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miércoles, 28 de marzo de 2018

MISA TRIDENTINA EN ROSARIO - ABRIL 2018

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Capilla Nuestra  Señora del Rosario
Pasaje Independencia nº 3277 (entre Vera Mujica y Crespo)
 Tel. 011 - 4383 - 0873 / Cel. 011 - 15 - 3759 - 0772
  Informaciones al e-mail: padrealbisu@gmail.com
 
Domingo 1°Abril
 
17:30 hs. Confesiones
19:00 hs. Santa Misa Cantada

sábado, 3 de marzo de 2018

MISA TRIDENTINA EN ROSARIO - MARZO 2018

Capilla Nuestra  Señora del Rosario
Pasaje Independencia nº 3277
entre Vera Mujica y Crespo
(2000) - Rosario

Imagen relacionada



Estimados Amigos,

Bendito sea Dios.

Este mes de Marzo la visita a Rosario será el 2º fin de semana.

La visita la realizará el P. Juan Martin Albisu.
                       
Viernes 9 de Marzo:

18:00 Hs - Confesiones
19:00 Hs - Santa Misa

Sábado 10 de Marzo:

10:00 Hs - Confesiones
11:00 Hs - Santa Misa

Domingo 11 de Marzo:

10:00 hs - Confesiones
11:00 hs - Santa Misa Cantada


Dios los bendiga.

viernes, 22 de julio de 2016

JULIO 2016. MISA TRIDENTINA EN ROSARIO, SANTA FE.

JULIO 2016 - MISA TRIDENTINA EN ROSARIO

Lugar: Capilla Nuestra Señora del Santo Rosario (FSSPX).
Ubicación: Pasaje Independencia 3277 (entre Crespo y Vera Mujica)
Sacerdote: P.  Carlos Herrera.
Fecha: Sábado 23 de Junio de 2016
18hs. Confesiones.
19hs. Santa Misa.
Domingo 24 de Junio de 2016
09hs. Confesiones.
11hs. Santa Misa Cantada.

lunes, 4 de julio de 2016

Monseñor Bernad Fellay, Superior de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, anuncia una nueva Cruzada de Rosarios

 Monseñor Bernad Fellay, Superior de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, anuncia una nueva Cruzada de Rosarios


"Al final, Mi Inmaculado Corazón triunfará"
En las ordenaciones sacerdotales en Zaitzkofen (Alemania) el 2 de julio de 2016, el obispo Bernard Fellay, Superior General de la Sociedad de San Pío X, anunció otra Cruzada del Rosarios como una preparación espiritual para el 100º aniversario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima (mayo a octubre 1917).

Esta cruzada se llevará a cabo a partir del 15 de Agosto de 2016 al  22 de Agosto 2017.

De ello se desprende de las intenciones indicadas por la Virgen a sí misma: 
(I) Jesús quiere establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María
Con el fin de hacerlo, todos los fieles están invitados: 
1) para recitar el rosario diariamente, solo o en familia; 
2) para llevar a cabo la devoción de la comunión reparadora en cinco primeros sábados, y multiplicar sus sacrificios diarios en un espíritu de reparación por los ultrajes contra María; 
3) para llevar la medalla milagrosa sí mismos y difundirla a su alrededor; 
4) para consagrar sus hogares al Inmaculado Corazón de María.

Además de la propagación de esta devoción, también vamos a orar (II) para el triunfo del Corazón Inmaculado y (III) para el Papa y todos los obispos del mundo católico a consagrar Rusia al Inmaculado Corazón de María.

Y como una intención especial vamos a añadir (IV) la protección de la Virgen María por la Sociedad de San Pío X y todos sus miembros, además de todas las comunidades religiosas de la tradición.

El objetivo fijado por el obispo Bernard Fellay es un ramo de 12 millones de Rosarios y 50 millones de sacrificios por Nuestra Señora de Fátima.

(Fuente: FSSPX-MG DICI 4 de julio de, 2016)

domingo, 30 de noviembre de 2014

Conmemoración del 109º aniversario del natalicio de Mons. Marcel Lefebvre

Conmemoración del 109º aniversario del natalicio de Mons. Marcel Lefebvre

Marcel Lafebvre nació en Tourcoing, una ciudad francesa cercana a la frontera belga, el 29 de noviembre de 1905. Hijo de un matrimonio piadoso formado por un fabricante textil llamado René Lefebvre y su mujer Gabrielle, Marcel es el tercero de ocho hermanos, cinco de los cuales entraron en religión.

Con motivo del 109º aniversario de su natalicio, compartimos la siguiente oración de uso privado.




jueves, 27 de noviembre de 2014

Al servicio de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana


21 de noviembre 1974 , hace 40 años , el arzobispo Marcel Lefebvre fue esta declaración que se convirtió en el credo de la Sociedad de San Pío X :

Nos adherimos de todo corazón, con toda nuestra alma a la Roma Católica, guardiana de la fe católica y a las tradiciones necesarias para mantener esta fe, a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad. Al contrario, nosotros rechazamos  seguir a la Roma de tendencia neo-modernista y neo-protestante que se manifiesta claramente en el concilio Vaticano II y después del concilio en todas las reformas que de él provienen (…) Ninguna autoridad, incluso la más elevada en la jerarquía, nos puede obligar a abandonar o a disminuir nuestra fe católica claramente expresada y profesada por el magisterio de la Iglesia durante diecinueve siglos. Si sucediera, dice san Pablo, que nosotros mismos o un Ángel venido del cielo les enseña otra cosa que lo que os he enseñado, sea anatema

Y el fundador de Ecône añadió : "La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica , para nuestra salvación, es la negativa de aceptación de la Reforma. Es por ello que sin ninguna rebelión , ninguna amargura , ni resentimientos continuamos nuestro trabajo de formación sacerdotal bajo el magisterio de la estrella siempre seguros de que podemos hacer un mayor servicio a la Santa Iglesia Católica , el Sumo Pontífice y las generaciones futuras . »

El 21 de noviembre de 2014, 40 años después, el Superior General escribió a amigos y benefactores de la Sociedad de San Pío X : " Si por un lado la visión de la Iglesia desfigurado nos entristece profundamente , por el otro, todos cantamos día el Magníficat por las maravillas que el Todopoderoso todavía permite que nos demos cuenta . " Y mencionar : el 200 seminaristas , pre -seminaristas cuarentena en seis seminarios en cuatro continentes . " En los Estados Unidos, su creciente número nos obliga a construir una nueva , Virginia ... Añadir a este edificio muchas iglesias , en todo el mundo , lo que refleja el dinamismo de la fe . Sí, en efecto , la fe puede mover montañas ! »

Este es el servicio con la ayuda del trabajo del arzobispo Lefebvre de Dios intenta rendir fielmente " la Santa Iglesia Católica , el Sumo Pontífice y de las generaciones futuras. "

martes, 25 de noviembre de 2014

Carta a los Amigos y Bienhechores n° 83

Carta a los Amigos y Bienhechores n° 83

Resumen: Mientras el estado de la Iglesia continúa deteriorándose, Mons. Fellay recuerda la visión casi profética que el futuro Benedicto XVI tenía del futuro de la Iglesia, hace ya 17 años.
En medio de este desastre, la Fraternidad continúa desarrollándose y trabajando por la santificación de las almas, prestando atención especial a la familia cristiana, a los colegios católicos, a los ejercicios espirituales de San Ignacio y por sobre todo a la formación y santificación de los sacerdotes. 

 
Queridos amigos y bienhechores,

Hace ya 17 años, el futuro Benedicto XVI presentaba su visión del futuro de la Iglesia: entonces parecía muy pesimista. Preveía una tal fragmentación del Cuerpo Místico que quedaría reducido a un conjunto de pequeños grupos aún vivos, pero en medio de una decadencia generalizada.
“Tal vez debemos decir adiós a la idea de una Iglesia que reúne a todos los pueblos. Puede ser que estemos en medio de una nueva era de la historia de la Iglesia, constituida de un modo totalmente diferente, donde el cristianismo existirá más bien bajo el signo del grano de mostaza, en pequeños grupos aparentemente sin importancia, pero que vivirán intensamente para luchar contra el mal y sembrar el bien en el mundo…” [1]
“Se parecerá menos a las grandes sociedades, será más bien la Iglesia de las minorías, se perpetuará en los pequeños círculos vivos, donde gente convencida y creyente actuará según su fe. Pero es precisamente de ese modo que volverá a ser, como dice la Biblia, «la sal de la tierra»” [2]

Visión desastrosa del futuro de la Iglesia 

¿Esta visión es fruto de la sagacidad personal del cardenal Josef Ratzinger, o se inspira en otra fuente, como el secreto de Fátima? Sólo él puede saberlo. De todos modos, gradualmente y sobre todo después del Concilio, asistimos a la lenta desaparición de la Iglesia tal como se presentó durante al menos 1.500 años, es decir como una sociedad que impregnó profundamente toda la vida humana y todo el cuerpo social, procurando formar un todo profundamente armonioso con lo temporal, incluso si el poder temporal a menudo trató de avanzar sobre el poder espiritual de la Iglesia. Desde la Revolución francesa estamos viendo no solamente la desaparición de los dos poderes, sino también una voluntad incesante de combatir y de reducir la influencia tan beneficiosa de la Iglesia sobre la sociedad humana. Desde el postconcilio, con la disminución espantosa del número de las vocaciones sacerdotales, con la pérdida de cientos de miles de religiosos y religiosas que habían entregado su vida por Dios y el prójimo, esta presencia de la Iglesia en los colegios, en los hospitales, en la vida social y política, prácticamente ha desaparecido. No se toma ninguna medida seria para frenar esta desaparición catastrófica de la Iglesia de la sociedad. Ha quedado reducida a la sacristía. Y lo que es aún peor, en los países donde la Iglesia había prodigado sus beneficios, en países que antaño se llamaban cristianos, incluso las iglesias y las sacristías están vacías… Ya no estamos tan lejos de la visión casi profética del cardenal Ratzinger.
Pero a estos elementos exteriores se agregan otros, propios de la vida interna de la Iglesia. Son las señales de una debilidad ante un enemigo ya no exterior, sino a partir de ahora interior. Se disuelven cada vez más claramente la unidad de la fe y la unidad de gobierno en la santa Iglesia; en cuanto a la unidad litúrgica, con las aperturas realizadas por la nueva misa en la dirección a la “creatividad”, sobre todo con la multiplicación de las oraciones eucarísticas, hace ya tiempo que voló en mil pedazos. En lo referente a la moral, el último Sínodo sobre la familia es una trágica manifestación de la proliferación de opiniones contradictorias que reina en este ámbito, y que la autoridad parece ya no poder contener, cuando no es ella misma la que las favorece…
En medio de este desastre, señalado por muchos observadores, nadie duda que nuestra modesta Fraternidad aparece como “un pequeño grupo aparentemente sin importancia, pero que vive intensamente para luchar contra el mal y sembrar el bien en el mundo…” Si por una parte nos duele profundamente ver a la Iglesia desfigurada, por otra, cantamos todos los días el Magnificat por las maravillas que el Todopoderoso nos permite realizar todavía.

La familia cristiana

Quisiéramos darles en breves líneas un panorama del desarrollo actual de la Fraternidad, que a pesar de los golpes que recibe de todas partes, no cesa de transmitir la gracia de Dios, y fortificar las almas en su dura y peligrosa peregrinación hacia el Cielo. Desde hace mucho tiempo nos damos cuenta que se debe prestar una atención muy particular a la familia cristiana, hogar sagrado donde nacen los niños destinados no solamente a la vida sobre esta tierra, sino a la vida del Cielo. Hay algo aterrador y diabólico en el refinamiento de la crueldad que se está empleando para atacar este santuario, desde la vida del niño por nacer en el seno de su madre.
¡Ante el número de familias numerosas que cultivan serenamente la virtud y buscan la gloria de Dios sin descuidar, antes al contrario, sus deberes con el prójimo y la sociedad, no podemos sino dar gracias a Dios y admirar el trabajo tan eficaz de la gracia! Sí, queridas familias, aunque la vida cristiana conlleva sus exigencias, la ayuda de Dios, la gracia, nunca falta, sean cuales fueren las circunstancias que reclaman frecuentemente un cierto heroísmo de vuestra parte. Por el simple hecho de vuestras vidas cristianas y vuestros esfuerzos, dais la prueba de que esta vida incluso hoy es posible, y que quienes abandonan los mandamientos de Dios para buscar otros caminos más complacientes con el mundo moderno, son derrotistas que han perdido el espíritu de fe que debería animar a todo católico.

La escuela católica 

Esta vida de fe necesita ser protegida, y para poder desarrollarse requiere la escuela católica. Es algo que siempre ha constituido una preocupación mayor de la Iglesia, a tal punto que establece como obligación grave de los padres velar por la educación católica de sus hijos, amenazando, incluso hoy, con sanciones a los que falten a tal deber [3].
Estamos frente a una preocupación grave y muy concreta: ¿dónde encontrar hoy colegios auténticamente católicos, en donde la enseñanza de la fe penetre verdaderamente todas las disciplinas, establecimientos en los que se preparen los futuros padres y madres de familia a los combates necesarios en este mundo para conquistar el Cielo?
Por esta razón, uno de nuestros mayores esfuerzos se refiere a los colegios. A ellos consagramos, en el mundo entero, la mayor parte de nuestros recursos, tanto humanos como materiales. Y de hecho, un centenar de colegios, de diversos tamaños, forman para el mañana a miles de cristianos convencidos.

Los Ejercicios espirituales de San Ignacio

Si la familia y la escuela brindan una protección indispensable a los jóvenes en formación, ¿qué hacer para sostener a los que abandonan el hogar familiar y entran en el mundo? Nos preocupa grandemente la perseverancia de estos jóvenes adultos en el bien y la virtud, y la conservación de sus almas en estado de gracia en un mundo tan pervertido. Para ello no encontramos antídoto más fuerte que los Ejercicios espirituales de San Ignacio, que consideramos desde luego como uno de los mayores tesoros y medios de santificación puestos en nuestras manos – después del Sacrificio de la Santa Misa. Están hechos realmente para nuestro tiempo, y son capaces de dar el valor, la fortaleza y el heroísmo que requieren hoy todas las almas de buena voluntad. Por esta razón, invitamos instantemente a no descuidar tal medio. Sin duda alguna, consideramos los Ejercicios espirituales como una de las punta de lanza de la Fraternidad, y la causa de este verdadero milagro de la gracia que constituye hoy la vida cristiana.

El sacerdote y la Santa Misa

Pero la vida sobrenatural no sería posible sin el sacerdote, instrumento privilegiado, querido y elegido por Dios para difundirla en el Cuerpo Místico, en particular por el sacrificio de la Santa Misa. El vínculo íntimo que debe unir al sacerdote y la Misa, es el testamento que nos legó Mons. Lefebvre, pues la Misa es la fuente de toda santificación y el sacerdote, más aún que los demás, debe nutrirse en ella, para luego alimentar con ella a las almas que le están confiadas: Por ellos Yo me santifico, decía Nuestro Señor, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Jn. 17, 19).
Este misterio constituye el corazón de nuestros seminarios. Velamos por ello con celoso cuidado, y atendemos a todo lo que puede servir para engalanar las ceremonias litúrgicas. La belleza de los signos exteriores refleja la sublimidad de los misterios por los que se opera nuestra Redención. De este modo, estas ceremonias, grandiosas e íntimas a la vez, son como un preludio del Cielo.
Tal es el gozo y el privilegio diario de nuestros cerca de 200 seminaristas, así como de los casi 40 preseminaristas repartidos en nuestros 6 seminarios en los 4 continentes. En los Estados Unidos, debido a su creciente número, nos hemos visto obligados a construir un nuevo seminario, en Virginia, que debería quedar techado en la próxima primavera.
A esto se agrega la construcción de bastantes iglesias, un poco en todo el mundo, lo cual muestra el dinamismo de la fe. ¡Sí, realmente, la fe puede mover montañas! Creo que sólo la fe puede explicar este fenómeno que supera las fuerzas humanas. Gracias a Dios, vuestro ardiente celo y constante generosidad hacen posibles tales obras. Os agradezco profundamente. Cuenten con la oración agradecida de los seminaristas, sacerdotes, religiosos y religiosas, que cada día piden a Dios que os retribuya tantos beneficios, al ciento por uno.
Que Nuestra Señora os mantenga en la caridad y en la paz, queridos amigos, y que su Corazón Inmaculado, os conduzca a la bienaventuranza eterna.

En la fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, el 21 de noviembre de 2014
+ Bernard Fellay

[1] Le Sel de la Terre, Flammarion 1997, p. 16 (traducción de la redacción)
[2] Ibid. p. 214.
[3] Cf. Código de 1917, canon 2319, § 2-4; Código de 1983, canon 1366.
( Fuente:  http://www.dici.org/en/documents/carta-a-los-amigos-y-bienhechores-n-83/ )

viernes, 10 de enero de 2014

Alejandro Bermudez Rossell continúa campaña de desinformación y ataque a católicos seguidores de Mons. Marcel Lefebvre.

El portal informático de ACI Prensa, publicó en su sección Puntos de Vista, un audio donde el Sr. Alejandro Bermudez Russel, con un odio satánico, y una arrogancia y soberbia propia del Padre de la Mentira (el Diablo) vocifera nuevamente con toda clase de mentiras contra los católicos tradicionalistas seguidores del obispo Mons. Marcel Lefebrvre, quien en sí no tiene doctrina personal en materia religiosa sino que durante toda su vida se atuvo a lo que le enseñaron en el Seminario Francés de Roma, es decir la doctrina católica según la transmisión que de ella hizo el magisterio de siglo en siglo.




domingo, 29 de diciembre de 2013

FSSPX Distrito Sudamérica - Llamamiento del Padre Bouchacourt a participar en la Cruzada de Rosario convocada por Mons. Fellay



 ¡ADELANTE CON LA CRUZADA!


    “La Santísima Virgen, en estos últimos tiempos en los que vivimos, ha dado una eficacia nueva al rezo del rosario. De tal manera que ahora no hay problema, por más difícil que sea, ya sea temporal o, sobre todo, espiritual, ora se refiera a la vida personal de cada uno de nosotros, de nuestras familias del mundo o de las comunidades religiosas, o al bien de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver con el rezo del santo rosario. Con el santo rosario nos salvaremos, nos santificaremos, consolaremos a Nuestro Señor y obtendremos la salvación de muchas almas. Finalmente, (el otro medio que salvará al mundo es) la devoción al Inmaculado Corazón de María, nuestra Santísima Madre, considerándola como la sede de la misericordia, de la bondad y del perdón, y la puerta más segura para entrar al cielo”.(1)

    Estas palabras de Sor Lucía, la vidente de Fátima, nos llaman a responder generosamente a la nueva cruzada convocada por Mons. Fellay, Superior General de la Fraternidad San Pío X. En efecto, desgraciadamente la jerarquía de la Iglesia parece estar como anestesiada, hipnotizada, enceguecida, paralizada y favoreciendo la apostasía que se extiende por todo el mundo. Sor Lucía hacía esta comprobación: “No esperemos que de Roma venga un llamado a la penitencia del Santo Padre; tampoco esperemos que provenga de nuestros obispos en sus diócesis ni de las congregaciones religiosas. ¡No! Nuestro Señor ya se ha servido muy a menudo de estos medios y el mundo no le ha prestado atención. Por eso es necesario que cada uno de nosotros comience por sí mismo su propia reforma espiritual. Cada uno debe salvar no sólo su alma sino también todas las almas que Dios ha puesto en su camino”(2)

    La Fraternidad San Pío X, a pedido de su Superior General, quiere responder a la llamada instante del Corazón Inmaculado de María, último recurso en estos tiempos difíciles. Como David frente a Goliat, animados de un profundo amor a las almas y a la Iglesia, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, por medio de esta cruzada queremos suplicar que el Corazón Inmaculado venga a socorrernos.

    Queremos que el Papa restaure la santa Tradición en la Iglesia: ¡recemos el rosario!

    Queremos santos obispos, santos sacerdotes, santas vocaciones religiosas y sacerdotales: ¡recemos el rosario!

    Queremos que Dios bendiga las obras de la Tradición, nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras capillas, y que las guarde en la unidad de la verdad: ¡recemos el rosario!

    Queremos salvar nuestras almas, las de nuestros seres queridos y la conversión de los pecadores: ¡recemos el rosario!

    Queremos el triunfo del Corazón Inmaculado de María a través de la consagración de Rusia: ¡recemos el rosario!


    Estas intenciones, caras a todo católico, están comprendidas en la convocatoria a esta cruzada de rosarios.

    Como dijo Sor Lucía, tengamos confianza en la eficacia del rezo cotidiano del rosario pedido por Nuestra Señora durante cada una de sus apariciones en Fátima.

    Al rosario, como nos invita Mons. Fellay, añadamos la penitencia, sobre todo en lo que se refiere al cumplimiento de nuestro deber de estado “en unión con el Santo Sacrificio de la Misa”, que nos hará agradables a Dios y atraerá su mirada misericordiosa sobre nuestra angustia. A vista humana el futuro de la Iglesia y del mundo parece muy sombrío; pero con la ayuda de Dios y del Corazón Inmaculado de María, la santa esperanza no puede abandonarnos. Esta cruzada también reafirmará nuestra fe y nuestra caridad. Estando al alcance de todos, ¡a todos les concierne! No prestemos oídos a los disconformes de siempre y a los desesperados, que con su celo amargo hacen el juego a los enemigos de la Iglesia y de la Tradición.

    Con coraje, grandes y pequeños, respondamos todos con generosidad a esta cruzada desde el 1º de enero hasta el día de Pentecostés, por el honor de Dios, el de su Santa Madre, por el bien de la Santa Iglesia y de las almas. ¡Que Dios los bendiga!


Padre Christian Bouchacourt
Superior de Distrito de América del Sur

    NOTAS:
    (1) Entrevista de Sor Lucía con el Padre Fuentes, 26 de diciembre de 1957.
    (2) Ibid.

Cruzada del Rosario 2014 FSSPX

OBJETIVO: CINCO MILLONES DE ROSARIOS
1) Para implorar una protección especial del Corazón Inmaculado de María sobre las obras de la Tradición.
2) Por el retorno de Roma a la Tradición católica.
3) Por el triunfo del Corazón Inmaculado de María mediante la consagración de Rusia.
 
MEDIOS
1) Oración y penitencias pedidos en Fátima.
2) Santificación por el deber de estado.
3) Espíritu de sacrificio en unión al Santo Sacrificio de la Misa.
 
PARA PARTICIPAR DE ESTA CRUZADA
Deje el detalle de sus Rosarios en su centro de Misa, o bien escríbanos dejándonos sus coronas a la siguiente dirección de correo electrónico:
 
Descargue aquí sus planillas para los seis meses de la Cruzada
 
 

jueves, 19 de diciembre de 2013

Evangelii Gaudium – Dolor Fidelium “La alegría del Evangelio”, el dolor de los fieles. - R.P. Franz Schmidberger

Evangelii Gaudium – Dolor Fidelium
“La alegría del Evangelio”,
el dolor de los fieles

 

       Para concluir el año de la Fe, el Santo Padre, el Papa Francisco, publicó la Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” sobre la predicación del Evangelio en el mundo de hoy. Debido a su extensión –289 puntos–, este documento requiere de parte del lector y del teólogo un gran esfuerzo para estudiarlo correctamente. Se hubiera podido decir más con menos palabras. Las siguientes líneas tratarán de proporcionar un primer resumen de la obra, seguramente incompleto.
I
1) La ocasión del documento es el Sínodo de los obispos que se llevó a cabo el año pasado desde el 7 hasta el 28 de octubre, sobre el tema de la nueva evangelización: “Acepté con gusto el pedido de los Padres sinodales de redactar esta Exhortación” (nº 16). Al mismo tiempo este documento fue presentado por el nuevo pontífice como una suerte de directorio. Esta doble finalidad y la prolijidad del Papa tienen por consecuencia que este documento no presenta estructuras claras. Le falta precisión, rigor y claridad. Así por ejemplo, se dedica un largo pasaje a la situación económica del mundo contemporáneo y un poco más adelante se destaca la importancia de la predicación, llegando a proporcionar los detalles de su preparación. Varias veces se plantea la cuestión de la descentralización de la Iglesia; a su vez se tratan abundantemente las cuestiones ecuménicas e interreligiosas. El documento, además, no está desprovisto de contradicciones: el Papa precisará de este modo que no se trata de una encíclica social, pero seguidamente se exponen las condiciones económicas siguiendo un modelo similar al que usaron las encíclicas de los Papas anteriores.
2) El Papa Francisco habla de la Iglesia como si, hasta el día de hoy, no hubiera transmitido el Evangelio o lo hubiera hecho de una manera imperfecta. Él lamenta una actitud despreocupada, letárgica y cerrada. Esta reprimenda constante nos toca y genera disgusto. Se tiene la impresión de que, hasta ahora, pocas cosas se hicieron para la transmisión de la fe y del Evangelio. Sus comentarios siempre van acompañados de una referencia a su propia persona. El uso de la primera persona del singular (yo) se encuentra nada menos que 184 veces en el documento, y no se cuentan las palabras “mi” o “mí”. La palabra de Dios en el Apocalipsis se presenta casi automáticamente a nuestra mente: “Ecce nova facio omnia: He aquí que yo renuevo todas las cosas” (Apoc. 21, 5).
3) El documento encierra sin duda varias consideraciones positivas, que no se pueden silenciar. Mencionemos algunas:
En el nº 7 se dice: “la sociedad tecnológica ha logrado multiplicar las ocasiones de placer, pero encuentra muy difícil engendrar la alegría”. ¡Cuánto acierto en esta comprobación!
En el nº 22 se lee: “La Palabra tiene en sí una potencialidad que no podemos predecir. El Evangelio habla de una semilla que, una vez sembrada, crece por sí sola también cuando el agricultor duerme (cf. Mc 4,26-29).” La acción de la gracia supera, efectivamente, todos los cálculos humanos.
En el nº 25 se recuerda que “Ya no nos sirve una simple administración”. ¡Dios quiera que los obispos y los sacerdotes valoren esta palabra y abandonen las comisiones, los comités, los foros y la vasta burocracia para obrar en verdaderos teólogos y pastores!
El nº 37 nos ofrece un hermosísimo párrafo, con una larga cita de la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino. No podemos dejar de citar ese punto en su integralidad: “Santo Tomás de Aquino enseñaba que en el mensaje moral de la Iglesia también hay una jerarquía, en las virtudes y en los actos que de ellas proceden (S. Th. I-II, q. 66, a. 4-6). Allí lo que cuenta es ante todo «la fe que se hace activa por la caridad» (Gálatas 5, 6). Las obras de amor al prójimo son la manifestación externa más perfecta de la gracia interior del Espíritu: «La principalidad de la ley nueva está en la gracia del Espíritu Santo, que se manifiesta en la fe que obra por el amor» (S. Th. I-II, q. 108, a. 1). Por ello explica que, en cuanto al obrar exterior, la misericordia es la mayor de todas las virtudes: «En sí misma la misericordia es la más grande de las virtudes, ya que a ella pertenece volcarse en otros y, más aún, socorrer sus deficiencias. Esto es peculiar del superior, y por eso se tiene como propio de Dios tener misericordia, en la cual resplandece su omnipotencia de modo máximo»” (S. Th. II-II, q. 30, a. 4.; cf. ibid. q. 40, a.4, ad 1.).”
En el nº 42 el Papa insiste sobre el hecho que la predicación debe, antes que nada, tocar los corazones: “Por ello, cabe recordar que todo adoctrinamiento ha de situarse en la actitud evangelizadora que despierte la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el testimonio.”
Del nº 52 hasta el nº 76, trata de los aspectos económicos y pone de manifiesto puntos interesantes. Se condena fuertemente el capitalismo desenfrenado, que no es sino “el resultado de una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista” (nº 63). “El individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares” (nº 67). Y el Papa concluye en el nº 69 que es imperativo “evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio”, es decir que el Evangelio debe arraigarse en la sociedad y en la vida de los pueblos. Pero ¿por qué no habla allí, como lo hicieron sus predecesores antes del Concilio Vaticano II, del Estado católico y de la sociedad cristiana, que se presentaban como frutos de la fe católica, y también, por una consecuencia lógica, como una protección de esa fe? ¿Quizás hubiéramos esperado que además de estos lamentos legítimos sobre la economía actual, se haga referencia a “Quadragesimo anno” del Papa Pío XI, para señalar los principios conduciendo a las condiciones económicas justas?
El nº 66 plantea el tema de la familia, pero omite recordar que el matrimonio es la unión indisoluble entre un hombre y una mujer, mientras que la moda actual de las uniones libres y la reivindicación de la comunión para los divorciados-vueltos a casarse, lo hubiera reclamado. Asimismo, se hubiera esperado que una mayor atención se prestase a la familia cristiana en el documento papal, puesto que por medio de ella se realiza la transmisión del Evangelio de generación en generación.
En los nº78 y 79, el Papa describe con lucidez la vida espiritual de los años posconciliares: “Hoy se puede advertir en muchos agentes pastorales, incluso en personas consagradas, una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de distensión, que lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida, como si no fueran parte de la propia identidad. (…) Así, pueden advertirse en muchos agentes evangelizadores, aunque oren, una acentuación del individualismo, una crisis de identidad y una caída del fervor. Son tres males que se alimentan entre sí. La cultura mediática y algunos ambientes intelectuales a veces transmiten una marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia y un cierto desencanto. Como consecuencia, aunque recen, muchos agentes pastorales desarrollan una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar su identidad cristiana y sus convicciones.” ¡Los servidores de la Iglesia deberían tomar las armas del Espíritu y creer en la eficacia y la fecundidad de todos los medios que Cristo puso en manos de su Iglesia: la oración, la predicación integral de la fe, la administración de los sacramentos, la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, la adoración del Santísimo Sacramento del altar! En lugar de eso, sucumben a “la conciencia de derrota que (los) convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. Aun con la dolorosa conciencia de las propias fragilidades, hay que seguir adelante sin declararse vencidos, y recordar lo que el Señor dijo a San Pablo: «Te basta mi gracia, porque mi fuerza se manifiesta en la debilidad» (2 Co 12,9). El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal.” (nº 85)
El nº 104 tiene particular relevancia, puesto que reafirma que el sacerdocio, como signo de Cristo-Esposo, es reservado a los hombres: “El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión.”
En el nº 112 se pone de manifiesto la gratuidad de la gracia y de la obra de la Redención: “La salvación que Dios nos ofrece es obra de su misericordia. No hay acciones humanas, por más buenas que sean, que nos hagan merecer un don tan grande. Dios, por pura gracia, nos atrae para unirnos a sí.” En el punto siguiente se recuerda muy atinadamente que la salvación no es un asunto individual: “Nadie se salva solo, esto es, ni como individuo aislado ni por sus propias fuerzas.” El hombre, por consiguiente, se salva en la Iglesia y por la Iglesia, o no se salva.
En el nº 134 se subraya la importancia de las universidades y de las escuelas católicas por la predicación de la fe y del Evangelio. Se puede deplorar, sin embargo, la poca cantidad de renglones dedicados a esas obras.
El nº 214 se opone al asesinato del niño por nacer, viviendo todavía en el seno materno. Lamentablemente el Papa no se refiere de ninguna manera a la injustica cometida contra Dios, y por eso tampoco al orden natural ni a los mandamientos, sino sólo al valor de la persona humana.
En el nº 235 se enumeran sanos principios para luchar contra el individualismo: “El todo es más que la parte, y también es más que la mera suma de ellas.” El párrafo entero tiene como título: “El todo es superior a la parte.” Desarrollar el tema del bien común en ese lugar hubiera ciertamente podido hacer mucho bien. Lamentablemente no es el caso.
En el nº 267 se describe admirablemente el entusiasmo misionero y la actividad apostólica: “Unidos a Jesús, buscamos lo que Él busca, amamos lo que Él ama. En definitiva, lo que buscamos es la gloria del Padre; vivimos y actuamos «para alabanza de la gloria de su gracia» (Ef 1,6). Si queremos entregarnos a fondo y con constancia, tenemos que ir más allá de cualquier otra motivación. Éste es el móvil definitivo, el más profundo, el más grande, la razón y el sentido final de todo lo demás. Se trata de la gloria del Padre que Jesús buscó durante toda su existencia.”
II
Bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu, nos dice el clásico principio de moral. El bien proviene de cierta integridad, mientras que, por el contrario, si alguna parte esencial de una cosa es mala, el conjunto es malo. Las hermosas partes del documento papal, que nos alegraron, no pueden impedirnos comprobar la firme voluntad de realizar el Concilio Vaticano II no sólo según la letra, sino también según el espíritu. La trilogía Libertad religiosa – Colegialidad – Ecumenismo que, según las palabras de Mons. Lefebvre, corresponde al lema de la Revolución francesa: Libertad – Igualdad – Fraternidad, se encuentra desarrollada de una manera sistemática.
1) Primero en los nº 94 y 95, se reprimenda a los fieles de la Tradición, y hasta se los acusa de neo-pelagianismo: “Es una supuesta seguridad doctrinal o disciplinaria que da lugar a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar… Ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente… En algunos hay un cuidado ostentoso de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, pero sin preocuparles que el Evangelio tenga una real inserción en el Pueblo fiel de Dios y en las necesidades concretas de la historia.”
¿Cómo puede el Papa pensar esto? ¿Acaso no muestra precisamente lo contrario el dinamismo de los fieles católicos arraigados en la fe? Sin hablar de nuestra Fraternidad, ¿acaso se ven a los Franciscanos de la Inmaculada, una joven congregación misionera floreciente, que se encuentra ahora gravemente mutilada –si no destruida– por la intervención brutal del Vaticano? El documento añade después: “Así, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos.”
Según señalamos más arriba, se hace una simple alusión –en una sola oración– a las escuelas católicas, instrumentos importantes de recristianización. Estos establecimientos son precisamente para nosotros un medio de transmitir el Evangelio. En nuestra Fraternidad tenemos la alegría de abrir nuevas escuelas todos los años.
2) En este documento falta verdaderamente el sentido de la realidad, lo cual acarrea la ilusión de que la verdad vencerá por sí misma al error. Esta perspectiva se apoya sobre la parábola de buen grano y de la cizaña (nº 225): muestra “cómo el enemigo puede ocupar el espacio del Reino y causar daño con la cizaña, pero es vencido por la bondad del trigo que se manifiesta con el tiempo.” Tal interpretación es un contrasentido respecto de la parábola y una falsificación del Evangelio.
La falta de realismo se ve asimismo en el nº 44, en el cual se exhorta a los sacerdotes a no hacer del confesionario “una sala de torturas”. Si bien tales excesos existieron efectivamente por allí o por allá a lo largo de la historia de la Iglesia, ¿dónde se ven hoy en día? ¿No hubiera sido mejor añadir un capítulo sobre la confesión –mencionando sus aspectos de liberación del pecado, emancipación de la culpabilidad y reconciliación con Dios–, como punto culminante de la nueva evangelización y de la renovación interior de las almas?
Tal ingenuidad –que no es sino un cuestionamiento del pecado original, o por lo menos de sus consecuencias en las almas y en la sociedad– se manifiesta asimismo en el nº 84, en el cual se cita el discurso de apertura del Concilio Vaticano II, discurso lleno de ilusiones, del Papa Juan XXIII: “Nos parece justo disentir de tales profetas de calamidades, avezados a anunciar siempre infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente… No ven en los tiempos modernos sino prevaricación y ruina.” Lamentablemente los años posconciliares dieron la razón a los “profetas de calamidades”.
3) Resulta muy extraña la observación hecha en el nº 129, según la cual no se debe pensar que “el anuncio evangélico deba transmitirse siempre con determinadas fórmulas aprendidas, o con palabras precisas que expresen un contenido absolutamente invariable.” Esto nos recuerda inevitablemente la doctrina de la evolución de los dogmas, tal como la defienden los modernistas y tal como ha sido expresamente condenada por el Papa San Pío X en el juramento antimodernista.
Dicha actitud evolucionista se revela también a propósito de la Iglesia y de sus estructuras. La primera parte del capítulo 1 del documento lleva como título “la transformación misionera de la Iglesia”. Se presenta al Concilio Vaticano II como el garante de la apertura de la Iglesia a una reforma permanente, puesto que “hay estructuras eclesiales que pueden llegar a condicionar un dinamismo evangelizador” (nº 26).
4) El nº 255 habla de la libertad religiosa como un derecho fundamental del hombre. El Papa menciona allí a Benedicto XVI, su predecesor en la Sede de Pedro, con las siguientes palabras: (la libertad religiosa) “incluye la libertad de elegir la religión que se estima verdadera y de manifestar públicamente la propia creencia.” Semejante declaración se opone claramente a la 15ª proposición del “Syllabus” del Papa Pío IX, en la cual se condena esta afirmación: “Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que juzgue verdadera guiado por la luz de su razón.”
A continuación el nº 255 contradice la doctrina de los Papas desde la Revolución Francesa hasta Pío XII inclusive. El Papa habla de un “sano pluralismo”. ¿Acaso es compatible ese pluralismo con el conocimiento de que el Verbo, segunda Persona del único Dios trinitario verdadero, ha venido al mundo para redimirlo, y que Él es la fuente de todas las gracias y que sólo en Él se encuentra la salvación?
El documento condena también el proselitismo. Hoy en día dicho término se tornó ambiguo. Si se lo comprende como un reclutamiento a favor de la verdadera religión con medios impropios, ciertamente se lo debe rechazar. Sin embargo para la mayoría de nuestro contemporáneos, se considera proselitismo no sólo cualquier actividad misionera sino también cualquier género de reclutamiento o argumentación a favor de la verdadera religión.
5) El concepto de colegialidad desarrollado por el Papa será todavía más funeste para el futuro de la Iglesia. En realidad se debería leer el nº 32 en su integralidad: “Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión [“nueva orientación”, en la versión alemana de la exhortación. NdT] del papado.” El Sumo Pontífice menciona allí la encíclica “Ut unum sint”, del Papa Juan Pablo II, en la cual “el Papa Juan Pablo II pidió que se le ayudara a encontrar una forma del ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva.” Concluye así el Papa Francisco: “Hemos avanzado poco en ese sentido.” ¿Estará decidido, por tanto, a progresar también sobre este punto? Pero ¿cuál es su visión? Lo dice claramente: “Pero este deseo no se realizó plenamente, por cuanto todavía no se ha explicitado suficientemente un estatuto de las Conferencias episcopales que las conciba como sujetos de atribuciones concretas, incluyendo también alguna auténtica autoridad doctrinal.” Según nuestra humilde opinión, una conferencia episcopal nunca puede ser sujeto de una autoridad doctrinal auténtica puesto que no es de institución divina, sino que es solamente una institución plenamente humana, de índole organizacional. El papado en sí es de institución divina, lo mismo cado obispo por sí mismo así como todos los obispos dispersos por el mundo en unión con Pedro, pero no así la conferencia episcopal. Si se prosigue por este camino fatal, la Iglesia se va a desagregar muy rápidamente en Iglesias nacionales.
Leemos en el nº 16: “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones que afectan a la Iglesia y al mundo.” Claro que no podemos esperar que la Iglesia tome posición sobre todas las cuestiones, pero los Papas del pasado siempre proporcionaron los principios de acción para la conducta tanto de los individuos como de la sociedad, y esto es lo que actualmente deberíamos esperar de la enseñanza papal. Cristo instituyó a Pedro para que apaciente al rebaño.
6) Llegamos finalmente al ecumenismo, al diálogo ecuménico e interreligioso. El nº 246 habla de la jerarquía de las verdades. Dicho término ambiguo fue previamente utilizado por el Concilio Vaticano II en su decreto sobre el ecumenismo “Unitatis Redintegratio”, en el nº 11. Seguidamente se intentó poner de lado la verdad católica y disimular lo que pudiera ser ocasión de tropiezo para nuestros “hermanos separados”. En 1982 la Congregación de la Fe intervino y declaró que el término de jerarquía de las verdades no quiere decir que una verdad es menos importante que otra, sino que existen verdades de las cuales se deducen otras verdades parciales. Agradecemos esta clarificación. La fe católica, virtud teologal, exige la aceptación de la verdad integral, en razón de Dios que se revela.
Dicha clarificación proporciona, además, un ejemplo del modo según el cual se podrían rectificar las ambigüedades del Concilio Vaticano II, a excepción de los puntos obviamente erróneos.
7) El final del mismo nº 246 nos invita, a nosotros católicos, a aprender de los ortodoxos el significado de la colegialidad episcopal y de la experiencia de la sinodalidad.
Leemos en el nº 247 que la alianza del pueblo judío con Dios nunca fue suprimida. ¿Acaso dicha alianza no era instituida por Dios a fin de preparar su Encarnación salvífica en la persona de Jesucristo? ¿No era ella una sombra y un modelo que debían dejar el lugar a la realidad: umbram fugat veritas? ¿Acaso la antigua alianza no fue reemplazada por la nueva y eterna Alianza realizada en el Santo Sacrificio de Cristo en el Calvario? ¿No se rasgó el velo del templo de arriba hacia abajo en el momento del Sacrificio del Gólgota? Según la declaración de San Pablo en el capítulo XI de la epístola a los Romanos, una gran parte o incluso la totalidad de los Judíos se convertirán al fin de los tiempos. Ahora bien esto sucederá sólo por medio del reconocimiento de Cristo, único Salvador de todos y de cada uno de los individuos, y por la integración en la Iglesia que reúne a paganos y a judíos convertidos. Fuera de Cristo, no existe otro camino de salvación separado para los Judíos. Además la Iglesia ya asimiló desde hace mucho tiempo los valores del judaísmo del Antiguo Testamento. Recordemos especialmente la oración de los salmos y los libros del Antiguo Testamento. No podemos tampoco hablar de una “rica complementariedad” con el judaísmo contemporáneo.
Los nº 250 a 253 hablan del Islam, y se lee en ellos que el diálogo interreligioso “es una condición necesaria para la paz en el mundo.” En el nº 252, cuando se cita el nº 16 de “Lumen Gentium” del Concilio Vaticano II, se pretende que los musulmanes “confesando adherirse a la fe de Abraham, adoran con nosotros a un Dios único.” ¿Acaso los musulmanes no rechazan expresamente el misterio de Santísima Trinidad, y no nos reprochan ser politeístas por esta razón? El Papa dice además que tienen una profunda veneración hacia Jesucristo y María, usando las palabras de Nostra aetate (nº 3). ¿Acaso veneran verdaderamente a Cristo como el Hijo de Dios, igual a Él en su esencia? Casi parece ser un detalle sin importancia [en el documento romano. NdT]
En el punto siguiente el Papa llega a conclusiones concretas: “Los cristianos deberíamos acoger con afecto y respeto a los inmigrantes del Islam que llegan a nuestros países, del mismo modo que esperamos y rogamos ser acogidos y respetados en los países de tradición islámica.” Este párrafo termina con una afirmación falsa y escandalosa: “Frente a episodios de fundamentalismo violento que nos inquietan, el afecto hacia los verdaderos creyentes del Islam debe llevarnos a evitar odiosas generalizaciones, porque el verdadero Islam y una adecuada interpretación del Corán se oponen a toda violencia.” ¿El Santo Padre habrá leído el Corán alguna vez?
En el nº 254 se plantea el asunto de los no-cristianos en general y el hecho de que los signos y ritos de ellos “pueden ser cauces que el mismo Espíritu suscite para liberar a los no cristianos del inmanentismo ateo o de experiencias religiosas meramente individuales.” ¿Esto acaso no significa que el Espíritu Santo obra en todas las religiones no-cristianas y que todas son caminos de salvación? La fe del Islam en un único Dios verdadero es ciertamente –si se habla de manera abstracta– superiora al politeísmo de los paganos. Pedagógica y psicológicamente , sin embargo, es mucho más fácil convertir a un pagano que convertir a un musulmán, puesto que este último resulta integrado en un sistema socio-religioso: salir de este sistema pone su vida en peligro. Pero las religiones no-cristianas no son de ninguna manera caminos neutros de veneración de Dios, puesto que con demasiada frecuencia se encuentran mezcladas con elementos demoníacos que impiden que el hombre alcance la gracia de Cristo, que se haga bautizar y así salve su alma.
Nada hizo tanto daño al cuidado y a la transmisión de la fe durante los últimos cincuenta años como este ecumenismo desbordante, que no es sino “la dictadura del relativismo” religioso (Cardenal Ratzinger). Ese mal hizo desaparecer la definición de la Iglesia como Cuerpo místico de Cristo, única Esposa del Cordero sacrificado y único camino de salvación. Ese ecumenismo, precisamente, transformó la Iglesia misionera en una comunidad “dialogadora” ecuménica entre otras comunidades religiosas.
En el contexto de tal ecumenismo, llamar a la Iglesia a la alegría del Evangelio y querer transformarla en una Iglesia misionera es bastante trágico-cómico. ¿Cómo puede ella pensar y obrar de una manera misionera mientras no cree en su propia identidad y en su misión?
Conclusión
Si bien la Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” encierra aspectos justos, a modo de semillas dispersas, en su conjunto sin embargo no es sino un desarrollo consecutivo del Concilio Vaticano II, en sus conclusiones más inaceptables. No encontramos en este documento “caminos para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (nº 1) sino más bien otro paso funeste hacia el declive de la Iglesia, la descomposición de su doctrina, la disolución de sus estructuras e incluso la extinción de su espíritu misionero –si bien se lo menciona repetidas veces–. De este modo “Evangelii Gaudium” se vuelve Dolor fidelium, una angustia y un dolor para los fieles.
Los católicos aficionados a la Tradición de la Iglesia deben seguir el lema del pontificado de San Pío X: Instaurare omnia in Christo, Instaurarlo todo en Cristo. Este es el único camino, la única vía “para la marcha de la Iglesia en los próximos años” (nº 1). Refugiémonos, por tanto, con el Rosario diario cerca de Aquella que venció todas las herejías en el mundo.
Padre Franz Schmidberger
Director del Seminario Herz Jesu de Zaitzkofen (Alemania)
Tomado de www.fsspx-sudamerica.org
Fuente. DICI. http://www.dici.org

miércoles, 18 de diciembre de 2013

PROCESIÓN DE LA INMACULADA EN BUENOS AIRES

PROCESIÓN DE LA INMACULADA
EN BUENOS AIRES

Domingo 8 de diciembre de 2013




La Inmaculada Concepción…




…llevada en andas por miembros de la Cofradía del Carmen




Miembros de la Cofradia de Acólitos “San Esteban”






Niños de Primera Comunión




Promediando la procesión




Participantes y devotos de María




Guardia de honor en la detención




Incensación de la imagen






Alocución del Rev. Padre Carlos Herrera




La imagen, de regreso al Priorato




Vista frontal de los procesionantes




Últimos instantes previos a la llegada

jueves, 12 de diciembre de 2013

CRUZADA DE ROSARIOS 2014


FSSPX - CARTA A LOS AMIGOS Y BENEFACTORES Nº 81


CARTA A LOS AMIGOS
Y BENEFACTORES
Nº 81
 

       Queridos amigos y benefactores: En este fin de año conviene echar una mirada sobre los principales acontecimientos de la Iglesia y de la Fraternidad para sacar las lecciones que nos permitirán contribuir al progreso del reino de Nuestro Señor Jesucristo.
En este análisis de la situación actual no olvidaremos que “todo está en las manos” de la divina Providencia, que, sin disminuir la libertad de los hombres, dispone infaliblemente todas las cosas para que cooperen al bien de los que aman a Dios (cf. Rom. 8, 28). Por ende, esto no nos dispensa en nada de nuestras obligaciones, ¡todo lo contrario! ¡“La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto”! (Jn. 15, 8)
Me parece que es necesario evocar una vez más la dimisión del Papa Benedicto XVI y la elección de su sucesor, el Papa Francisco. El soberano pontífice venido de Argentina se presentó desde los primeros días como muy diferente de todo lo que habíamos visto hasta ahora. La reciente Exhortación apostólica Evangelii gaudium ilustra (…) lo difícil que es comprender a una persona que no encaja en los cánones acostumbrados, que no duda en formular críticas vehementes y repetidas al mundo contemporáneo y a la Iglesia moderna. Enuncia muchos verdaderos problemas; pero podemos preguntarnos sobre la eficacia de las medidas preconizadas y dudar de su realización. No es fácil curar un enfermo moribundo, ¡y ciertos tratamientos más revolucionarios todavía que los empleados a tal efecto podrían acabar con él! No les ocultamos nuestros temores respecto del futuro de la Iglesia según una vista humana. Creemos firmemente en la asistencia del Espíritu Santo prometida a la Esposa de Cristo, pero sabemos que ella no impide que los hombres de Iglesia puedan realmente perder las almas conduciéndolas al infierno.
A primera vista, no se podría decir que los meses transcurridos del nuevo pontificado hayan mejorado esta situación.
Al par que conservamos la esperanza de que un reencauzamiento auténticamente inspirado por Dios sucederá algún día, la realidad de los sufrimientos espirituales de la Iglesia militante se mantiene como tal. ¡Muchos de sus miembros ignoran hasta lo que se pone en juego en sus vidas! A comienzos del siglo XX San Pío X decía que la primera causa de la pérdida de las almas era la ignorancia religiosa, el desconocimiento de las verdades de la fe. Esto se ha agravado tanto por la disminución del número de sacerdotes, que se hace sentir gravemente no sólo en Europa y en otras partes, como por la formación dispensada en los seminarios. El cambio de Papa no ha modificado en nada esta situación desastrosa, y la reafirmación de las lamentables orientaciones del Concilio Vaticano II nos hacen temer que como las mismas causas producen los mismos efectos, la situación global de la Iglesia católica siga siendo dramática, y que no tenga visos de mejorar. Las canonizaciones de los dos papas estrechamente ligados al desarrollo y a la aplicación del Concilio Vaticano II no arreglarán las cosas. Además, los recientes anuncios de la descentralización del poder pontificio – de su dilución en una colegialidad mayor –, aplaudidos por los peores modernistas, como Hans Küng, no hacen sino aumentar nuestros temores para el futuro.
En medio de estas preocupaciones, el bien de la Iglesia toda debe permanecer caro a todo corazón católico. Los progresos de nuestra Fraternidad cuya realización nos está a la vista, son una causa de alegría y de acción de gracias y la prueba en los hechos de que la fidelidad a la fe y a la disciplina tradicional produce siempre los frutos benditos de la gracia.
Los 43 nuevos seminaristas ingresados en octubre en nuestros seminarios del hemisferio norte y los aproximadamente 120 seminaristas en formación en nuestras casas, son una verdadera consolación. En los Estados Unidos avanza mes a mes la construcción de un nuevo seminario más grande y más bello en Virginia. Si todo va bien, a partir de 2015 esta casa abrirá sus puertas para continuar la obra de formación sacerdotal tan necesaria, que se lleva a cabo actualmente en Winona, Minnesota.
Durante este tiempo nuestros queridos sacerdotes recorren el mundo hacia nuevos fieles que nos descubren y nos piden ayuda. Los sacerdotes nombrados en América Central y en África no bastan para las misiones que hemos establecido en Costa Rica, Honduras, Nicaragua, El Salvador; en África, Gana, Tanzania, Zambia, Uganda reciben la visita regular de nuestros misioneros, pero ello es tan poco para saciar la sed espiritual de tantas y tantas almas… ¡Señor, danos sacerdotes!
En un mundo cada vez más hostil a la observancia de los mandamientos de Dios, debemos preocuparnos verdaderamente por formar almas bien templadas, que tomen en serio su santificación y su salvación. Eso nos conduce naturalmente a dar una gran importancia a nuestros colegios y a su desarrollo. En estas obras de formación invertimos la mayor parte de nuestros recursos y energías, tanto humanas como materiales. En el mundo entero sacerdotes y religiosos se consagran a la tarea magnífica de la educación y de la enseñanza católicas en más de un centenar de establecimientos.
Bien conscientes, queridos fieles, que la salvación de un alma se prepara desde la cuna, luchamos con todas nuestras fuerzas para conservar el tesoro del hogar católico, foco de santidad en medio de un mundo decadente que sólo puede conducir las almas al infierno. Sopesamos bien y compartimos las preocupaciones de los padres de familia, que han comprendido que la salvación de las almas de sus hijos no tiene precio. Sí, hay que estar dispuesto a sacrificar todos los bienes temporales – hasta a dar su propia vida –, para asegurar la eternidad bienaventurada de un alma.
Sabemos que hay algo de sobrehumano en lo que se pide a un católico hoy en día. El apoyo tradicional que antaño se podía encontrar en la organización cristiana de la sociedad temporal es ahora inexistente. En todas partes vemos una vorágine de errores en el ámbito de la fe – hasta la herejía –, un relajamiento de la moral – en particular por el abandono de las leyes del matrimonio y de la familia –, y una tibieza sin precedente de la vida cristiana. La nueva liturgia deja muchas almas exangües… ¡Jerusalem desolata est! También en este ámbito, las obras de la Fraternidad son como un oasis en el desierto, como islotes en medio de un mar hostil.
En este contexto dramático nos parece muy necesario lanzar una nueva cruzada en el mismo espíritu que las precedentes, teniendo ante nuestros ojos los pedidos y las promesas del Corazón Inmaculado de María tal como fueron expresadas en Fátima, pero insistiendo sobre todo en esta oportunidad sobre su carácter universal. Debemos poner todo nuestro corazón, toda nuestra alma en esta nueva cruzada: no debemos contentarnos con la recitación diaria del rosario, sino que debemos cumplir cuidadosamente el segundo punto pedido por nuestra Señora, que es la penitencia. Oración y penitencia. Penitencia, entendida ciertamente como la aceptación de ciertas renuncias, pero sobre todo como la realización fidelísima de nuestro deber de estado.
Por eso esta cuarta cruzada se apoyará sobre aquella querida por Mons. Marcel Lefebvre desde 1979. Una cruzada centrada en la santa Misa que es la fuente de toda gracia, de toda virtud. En el sermón de su jubileo sacerdotal, en Paris, nos llamaba con fuerza a esta triple cruzada: cruzada de los jóvenes, cruzada de las familias, cruzada de los jefes de familia para una civilización cristiana.
Nuestro venerado fundador declaraba entonces: “Creo que puedo decir que debemos hacer una cruzada apoyada en el santo Sacrificio de la Misa, en la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, apoyada en esa roca invencible y en esta fuente inagotable de gracias que es el santo Sacrificio de la Misa. (…) Necesitamos una cruzada, una cruzada basada precisamente en esta noción de sacrificio, para recrear la cristiandad, reconstruir una cristiandad tal como la Iglesia la quiere, tal como lo ha hecho, siempre con los mismos principios, el mismo sacrificio de la misa, los mismos sacramentos, el mismo catecismo, la misma Sagrada Escritura. Debemos recrear esta cristiandad; vosotros, mis queridos hermanos, sois la sal de la tierra, la luz del mundo, a vosotros se dirige Nuestro Señor cuando dice: «No desperdiciéis el fruto de mi Sangre, no abandonéis mi Calvario, no abandonéis mi Sacrificio». Y la Virgen María, que está al pie de la Cruz, os lo dice también. Ella, que tiene el corazón traspasado, colmado de sufrimientos y de dolores, y al mismo tiempo lleno de alegría por unirse al Sacrificio de su divino Hijo, ella os dice también: «¡Seamos cristianos, seamos católicos!»”
Mons. Lefebvre definía el rol que cada uno –jóvenes, familias, jefes de familia – debía tener en esta cruzada:
“Si queremos ir al cielo debemos seguir a Nuestro Señor Jesucristo, cargar nuestra cruz y seguir a nuestro Señor Jesucristo, imitarlo en su Cruz, en su sufrimiento, en su sacrificio. Así pues, exhorto a los jóvenes, a los jóvenes que están aquí, en esta sala, a pedir a los sacerdotes que les expliquen estas cosas tan hermosas, tan grandes, para que elijan su vocación, y que en todas las vocaciones que pueden elegir, ya sean sacerdotes, religiosos o casados, abracen la Cruz de nuestro Señor. Si desean formar una familia por el sacramento del matrimonio y por tanto en la Cruz de Jesucristo y en la Sangre de Jesucristo, casados bajo la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, comprendan la grandeza del matrimonio y que se preparen dignamente a él por la pureza, la castidad, por la oración, por la reflexión. Que no se dejen llevar por tantas pasiones que agitan el mundo. ¡Cruzada de jóvenes que deben buscar el verdadero ideal!
“¡Cruzada también de las familias cristianas! Familias cristianas que estáis aquí, consagraos al corazón de Jesús, al Corazón Eucarístico de Jesús, al Corazón Inmaculado de María. ¡Rezad en familia! Bien sé que muchos entre vosotros lo hacéis, ¡pero que haya cada vez más familias que recen con fervor! ¡Que Nuestro Señor reine verdaderamente en vuestros hogares! (…)
“Por último, cruzada de los jefes de familia. Vosotros, jefes de familia, tenéis una grave responsabilidad en vuestro país. (…) Acabáis de cantar «¡Christus vincit, Christus regnat, Christus imperat!» ¿Se trata de palabras? ¿Tan sólo de palabras? ¿Palabras y cantos? ¡No! Debe ser una realidad. Jefes de familia, vosotros sois los responsables de ello, para vuestros hijos, para las generaciones que seguirán. Debéis organizaros, reuniros, cooperar para lograr que Francia [vuestra nación] vuelva a ser cristiana, católica. No es imposible, o entonces hay que decir que la gracia del santo Sacrificio de la misa no es más la gracia, que Dios no es más Dios, que Nuestro Señor Jesucristo no es más Nuestro Señor Jesucristo. Hay que confiar en la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, pues Nuestro Señor es todopoderoso. Yo he visto esta gracia en acción en África, no hay razón para que no actúe también aquí, en nuestros países”.
Luego, dirigiéndose de manera especial a sus sacerdotes, Mons. Lefebvre les pedía: “Y vosotros, queridos sacerdotes que me escucháis, haced también una unión sacerdotal profunda para difundir esta cruzada para que Nuestro Señor reine. Y para ello debéis ser santos, debéis buscar la santidad, mostrar esa santidad, esa gracia que obra en vuestras almas y en vuestros corazones, esa gracia que recibís por el sacramento de la Eucaristía y por la santa Misa que ofrecéis. Sólo vosotros podéis ofrecerla.”
Animados por estas palabras vibrantes de nuestro fundador, todos los miembros de la Fraternidad formarán con vosotros, queridos fieles, una gran cruzada por nuestro Señor y su reino, por nuestra Señora y el triunfo de su Corazón Inmaculado. Cuando el enemigo es declarado, según la expresión del Apocalipsis, debemos responder a sus ataques de manera proporcionada. ¡Dios lo quiere!
Os exhortamos, pues, a tener un espíritu de cruzada permanente, atendiendo a la conveniencias humanas, haremos comenzar oficialmente esta nueva cruzada del rosario el 1° de enero de 2014 para concluirla en la fiesta de Pentecostés (8 de junio de 2014), con el objetivo de reunir un ramillete espiritual de cinco millones de rosarios en reparación por los ultrajes infringidos al honor de nuestra Señora, a su Corazón de Virgen y de Madre de Dios.
Confiamos a su bondad maternal vuestras penas y vuestras alegrías, vuestras preocupaciones y vuestras esperanzas, para que Ella os guarde fieles a la Iglesia, hasta el cielo.
+ Bernard FELLAY
En la fiesta de San Nicolás, 6 de diciembre de 2013.