de la fe de Pedro y sus sucesores no fallará; antes bien, servirá de sostén a sus hermanos, y de este modo la Iglesia de Pedro será hasta el Fin del Mundo columna y fundamento de la verdad revelada. Para negar que Dios pueda hacer eso, hay que negar que hay Dios.
¿Cómo lo hará Dios, por revelación, por inspiración, por simple vigilancia, por su eterna presciencia sola y habitual providencia?...
El hecho es que si lo ha prometido, lo hará.
[1] “Deus contra primum ordinem non agit, quia contra seipsum nemo agit” Dice San Agustín
[2] Murria, De eclessia, t. II, p. 361
[3] X Etic., c. VII; De Part. anim. II
[4] Charles Maurras, Politique,Dilemme I, pág. 382.
R.P. Leonardo Castellani Conte Pomi, S. J. Dr. Sacro Universal. Visto en Stat Veritas que lo vió en Página Católica.

Evangelio del día (Calendario Tradicional) - 26 de Marzo de 2013

+ Continuación del Santo Evangelio según San Lucas (XXII, 39-71)

Biblia versión Nacar Colunga.

Jesús en el Monte de los Olivos
Saliendo, se fue, según costumbre, al monte de los Olivos, y le siguieron también sus discípulos. Llegado allí, díjoles: Orad para que no entréis en tentación. Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y, puesto de rodillas, oraba, diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya." Se le apareció un ángel del cielo, que le confortaba. Lleno de angustia, oraba con más instancia; y sudó como gruesas gotas de sangre, que corrían hasta la tierra." Levantándose de la oración, vino a los discípulos, y, encontrándolos adormilados por la tristeza, les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad para que no entréis en tentación. Aún está El hablando, y he aquí que llegó una turba, y el llamado Judas, uno de los Doce, los precedía, el cual, acercándose a Jesús, le besó. Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? Viendo los que estaban en torno a El lo que iba a suceder, le dijeron: Señor, ¿herimos con la espada? Y uno de ellos hirió a un siervo del sumo sacerdote y le llevó la oreja derecha. Tomando Jesús la palabra, le dijo: Basta ya; dejad; y tocando la oreja, le curó." Dijo Jesús a los príncipes de los sacerdotes, capitanes del templo y ancianos que habían venido contra El: ¿Como contra un ladrón habéis venido con espadas y garrotes? Estando yo cada día en el templo con vosotros, no extendisteis las manos en mí; pero ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas." Apoderándose de El, le llevaron e introdujeron en casa del sumo sacerdote; Pedro le seguía de lejos." Habiendo encendido fuego en medio del atrio y sentándose, Pedro se sentó también entre ellos. Viéndole una sierva sentado a la lumbre y fijándose en él, dijo: Este estaba también con El. El lo negó, diciendo: No le conozco, mujer. Después de poco le vio otro, y dijo: Tú eres también de ellos. Pedro dijo: Hombre, no soy. Transcurrida cosa de una hora, otro insistió, diciendo: En verdad que éste estaba con El, porque es galileo. Dijo Pedro: Hombre, no sé lo que dices. Al instante, hablando aún él, cantó el gallo. Vuelto el Señor, miró a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra del Señor, cuando le dijo: Antes de que el gallo cante hoy, me negarás tres veces;" y saliendo fuera, lloró amargamente. Los que le guardaban se burlaban de El y le golpeaban, y, vendándole, le preguntaban, diciendo: Profetízanos, ¿quién es el que te hirió? Y otras muchas injurias proferían contra El. Cuando fue de día, se reunió el consejo de los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le condujeron ante su tribunal, diciendo: Si eres el Mesías, dínoslo. El les contestó: Si os lo dijere, no me creeréis;" y si os preguntare, no responderéis;" pero el Hijo del hombre estará sentado desde ahora a la diestra del poder de Dios. Todos dijeron: ¿Luego eres tú el Hijo de Dios? Díjoles: Vosotros lo decís, Yo soy. Dijeron ellos: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Porque nosotros mismos lo hemos oído de su boca.
(Lucas 22:39-71)




+ Laus tibi Chiste
 
Biblia versión Jünemann

Y saliendo, fue, según la costumbre al monte de las Olivas; y siguiéronle también sus discípulos. Y llegando al lugar, díjoles: «Orad para no entrar en la tentación». Y él mismo arrancóse de ellos como a tiro de piedra, y puesto de rodillas oró, diciendo: «Padre, si quieres, traspasa este cáliz de mí; empero, no mi voluntad, sino la tuya hágase». Y aparecióle un ángel desde el cielo, confortándole. Y, entrando en agonía, más instantemente oró; y fue hecho su sudor como gotas de sangre deslizándose sobre la tierra. Y, levantándose de la oración, viniendo a los discípulos, hallóles dormidos, de la tristeza; y díjoles: «¿Qué dormís? Levantando, orad, para no entrar en tentación». Aún hablando él, he aquí turba; y el dicho Judas, uno de los doce, iba delante de ellos, y acercóse a Jesús a besarle. Y Jesús díjole: «Judas, ¿con beso al Hijo del hombre entregas?» Y, viendo los en torno de él lo que acontecería, dijeron: «Señor ¿si golpeáremos en cuchilla?» Y golpeó uno de ellos, del sumo sacerdote al siervo y llevóle la oreja la derecha. Y, respondiendo Jesús, dijo: «Dejad —¡hasta aquí!» y tocando la orejilla, sanóle. Y dijo Jesús a los venidos sobre él: sumos sacerdotes y estrategos del santuario y ancianos: «¿Cómo a bandido habéis salido con cuchillas y palos? Día a día, estando yo con vosotros en el santuario, no extendisteis las manos sobre mí. Pero ésta es vuestra hora y el poder de las tinieblas».
Y aprehendiendo, le condujeron e introdujeron en la casa del sumo sacerdote. Y Pedro seguía de lejos; y, prendiendo en torno fuego, en medio del atrio, y sentándose juntos, sentóse Pedro al medio de ellos. Y viéndole una muchacha sentado a la lumbre, y atisbándole, dijo: «También éste con él estaba». Pero él negó diciendo: «No le conozco, mujer». Y, a poco, otro, viéndole, dijo: «También tú de entre ellos eres». Y Pedro dijo: «Hombre, no soy». Y, mediando cerca de hora una, un otro aseguró, diciendo: «A la verdad, también éste con él estaba; pues también es galileo». Y dijo Pedro: «Hombre, no sé lo que dices». Y al punto, aún hablando él, cantó un gallo; y, volviéndose el Señor, contempló a Pedro; y recordó Pedro la palabra del Señor: como le dijo que «antes que gallo cante hoy, negarásme tres veces»; y, saliendo fuera, lloró amargamente.
Y los varones que le sujetaban, jugábanse con él, desollando, y, velándole en torno, heríanle el rostro y preguntábanle diciendo: «Profetiza: ¿quién es el que te ha golpeado?» Y otras muchas cosas, blasfemando, decían contra él.
Y, como amaneció, se juntó la ancianidad del pueblo, y los sumos sacerdotes y los escribas, y lleváronle al sanedrín de ellos, diciendo: «Si tú eres el Cristo, dinos». Y díjoles: «Si os dijere, no creeréis, no; y, si preguntare, no responderéis, no, o soltaréis. Pero, desde ahora, estará el Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios». Y dijeron todos: «¿Tú, pues, eres el Hijo de Dios?» Y él les dijo: «Vosotros decís: porque yo soy». Y ellos dijeron: «¿Qué ya tenemos de testimonio necesidad? Pues vosotros mismos habéis oído de boca de él».
(Lucas 22:39-71)

Biblia versión Vulgata (Latín)

et egressus ibat secundum consuetudinem in montem Olivarum secuti sunt autem illum et discipuli et cum pervenisset ad locum dixit illis orate ne intretis in temptationem et ipse avulsus est ab eis quantum iactus est lapidis et positis genibus orabat dicens Pater si vis transfer calicem istum a me verumtamen non mea voluntas sed tua fiat apparuit autem illi angelus de caelo confortans eum et factus in agonia prolixius orabat et factus est sudor eius sicut guttae sanguinis decurrentis in terram et cum surrexisset ab oratione et venisset ad discipulos suos invenit eos dormientes prae tristitia et ait illis quid dormitis surgite orate ne intretis in temptationem adhuc eo loquente ecce turba et qui vocabatur Iudas unus de duodecim antecedebat eos et adpropinquavit Iesu ut oscularetur eum Iesus autem dixit ei Iuda osculo Filium hominis tradis videntes autem hii qui circa ipsum erant quod futurum erat dixerunt ei Domine si percutimus in gladio et percussit unus ex illis servum principis sacerdotum et amputavit auriculam eius dextram respondens autem Iesus ait sinite usque huc et cum tetigisset auriculam eius sanavit eum dixit autem Iesus ad eos qui venerant ad se principes sacerdotum et magistratus templi et seniores quasi ad latronem existis cum gladiis et fustibus cum cotidie vobiscum fuerim in templo non extendistis manus in me sed haec est hora vestra et potestas tenebrarum conprehendentes autem eum duxerunt ad domum principis sacerdotum Petrus vero sequebatur a longe accenso autem igni in medio atrio et circumsedentibus illis erat Petrus in medio eorum quem cum vidisset ancilla quaedam sedentem ad lumen et eum fuisset intuita dixit et hic cum illo erat at ille negavit eum dicens mulier non novi illum et post pusillum alius videns eum dixit et tu de illis es Petrus vero ait o homo non sum et intervallo facto quasi horae unius alius quidam adfirmabat dicens vere et hic cum illo erat nam et Galilaeus est et ait Petrus homo nescio quod dicis et continuo adhuc illo loquente cantavit gallus et conversus Dominus respexit Petrum et recordatus est Petrus verbi Domini sicut dixit quia priusquam gallus cantet ter me negabis et egressus foras Petrus flevit amare et viri qui tenebant illum inludebant ei caedentes et velaverunt eum et percutiebant faciem eius et interrogabant eum dicentes prophetiza quis est qui te percussit et alia multa blasphemantes dicebant in eum et ut factus est dies convenerunt seniores plebis et principes sacerdotum et scribae et duxerunt illum in concilium suum dicentes si tu es Christus dic nobis et ait illis si vobis dixero non creditis mihi si autem et interrogavero non respondebitis mihi neque dimittetis ex hoc autem erit Filius hominis sedens a dextris virtutis Dei dixerunt autem omnes tu ergo es Filius Dei qui ait vos dicitis quia ego sum at illi dixerunt quid adhuc desideramus testimonium ipsi enim audivimus de ore eius
(Lucas 22:39-71)

Comentario
CATENA AUREA de Santo Tomás de Aquino


Lucas 22:39-42 

Y saliendo, se fue, como solía, al monte de las Olivas, y le fueron también siguiendo sus discípulos. Y cuando llegó al lugar les dijo: "Haced oración para que no entréis en tentación". Y se apartó El de ellos, como un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba, diciendo: "Padre; si quieres, traspasa este cáliz; mas no se haga mi voluntad, sino la tuya". (vv. 39-42)

Beda.
Como el Señor había de ser entregado por su discípulo, se marchó al lugar donde pudiera encontrarlo fácilmente. Por esto sigue: "Y habiendo salido se fue, como solía, al monte de los Olivos".

San Cirilo.
De día estaba en Jerusalén; pero cuando llegaba la noche se retiraba al monte de los Olivos, donde hablaba con sus discípulos. Sigue: "Y le fueron siguiendo", etc.

Beda.
Muy oportunamente llevó al monte de los Olivos a los que estaban instruidos acerca de los misterios referentes a su cuerpo, porque bautizados todos en su preciosa muerte, daba a entender que después serían confirmados por el crisma del Espíritu Santo.

Teófil.
Después de la cena, no retienen al Señor ni la pereza, ni el lugar, ni el sueño, sino la enseñanza y la oración. Por esto sigue: "Y cuando llegó al lugar, les dijo: Haced oración", etc.

Beda.
Es imposible que deje de ser tentado el hombre; por ello dice: "Orad", no para que no seáis tentados, "sino para que no caigáis en tentación". Esto es, para que no os venza la tentación.

San Cirilo.
Pero no contentándose con decirlo de palabra, arrodillándose un poco más adelante, oraba. Por lo que sigue: "Y se apartó El de ellos", etc. En todas las ocasiones le encontrarás orando en la soledad; para que aprendas que debe hablarse con Dios altísimo, con atención y corazón tranquilo. No oraba porque necesitase de la ayuda de otro, El que es la virtud omnipotente del Padre; sino para que aprendamos que no debemos dormirnos en la tentación, sino que debemos insistir con más fervor en nuestras oraciones.

Beda.
Solo oraba por nosotros, Aquel que solo por nosotros había padecido, dándonos a conocer, que tanto su oración como su pasión, se diferenciaban mucho de las nuestras.

San Agustín, De cuaest Evang., 2,50
"Y se apartó de ellos como un tiro de piedra"; como para exhortarlos, en forma figurada, a que refirieran hacia El la piedra; es decir, que a El aplicaran la intención de la ley que estaba escrita en piedra.

San Gregorio Niceno. Vel Isidorus in Cat. graec. Patr
¿Qué quiere decir doblando la rodilla? puesto que se dice: "Y puesto de rodillas, oraba". Es costumbre entre los hombres rogar de rodillas a los que son más que los que oran; dando a entender que son mucho más los que son rogados. Bien evidente es, que la naturaleza humana no tiene cosa alguna que sea digna de Dios; por eso le veneramos con las demostraciones respetuosas que mutuamente nos prestamos, confesando que somos menos respecto de la grandeza de nuestros prójimos. Por ello, Aquel que llevó sobre sí todos nuestros pecados e intercedió por nosotros, dobló las rodillas de su humanidad para orar, enseñándonos que debemos alejar todo orgullo en los momentos en que estemos orando, y que en todo nos debemos conformar con la humildad; porque Dios resiste a los soberbios, y da su gracia a los humildes (St 4, y 1Pe_5:5)

Crisóstomo
Todo arte es demostrado por aquel que enseña, tanto con las palabras como con las obras; y como el Señor había venido a enseñarnos, no cualquier virtud, por esto dice y hace. Por lo tanto, como había mandado orar con palabras para que no cayésemos en tentación, ahora nos enseña esto mismo con las obras. Prosigue: "Diciendo: Padre; si quieres, aparta de mí este cáliz"; no dice, si quieres, como ignorando si agradaría esto al Padre; no hay cosa más difícil que conocer la divina esencia, que El sólo puede comprender en realidad, según las palabras de San Juan (cAp 10:15): "Como me conoce el Padre, yo conozco al Padre"; y no dice esto porque le repugne padecer; ya había reprendido al discípulo que se había opuesto a ello, llamándole Satanás después de haberle distinguido mucho (Mt 16), ¿cómo puede decirse que no quería ser crucificado? No puede decirse esto si se tiene en cuenta, que nuestro inefable Dios -superior a cuanto se puede comprender- quiso bajar al seno de una Virgen, amamantarse con su leche y sufrir toda clase de sufrimientos en la tierra. Como era casi increíble que todo esto había de suceder, envió primero a sus profetas para que lo vaticinasen así. Después El mismo se vistió de carne, viniendo a la tierra; y para que no se creyera que era aparente, permitió que su carne sufriese todos los accidentes de la humana fragilidad: tener hambre, sed, dormir, trabajar, cansarse y afligirse. Por esto rehusa la muerte, para dar a conocer que tiene consigo una verdadera humanidad.

San Ambrosio
Dice, pues: "Si quieres, aparta de mí este cáliz"; pero es sólo como hombre que rehusa la muerte, ya que como Dios, sigue firme en su propósito.

Beda
Pide que pase de El aquel cáliz, no en verdad porque tema padecer, sino compadecido del pueblo de Israel, que debería beber el cáliz que se le había pronosticado. Por esto no dijo terminantemente, aparta de mí el cáliz, sino este cáliz, esto es, el del pueblo judío que no puede tener excusa si me mata, puesto que tiene la Ley y los Profetas, que me han anunciado con tanta frecuencia.

San Dionisio Alejandrino. In Cat. graec. Patr
Cuando dice aparta de mí este cáliz, no es para que no le venga, sino porque no podría pasar si no viniere; por lo tanto, cuando se dio cuenta de que lo tenía presente, empezó a afligirse, a entristecerse, y al aproximarse dice: "Haz pasar este cáliz". Como lo que pasa ya no se toca ni permanece, así el Salvador -cuando se ve tentado- insta para que la tentación se desvanezca; lo que es no caer en tentación -porque vela cuando ora-. Enseña el mejor modo de huir de las tentaciones, cuando dice: "Mas no se haga mi voluntad, sino la tuya". Dios es incapaz de obrar mal; quiere, pues, concedernos en abundancia los bienes que pedimos o comprendemos; luego pide que se cumpla la voluntad absoluta del Padre -que El conocía perfectamente-, y que es su misma voluntad en cuanto a la divinidad; rehusó que se cumpliese la voluntad humana, que llama suya, y que es menor que la del Padre.

San Atanasio., De incarnatione contra arrianos, vel, De natura humana suscepta, versus finem.
Aquí manifiesta que pide de dos modos: en sentido humano, que es carnal, y en sentido divino; la humanidad rehúsa el padecer, porque es de carne; pero el amor de Dios le alienta para que sufra, porque no era posible que prescindiese de la muerte.

San Gregorio Niceno
Asegura Apolinar que Jesucristo no tuvo voluntad propia según lo humano, sino que sólo había voluntad divina en Cristo, que descendió del cielo.

Beda
Al acercarse el Salvador a la pasión, tomó la voz de los que están afligidos; porque cuando va a suceder lo que no queremos que suceda, debemos pedir -por nuestra flaqueza- que no suceda, mientras que con nuestra firme voluntad debemos estar preparados a cumplir las disposiciones de nuestro Creador, aun en contra de nuestros deseos.

Lucas 22:43-46 
Y le apareció un ángel del cielo, que le confortaba. Y puesto en agonía oraba con mayor vehemencia. Y fue su sudor como de gotas de sangre, que corría hasta la tierra. Y como se levantase de orar, y viniese a sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza: "Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para que no entréis en tentación". (vv. 43-46)

Teófil
Para darnos a conocer la importancia de la oración, y para enseñarnos que en las adversidades debe dársele la preferencia, cuando ora el Señor le conforta un ángel. Por esto dice: "Y le apareció un ángel del cielo que le confortaba", etc.

Beda
En otro lugar también leemos (Mat_4:11) que los ángeles le servían, acercándose a El. Tanto respecto de una como de otra naturaleza, se dice en repetidas ocasiones que los ángeles le servían y le confortaban. El Creador no necesitó nunca de la ayuda de sus creaturas; pero una vez hecho hombre, como se entristece por nosotros, así también es confortado por nosotros.

Teófil
Hay quien asegura que se le apareció el ángel glorificándole y diciendo: Señor, tuya es la fortaleza; porque Tú puedes librar de la muerte al género humano enfermo.

Crisóstomo
Y como había tomado nuestra carne de una manera real, para demostrarnos la verdad de este acontecimiento, y para cerrar la boca a los herejes, sufre todo lo que la humanidad puede sufrir. Sigue, pues: "Y puesto en agonía oraba con mayor vehemencia".

San Ambrosio
Se horrorizan muchos cuando piensan en la tristeza del Salvador, y la refieren más bien al desarrollo de un sentimiento innato que a haberla recibido con nuestra debilidad. Pero yo, no sólo no creo que no debía prescindir de ella, sino que admiro en ella -más que en ninguna otra cosa- su caridad y su majestad; menos hubiese hecho por mí, si no hubiera aceptado mis impresiones; tomó sobre sí nuestra tristeza, para podernos otorgar su alegría. Digo a propósito tristeza, porque predico la cruz. Debió tomar el sufrimiento para poder triunfar; no merecen los honores del triunfo los que soportaron más el horror de las heridas que el dolor. Quiso enseñarnos, pues, cómo podríamos vencer, no sólo a la muerte, sino lo que es más, a la tristeza de la muerte eterna. Te afliges, Señor, no de tus penas, sino de las mías; se hizo débil por nuestras culpas. Y acaso estaba triste, porque después de la caída de Adán no podíamos retroceder y salir de esta vida, sino por medio de la muerte. Y en esto no hay exageración: se entristecía especialmente por sus perseguidores, de quienes sabía que habían de sufrir eternamente el castigo de su sacrilegio.

San Gregorio., 24 Moral., cap. 17.
Al acercarse su muerte, experimentó esa lucha que nuestra alma experimenta; porque sufrimos cierta agitación de terror y de miedo, cuando nos acercamos al juicio eterno por la disolución de la carne; y no sin razón, porque el espíritu, pasados unos momentos, encuentra una eternidad que no puede variar.

Teófil.
Que la oración predicha se hizo por la naturaleza humana y no por la divina, como dicen los arrianos, se conoce porque sudó. Sigue, pues: "Y fue su sudor como gotas de sangre, que corría hasta la tierra".

Beda.
Nadie crea que este sudor era hijo de la flojedad, porque es contrario a la naturaleza sudar sangre; sino entiéndase, que por medio de este sudor nos dice que ya había obtenido la gracia que pedía, proponiéndose a la vez purificar con su sangre la fe de sus discípulos, que todavía estaban bajo el influjo de la flaqueza humana.

San Agustín., in sent. Proper. sent 68.
Orando el Señor y sudando sangre, dio a conocer que de todo su cuerpo, que es la Iglesia, brotarían martirios.

Teófil.
Esto se dice en sentido metafórico, porque como sudó mucho, se dice que sudó sangre. Queriendo, pues, el evangelista, manifestar que eran gruesas las gotas de transpiración que sudaba, cita las gotas de sangre como modelo. Después de esto, encontrando a sus discípulos dormidos por la tristeza, les reprende, y a la vez les invita a que oren. Prosigue: "Y como se levantó de orar, vino a sus discípulos, y los halló durmiendo de tristeza".

Crisóstomo.
Era ya algo entrada la noche y los ojos de los discípulos estaban cargados por la angustia, y experimentaban el sueño, no del temor, sino de la tristeza.

San Agustín, De cons. Evang., lib. 3, cap. 4
No dice aquí San Lucas en qué parte de la oración vino el Señor a sus discípulos, y en esto no se contradice con San Marcos.

Beda
Da a conocer el Señor en seguida que oraba por sus discípulos, pues les reprende porque no participan de sus oraciones, por no estar vigilantes y en oración. Sigue, pues: "Y les dice: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para que no caigáis en tentación".

Teófil
Para que no sean vencidos por la tentación; esto significa: no ser llevados a la tentación, no caer en ella. Nos manda sencillamente que oremos para que nuestra vida sea tranquila, y no vengamos a parar en alguna cosa que nos pueda dañar. Es propio del demonio el ensoberbecerse, y precipitarse en la tentación. Por esto Santiago (cAp 1:2) no dijo arrojáos a la tentación, sino "cuando fuereis tentados, pensad en la alegría del cielo haciéndoos forzadamente voluntarios".

Lucas 22:47-53 

Y cuando estaba El aún hablando se dejó ver una cuadrilla de gente: y el que era llamado Judas, uno de los doce, iba delante de ellos: y se acercó a Jesús para besarle. Mas Jesús le dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?" Y cuando vieron los que estaban con El lo que iba a suceder, le dijeron: "Señor, ¿herimos con espada?" Y uno de ellos hirió a un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le cortó la oreja derecha. Mas Jesús, tomando la palabra, dijo: "Dejad hasta aquí". Y le tocó la oreja, y le sanó. Y dijo Jesús a los príncipes de los sacerdotes y a los magistrados del templo, y a los ancianos que habían venido allí: "¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos? Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas ésta es vuestra hora, y el poder de las tinieblas". (vv. 47-53)


Glosa
Una vez terminada la oración se ocupa de su aprehensión, llevada a cabo por su discípulo. Dice, pues: "Y cuando estaba El aún hablando se dejó ver una cuadrilla de gente, y el que era llamado Judas".

San Cirilo
Dice, pues, que se llamaba Judas, que quiere decir el que aborrece. Y añade: "Uno de los doce", para dar a conocer la perfidia del traidor; porque habiendo sido honrado como los demás apóstoles, se convirtió en causa de muerte para su Maestro.

Crisóstomo
Así como las heridas incurables no obedecen a las medicinas más eficaces, ni a los más exquisitos cuidados, así el espíritu, una vez aprisionado y entregado a algún pecado, no puede salir de ese estado por medio de exhortaciones ni consejos. Esto mismo le sucedió a Judas por no haber dejado a tiempo sus intenciones de ser traidor, aunque esto tantas veces había sido prohibido por el Salvador cuando predicaba a las gentes. Por ello sigue: "Y se acercó a Jesús para besarle".

San Cirilo
Olvidándose de la gloria de Cristo, creyó que podría llevar a cabo en secreto su abominación, atreviéndose a convertir en traición el signo de cariño.

Crisóstomo., orat. seu conc. 1, De Lazaro
No debemos dejar de amonestar a los hermanos, aunque no consigamos nada con nuestras palabras, porque los manantiales, aun cuando nadie beba, siempre están brotando. Y si no llegas a persuadirlo hoy, lo persuadirás mañana. Un pescador, sin haber sacado nada en todo el día, al fin llena sus redes a la caída de la tarde. Por esto el Señor, aun cuando sabía que Judas no se convertiría, no dejó de procurar que no pereciese. Sigue, pues: "Mas Jesús le dijo: Judas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre?", etc.

San Ambrosio
Creo que hablando por medio de interrogación se propone enmendar al traidor con el afecto de amigo.

Crisóstomo
Le llama con su verdadero nombre, lo que más debió moverlo a arrepentirse y desistir de su traición, que a provocar su enojo.

San Ambrosio
Dice, pues: "¿Entregas con beso?", es decir, ¿con el signo del amor infieres una terrible herida, y con el signo de paz produces la muerte? Siendo el siervo, entregas a tu Señor; siendo el discípulo, a tu Maestro; y habiendo sido elegido, a tu elector.

Crisóstomo
No dijo, pues: entregas a tu Maestro, ni entregas a tu Señor, ni a tu bienhechor, sino al Hijo del hombre, esto es, manso y humilde. Quien aunque no fuese Maestro ni Señor, habiéndose portado contigo con tanta amabilidad, no debió haber sido entregado por ti.

San Ambrosio
Gran manifestación del poder divino, gran prueba de virtud. Se da a conocer la determinación de prenderle, y no se niega. Dice quién lo entrega, manifestando lo que hasta entonces estaba oculto. Especifica a quién entrega, cuando dice al Hijo del hombre, porque es la carne la apresada, no la divinidad. Y esto, sin embargo, agrava más su ingratitud, porque al que entregaba, siendo Hijo de Dios, se quiso convertir en Hijo del hombre, como diciendo: Ingrato, por ti he tomado lo que entregas con tanta hipocresía.

San Agustín, de cons. Evang. 3,5
Dijo Jesús primeramente cuando iba a ser apresado, lo que especifica San Lucas: "¿Con beso entregas al Hijo del hombre?". Después lo que dice San Mateo (26,50): "¿Amigo, a qué has venido?". Luego lo que dice San Juan (18,4): "¿A quién buscáis?".

San Ambrosio
También lo besó el Señor, no para enseñarnos a fingir, sino para que se viese que no huía ni siquiera del que lo entregaba, y para ganar al traidor a quien no negaba los testimonios de amor.

Teófil
Se enardecen los discípulos y desenvainan las espadas. Por ello sigue: "Y cuando vieron los que estaban con El lo que iba a suceder, dijeron: Señor, ¿herimos con espada?". Pero, ¿cómo es que tenían espadas? Porque habían matado al cordero y se levantaban de la mesa. Algunos discípulos preguntan si hieren con espada, pero San Pedro, ferviente siempre por el Salvador, no espera órdenes, sino que inmediatamente hiere a un siervo del pontífice. Por esto sigue: "Y uno de ellos hirió".

San Agustín, De conc. evang. ut supra
El que hirió, según San Juan, fue San Pedro. El herido se llamaba Malco.

San Ambrosio
Como San Pedro estaba instruido en las Sagradas Escrituras, y amaba mucho al Señor, recordando que se alabó mucho la acción de Finees porque mató a los sacrílegos, hirió al criado del pontífice.

San Agustín. De conc. evang. ubi supra
Dice San Lucas a continuación: "Mas Jesús, tomando la palabra, dijo: Dejad hasta aquí". San Mateo (26,52) dice así: "Vuelve tu espada a su lugar". Y no se crea que esto contradice lo que refiere San Lucas, cuando expresa que el Señor respondió: "Dejad hasta aquí", como si lo hubiera dicho después de ser herido para probar lo hecho hasta ese momento, pero no queriendo se hiriese más. Pero las palabras que refiere San Mateo, dan a entender que al Señor le disgustó el que San Pedro hiciera uso de la espada. Y es verdad que, habiéndole preguntado sus discípulos: "Señor, ¿herimos con espada?", respondió: "Dejad hasta aquí". Es decir, no os espante lo que va a suceder. Debe tolerarse todo hasta que yo acabe mi carrera, esto es, hasta que me prendan y se cumpla en mí cuanto se ha escrito. No se dice que contestó Jesús más que a la pregunta que se le hizo, y no al acto de San Pedro. Pero entre que los discípulos preguntaron al Señor y éste respondió, San Pedro, instado por su deseo de defender, hirió. Pero no pudieron decirse simultáneamente las cosas que sucedieron a la vez. Entonces, como dice San Lucas, curó a aquél que había sido herido. Sigue: "Y le tocó la oreja y le sanó".

Beda
El Señor nunca se olvida de su bondad. Sus enemigos procuran la muerte del justo, y Este cura las heridas de los que lo persiguen.

San Ambrosio
Pero cuando el Señor cura las heridas ensangrentadas, se refiere a un misterio. Porque el siervo del príncipe de este mundo (no por condición de su naturaleza, sino por su culpa), recibió una herida en su oreja, no oyendo las palabras de sabiduría. Y cuando San Pedro cortó voluntariamente la oreja dio a conocer que no debemos fijar nuestro oído en las cosas superficiales, sino en los misterios. Pero, ¿por qué es San Pedro quien hiere? Porque había recibido el poder de atar y desatar. Por ello toma la espada espiritual y corta con ella el oído interno del que oye mal. Pero el Señor vuelve a poner la oreja en su sitio, dando a entender que si se convierten, podrán salvarse todos los que pecaron, en la pasión del Señor. Porque todo pecado se perdona por los misterios de la fe.

Beda
Este siervo es el pueblo judío que perdió la oreja derecha. Es decir, la inteligencia espiritual de la ley, por el mal papel que representó en la Pasión del Señor, instado por los príncipes de los sacerdotes. Su oreja fue cortada por la espada de San Pedro, no porque privara de la inteligencia a los que quieren oír, sino porque da a conocer que, por juicio divino, ésta les fue quitada a los negligentes. Pero la misma oreja derecha es restituida por la dignación del Señor, a todos los de aquel pueblo que creyeron. Prosigue: "Y dijo Jesús a los príncipes de los sacerdotes... ¿Como a ladrón habéis salido con espadas y con palos?", etc.

Crisóstomo
Vinieron de noche temiendo el alboroto de la multitud. Por eso les dice: ¿Qué necesidad teníais de armas para prender a aquel que siempre habéis tenido con vosotros? Y esto da a entender cuando prosigue: "Habiendo estado cada día con vosotros", etc.

San Cirilo. Incat. grace. patr
En esto el Señor no culpa a los príncipes de los sacerdotes porque no habían preparado bien las asechanzas para matarle, sino que les echa en cara que creyeran haberlo atacado así contra la voluntad de El, como diciendo: "Entonces no me prendisteis, porque yo no quise, ni ahora podríais si yo no me quisiere entregar voluntariamente a vuestras manos". Y prosigue: "Pero ésta es vuestra hora"; esto es, el poco tiempo que se os ha concedido para que descarguéis sobre mí todo el furor de vuestra malicia, habiendo accedido el Padre a mis ruegos. Dice también que se ha concedido a la vez este poder a las tinieblas, esto es, al diablo y a aquellos judíos, para que puedan levantarse contra Cristo. Y esto es lo que añade: "Y el poder de las tinieblas".

Beda
Como diciendo: Por lo tanto, os congregáis contra mí en las tinieblas, porque en ellas está vuestro poder -con el que os armáis en contra de la verdad-. Se pregunta que cómo pudo ser que Jesús hablase a los príncipes de los sacerdotes, a los magistrados y a los ancianos del pueblo, que habían venido a prenderle cuando, según los demás evangelistas, ellos esperaban en el atrio de Caifás, y enviaron desde allí sus ministros. Pero se responde a esta contradicción, diciendo que ellos vinieron no en persona, sino en la de aquellos que ellos mandaron, y se presentaron a prender a Jesús.

Lucas 22:54-62 

Y echando mano de El, le llevaron a la casa del príncipe de los sacerdotes; y Pedro le seguía a lo lejos. Y habiendo encendido fuego en medio del atrio, y sentándose ellos alrededor, estaba también Pedro en medio de ellos. Una criada, cuando le vio sentado a la lumbre, le miró con atención y le dijo: "Y éste con El estaba". Mas él lo negó, diciendo: "Mujer, no le conozco". Y un poco después, viéndole otro, dijo: "Y tú de ellos eres". Y dijo Pedro: "Hombre, no soy". Y pasada como una hora, afirmaba otro y decía: "En verdad éste con El estaba, porque es también galileo". Y Pedro: "Hombre no sé lo que dices". Y en el mismo instante, cuando aún él estaba hablando, cantó el gallo. Y volviéndose el Señor, miró a Pedro. Y se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho: "Antes que el gallo cante, me negarás tres veces". Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. (vv. 54-62)

San Ambrosio
No entendieron aquellos desgraciados, ni respetaron tanta clemencia aun con los enemigos, no permitiendo que se le defendiese. Dice pues: "Y echando mano de El, lo llevaron", etc. Cuando hablemos del prendimiento de Jesús, cuidemos de no caer en el error de creer que fue prendido según la divinidad, y obligado por debilidad: sólo fue prendido según la carne.

Beda
El príncipe de los sacerdotes, quiere decir Caifás, quien, según San Juan, era el pontífice en aquel año.

San Agustín, De conc. evang. 3,6
Pero primero, antes que a la casa de Caifás, como dice San Mateo, fue llevado a la casa de Anás, que era suegro de Caifás, como dice San Juan. San Marcos y San Lucas no citan el nombre del pontífice.

Crisóstomo. in homil. 84, in matth
Por esto se dice a la casa del pontífice, para dar a entender que todo se hacía por consentimiento del príncipe de los sacerdotes. Todos se habían reunido allí para esperar a Jesucristo. Se da a entender el afecto de San Pedro, porque no huyó cuando vio que huyeron los demás. Prosigue: "Y Pedro le seguía a lo lejos".

San Ambrosio. lib. 10 in lucam, cap. De proditione Petri per ancillam
Le seguía a lo lejos, pero se acercaba a su negación, y acaso no lo hubiera negado si hubiese estado cerca de Jesús. Pero estuvo reverente, porque no abandonó al Señor, aunque tanto miedo tenía. El miedo es propio de la naturaleza y el cuidado de la piedad.

Beda
El que San Pedro haya seguido a Jesús a lo lejos representa a la Iglesia, que habría de seguir su verdad, es decir, habría de imitar la Pasión del Señor, pero de una manera diferente. La Iglesia sufre por sí misma, pero Jesús sufre por la Iglesia.

San Ambrosio
Ya ardía el fuego en la casa del príncipe de los sacerdotes. Prosigue: "Y habiendo encendido el fuego", etc. Se acercó San Pedro a calentarse porque, una vez preso el Señor, el calor del afecto de San Pedro se enfrió.

Crisóstomo
Le habían sido entregadas las llaves del reino de los cielos. Le había sido confiada una multitud innumerable de pueblos, que estaba sumergida en el pecado. San Pedro estaba muy fuerte, como lo indica la oreja cortada del criado del príncipe de los sacerdotes. Este hombre, tan endurecido y tan severo, si hubiese obtenido el don de no pecar, ¿cómo hubiera podido perdonar a los pueblos? Pero la Providencia divina permitió que cayese él primero, para que fuese condescendiente con los demás, recordando su propia caída. Y cuando quería calentarse junto a las brasas, se acercó a él una criada, de quien se dice: "Una criada, cuando le vio", etc.

San Ambrosio
¿Cómo es que primero lo acusa una criada, cuando los hombres fueron los que lo pudieron reconocer, sino porque era preciso que apareciese también como pecador este sexo en la muerte del Señor, para que también fuese redimido por la Pasión de Cristo? San Pedro, provocado, peca; pero es preferible que San Pedro negase, a que mintiese Jesucristo. Por esto sigue: "Pero él lo negó diciendo: Mujer, no le conozco".

Crisóstomo, ut supra
¿Qué haces, Pedro? Tu voz se ha mudado de pronto. Tu boca llena de fe y de amor, se ha convertido en odio y en infidelidad; todavía no te amenazan los azotes, ni se te aplican tormentos; quien te pregunta no es juez ni goza de autoridad alguna para que tanto temas si confiesas: es una mujer quien te habla con su débil voz. ¿Acaso habrá de acusarte si confiesas? Ni aun mujer, sino una muchacha portera, una despreciable servidora.

San Ambrosio
Pero San Pedro negó porque prometió sin precaución. No lo niega en el monte, no en el templo, no en su casa, sino en el pretorio de los judíos. Lo niega allí, donde Jesús está preso, y donde no hay verdad. Cuando lo niega, dice: No conozco a ese hombre. Habría sido un atrevido si hubiere dicho que conocía a aquel a quien la inteligencia humana no puede comprender Mat_11:27 : "Ninguno conoce al Hijo más que el Padre". Por segunda vez negó a Cristo. Prosigue: "Y un poco después, viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eres".

San Agustín. De conc. evang. lib.3, cap 6
Se cree que fue obligado a esta segunda negativa por dos causas: por la criada de quien hacen mención San Mateo y San Marcos, y por otro de quien se ocupa San Lucas. Por esto dice así este Evangelista: "Y un poco después, viéndolo otro". Ya había salido San Pedro, y el gallo había cantado por primera vez, como dice San Marcos. Ya había vuelto, como dice San Juan, al fuego, y encontrándose allí por segunda vez, lo negó. Acerca de esta negación, se dice: "Y dijo Pedro: Hombre, no soy", etc.

San Ambrosio
Quiso más bien negarse a sí mismo, que negar a Jesucristo. Creía, sin duda, que negar la amistad de Jesús, equivalía a negarse a sí mismo.

Beda
En esta negación de San Pedro, decimos que no sólo fue negado Cristo por el que dice que no es Cristo, sino también por aquel que siendo cristiano niega que lo es.

San Ambrosio
Es preguntado por tercera vez. Prosigue: "Y pasada como una hora, afirmaba otro y decía: En verdad que éste con El estaba".

San Agustín, ut supra
San Mateo (26,63) y San Marcos (14,70) dicen: un poco después. Pero San Lucas dice cuánto fue este tiempo, diciendo: "Y pasada como una hora". San Juan nada dice de este intervalo. Además, San Mateo y San Marcos no hablan en singular, sino en plural; citan los que estaban con San Pedro, mientras que San Lucas y San Juan hablan de uno. Pero puede decirse que San Mateo y San Marcos tomaron el plural en vez del singular, como es costumbre, o que afirmaban que era uno el que lo había visto, y que los demás lo confirmaban, y todos argüían a San Pedro: "En verdad que tú eres uno de ellos, porque lo demuestra tu modo de hablar". San Juan asegura también que se le dijo a San Pedro: "¿Verdad que te vi en el huerto?" San Marcos y San Lucas dicen del mismo modo que aquellos hablaban a San Pedro, o por lo menos debe entenderse que se referían a él, por lo mismo de que hablasen de él en su presencia, que se dirigiesen a él de modo directo; de cualquier manera que esto se diga siempre resultará que se ocuparon de él, en uno o en otro sentido.

Beda
Añade: "Porque es galileo". No porque hablasen diferente lengua los galileos y los de Jerusalén: todos hablaban el hebreo, pero cada provincia tiene un modo especial de hablar, que no puede ocultarse. Prosigue: "Y dijo Pedro: Hombre, no sé lo que dices".

San Ambrosio
Esto es, desconozco vuestros sacrilegios; pero nosotros nos excusamos, y él no se excusó. No es bastante la cautelosa contestación cuando se trata de confesar a Jesucristo; es preciso la confesión terminante. Por esto se dice que San Pedro no respondió así, sino que fue inducido, porque recordándolo luego, lloró.

Beda
Suele muchas veces la Sagrada Escritura, indicar el mérito de las causas por el del tiempo. Por ello, Pedro que pecó hacia la media noche, se arrepintió en seguida que cantó el gallo. Prosigue: "Y en el mismo instante, cuando él estaba aún hablando cantó el gallo". Lo que faltó durante las tinieblas del olvido, lo enmendó al volver la verdadera luz.

San Agustín, De cons. Evang., lib. 3,6
Creemos que cantó el gallo después que San Pedro negó tres veces a Jesús: así lo dice San Marcos.

Beda
Creo que debe entenderse por el gallo, alguno de los doctores que increpan a los que andan soñolientos o están echados, diciéndoles: "Vigilad, justos, y no queráis pecar" (1Co_15:34).

Crisóstomo homil. 82, in Joan
Admirad el cuidado del Maestro, que aun estando preso, cuidaba mucho de su discípulo, a quien levantó de tal modo, que le incitó a llorar. Prosigue: "Y volviéndose el Señor, miró a San Pedro".

San Agustín, ut supra
Cómo deba entenderse esto, debemos examinarlo con atención. Dijo San Mateo (26,69) que San Pedro estaba sentado fuera, en el atrio; lo cual no debió decir cuando se trataba de lo que sucedía dentro, donde estaba Jesús. También dijo San Marcos (14,66): "Y estando Pedro en el atrio de abajo", da a entender que no solo estaba Jesús en el interior, sino que esto sucedía en la parte alta. ¿Cómo pudo mirar Jesús a San Pedro? No con la vista corporal, porque San Pedro estaba fuera, y entre los que se calentaban, cuando lo referente a Jesús sucedía en el interior de la casa. Por estas razones, yo creo que aquella mirada debió ser espiritual, y como se dice en el Salmo (12,4): "Mírame y óyeme", y en el Salmo (6,5): "convierte tu rostro hacia mí, Señor, y defiende mi alma". Así creo que debe entenderse que el Señor se volvió y miró a San Pedro.

Beda
Mirar a uno equivale a compadecerse de él; porque no sólo cuando se hace penitencia, sino también para que pueda hacerse, es necesaria la divina misericordia.

San Ambrosio
Finalmente, todos aquellos a quienes Jesús mira, lloran su pecado. Prosigue: "Y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le había dicho: Antes que el gallo cante me negarás tres veces. Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente". ¿Por qué lloró? Porque se equivocó como hombre: veo sus lágrimas, pero no su reparación. Las lágrimas lavan el pecado cuando la palabra no se atreve a confesarlo. Negó por primera y segunda vez, y no lloró, porque aún no lo había mirado el Señor. Pero negó la tercera vez, lo miró el Señor, y en seguida lloró amargamente. Tú también, si quieres lavar tus pecados, lava tus culpas con tus lágrimas.

Crisóstomo
No se atrevía San Pedro a llorar delante de los demás, no fuera que sus lágrimas lo traicionasen; sino que saliendo fuera, lloró. Lloraba, no por el castigo, sino porque había negado a quien tanto quería, lo que lo consumía más que cualquier castigo.

Lucas 22:63-71 

Y aquellos que tenían a Jesús, le escarnecían, hiriéndole; le vendaron los ojos, y le herían en la cara, y le preguntaban, y decían: "Adivina, ¿quién es el que te hirió?" Y decían otras muchas cosas, blasfemando contra El. Y cuando fue de día se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y lo llevaron a su concilio, y le dijeron: "Si tú eres el Cristo, dínoslo". Y les dijo: "Si os lo dijere no me creeréis, y también si os preguntare, no me responderéis, ni me dejaréis. Mas desde ahora el Hijo del hombre estará sentado a la diestra de la virtud de Dios". Y dijeron todos: "¿Luego tú eres el Hijo de Dios?" El dijo: "Vosotros decís: yo lo soy". Y ellos dijeron: "¿Qué, necesitamos más testimonios? pues nosotros mismos lo hemos oído de su boca". (vv. 63-71)

San Agustín, lib. 3, cap.6 ut jam sup
No todos los Evangelistas se expresan del mismo modo al hablar de las tentaciones de San Pedro, durante la cautividad del Salvador, porque San Mateo y San Marcos hablan primero de los ultrajes que el Señor recibió, y después de la tentación de San Pedro; pero San Lucas dice que ello sucedió a la inversa, en estos términos: "Y aquéllos que tenían a Jesús, les escarnecían", etc.

Crisóstomo
El que es dueño de los cielos y la tierra experimenta y sufre las burlas de los impíos, enseñándonos así a tener paciencia.

Teofilacto
Y el Señor de los Profetas es escarnecido como falso profeta.
Prosigue: "Y le vendaron los ojos", etc..

Beda
Esto lo hicieron por burlarse de El, porque había querido ser considerado como Profeta. Pero el que fue herido y abofeteado por los judíos, lo es también ahora por las blasfemias de los malos cristianos. Le vendaron los ojos, no para que no viera aquellas afrentas, sino para ocultar su rostro. Los herejes y los judíos, y los malos cristianos, cuando lo ofenden con sus malas acciones, también se burlan de El, y le dicen: ¿Quién te ha herido? creyendo que no conoce los pensamientos y las acciones pecaminosas.

San Agustín, ut supra
Se sabe que Jesús padeció estas afrentas hasta la mañana inmediata, y en la casa del príncipe de los sacerdotes a donde fue llevado primeramente. Por esto sigue: "Y cuando fue de día se juntaron los ancianos del pueblo y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y lo llevaron a su concilio, y le dijeron: Si tú eres el Cristo, dínoslo".

Beda
No deseaban conocer la verdad, sino preparar la calumnia. Porque como esperaban que el Cristo aparecería como hombre, resucitando la grandeza de David, deseaban oír de El: Yo soy el Cristo, para insultarle porque se atribuía la regia autoridad.

Teofilacto
Porque El conocía sus pensamientos, porque los que no creían en sus obras, menos habían de creer en sus palabras. Por ello sigue: "Y les dijo: Si os lo dijere no me creeréis", etc.

Beda
Había dicho muchas veces que El era el Cristo, como cuando decía, según (San Jua_10:30): "Yo y el Padre somos una misma cosa"; y otras cosas por el estilo. "Y también si os preguntare, no me responderéis, ni me dejaréis". Les había preguntado ya antes, cómo decían que el Cristo sería Hijo de David, cuando David lo llamó en espíritu su Señor, pero ellos no quisieron creerle cuando hablaba, ni responderle cuando preguntaba. Y porque preferían ofender la descendencia de David, les declara con autoridad una profecía mayor. Prosigue: "Mas desde ahora, el Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios".

Teofilacto
Como si dijera: No hay ya para vosotros tiempo de predicación y de enseñanza, sino que en adelante lo será de juicio, cuando me veréis a mí, el Hijo del Hombre, sentado a la diestra poderosa de Dios.

San Cirilo in thesauro, lib. 12, cap. 14
Cuando se habla de que Dios está sentado y en un trono, se da a entender su poder soberano. En efecto, no es que creamos que esté sentado en un tribunal aquel a quien confesamos como Señor de todas las cosas, ni admitimos que tenga derecha ni izquierda la naturaleza divina: sólo de los cuerpos es propio tener forma, ocupar lugar, y poderse sentar. ¿Cómo podrá decirse que el Hijo es igual al Padre, si no es Hijo suyo por naturaleza, ni tiene las propiedades del Padre?.

Teofilacto
Cuando oían esto debieron temer; pero después de estas palabras enloquecieron más. Por lo que sigue: "Dijeron todos", etc.

Beda
Porque dijo que era el Hijo de Dios, comprendieron que era así al expresarse en estos términos: "El Hijo del Hombre estará sentado a la diestra del poder de Dios".

San Ambrosio
El Señor quiso más bien probar que decir, que era Rey, para que no pudiesen encontrar motivo suficiente para condenarlo aquellos que esto confiesan a la vez que lo objetan. Sigue pues: "Vosotros decís que yo lo soy".

San Cirilo
Habiendo dicho esto el Señor, se acaloró la reunión de los fariseos, fingiendo que habían oído una blasfemia. Por esto sigue: "¿Qué necesitamos de más testimonios?". etc.

Teofilacto
En lo que se da a conocer, los tercos no se acomodan a lo recto, aun cuando se les haya revelado los más profundos misterios, porque buscan su propio castigo. Por esto convenía que tales cosas estuvieran encubiertas para ellos.