jueves, 3 de febrero de 2011

Pelicula: San Antonio de Padua






BIOGRAFÍA
San Antonio nació en Portugal, pero adquirió el apellido por el que lo conoce el mundo, de la ciudad italiana de Padua, donde murió y donde todavía se veneran sus reliquias.
León XIII lo llamó "el santo de todo el mundo", porque su imagen y devoción se encuentran por todas partes.
Llamado "Doctor Evangélico". 
Escribió sermones para todas las fiestas del año

"El gran peligro del cristiano es predicar y no practicar, creer pero no vivir de acuerdo con lo que se cree" -San Antonio
 "Era poderoso en obras y en palabras.  Su cuerpo habitaba esta tierra pero su alma vivía en el cielo" -un biógrafo de ese tiempo.  
Patrón de mujeres estériles, pobres, viajeros, albañiles, panaderos y papeleros. Se le invoca por los objetos perdidos y para pedir un buen esposo/a.  Es verdaderamente extraordinaria su intercesión.

Vino al mundo en el año 1195 y se llamó Fernando de Bulloes y Taveira de Azevedo, nombre que cambió por el de Antonio al ingresar en la orden de Frailes Menores, por la devoción al gran patriarca de los monjes y patrones titulares de la capilla en que recibió el hábito franciscano. Sus padres, jóvenes miembros de la nobleza de Portugal, dejaron que los clérigos de la Catedral de Lisboa se encargaran de impartir los primeros conocimientos al niño, pero cuando éste llegó a la edad de quince años, fue puesto al cuidado de los canónigos regulares de San Agustín, que tenían su casa cerca de la ciudad. Dos años después, obtuvo permiso para ser trasladado al priorato de Coimbra, por entonces capital de Portugal, a fin de evitar las distracciones que le causaban las constantes visitas de sus amistades.  
No le faltaron las pruebas. En la juventud fue atacado duramente por las pasiones sensuales. Pero no se dejó vencer y con la ayuda de Dios las dominó. El se fortalecía visitando al Stmo. Sacramento. Además desde niño se había consagrado a la Stma. Virgen y a Ella encomendaba su pureza.  
Una vez en Coimbra, se dedicó por entero a la plegaria y el estudio; gracias a su extraordinaria memoria retentiva, llegó a adquirir, en poco tiempo, los más amplios conocimientos sobre la Biblia. En el año de 1220, el rey Don Pedro de Portugal regresó de una expedición a Marruecos y trajo consigo las reliquias de los santos frailes-franciscanos que, poco tiempo antes habían obtenido allá un glorioso martirio.Fernando que por entonces había pasado ocho años en Coimbra, se sintió profundamente conmovido a la vista de aquellas reliquias y nació en lo íntimo de su corazón el anhelo de dar la vida por Cristo. 
Poco después, algunos frailes franciscanos llegaron a hospedarse en el convento de la Santa Cruz, donde estaba Fernando; éste les abrió su corazón y fue tan empeñosa su insistencia, que a principio de 1221, se le admitió en la orden. Casi inmediatamente después, se le autorizó para embarcar hacia Marruecos a fin de predicar el Evangelio a los moros. Pero no bien llegó a aquellas tierras donde pensaba conquistar la gloria, cuando fue atacado por una grave enfermedad (hidropesía),que le dejó postrado e incapacitado durante varios meses y, a fin de cuentas, fue necesario devolverlo a Europa. La nave en que se embarcó, empujada por fuertes vientos, se desvió y fue a parar en Messina, la capital de Sicilia.  Con grandes penalidades, viajó desde la isla a la ciudad de Asís donde, según le habían informado sus hermanos en Sicilia, iba a llevarse a cabo un capítulo general. Aquella fue la gran asamblea de 1221, el último de los capítulos que admitió la participación de todos los miembros de la orden; estuvo presidido por el hermano Elías como vicario general y San Francisco, sentado a sus pies, estaba presente.  Indudablemente que aquella reunión impresionó hondamente al joven fraile portugués.Tras la clausura, los hermanos regresaron a los puestos que se les habían señalado, y Antonio fue a hacerse cargo de la solitaria ermita de San Paolo, cerca de Forli.  Hasta ahora se discute el punto de si, por aquel entonces, Antonio era o no sacerdote; pero lo cierto es que nadie ha puesto en tela de juicio los extraordinarios dones intelectuales y espirituales del joven y enfermizo fraile que nunca hablaba de sí mismo. Cuando no se le veía entregado a la oración en la capilla o en la cueva donde vivía, estaba al servicio de los otros frailes, ocupado sobre todo en la limpieza de los platos y cacharros, después del almuerzo comunal.
Mas no estaban destinadas a permanecer ocultas las claras luces de su intelecto. Sucedió que al celebrarse una ordenación en Forli, los candidatos franciscanos y dominicos se reunieron en el convento de los Frailes Menores de aquella ciudad. Seguramente a causa de algún malentendido, ninguno de los dominicos había acudido ya preparado a pronunciar la acostumbrada alocución durante la ceremonia y, como ninguno de los franciscanos se sentía capaz de llenar la brecha, se ordenó a San Antonio, ahí presente, que fuese a hablar y que dijese lo que el Espíritu Santo le inspirara. El joven obedeció sin chistar y, desde que abrió la boca hasta que terminó su improvisado discurso, todos los presentes le escucharon como arrobados, embargados por la emoción y por el asombro, a causa de la elocuencia, el fervor y la sabiduría de que hizo gala el orador. En cuanto el ministro provincial tuvo noticias sobre los talentos desplegados por el joven fraile portugués, lo mandó llamar a su solitaria ermita y lo envió a predicar a varias partes de la Romagna, una región que, por entonces, abarcaba toda la Lombardía.  En un momento, Antonio pasó de la oscuridad a la luz de la fama y obtuvo, sobre todo, resonantes éxitos en la conversión de los herejes, que abundaban en el norte de Italia, y que, en muchos casos, eran hombres de cierta posición y educación, a los que se podía llegar con argumentos razonables y ejemplos tomados de las Sagradas Escrituras.
En una ocasión, cuando los herejes de Rímini le impedían al pueblo acudir a sus sermones, San Antonio se fue a la orilla del mar y empezó a gritar:  "Oigan la palabra de Dios, Uds. los pececillos del mar, ya que los pecadores de la tierra no la quieren escuchar".  A su llamado acudieron miles y miles de peces que sacudían la cabeza en señal de aprobación.  Aquel milagro se conoció y conmovió a la ciudad, por lo que los herejes tuvieron que ceder.
A pesar de estar muy enfermo de hidropesía, San Antonio predicaba los 40 días de cuaresma. La gente presionaba para tocarlo y le arrancaban pedazos del hábito, hasta el punto que hacía falta designar un grupo de hombres para protegerlo después de los sermones.  
Además de la misión de predicador, se le dio el cargo de lector en teología entre sus hermanos.  Aquella fue la primera vez que un miembro de la Orden Franciscana cumplía con aquella función.  En una carta que, por lo general, se considera como perteneciente a San Francisco, se confirma este nombramiento con las siguientes palabras: "Al muy amado hermano Antonio, el hermano Francisco le saluda en Jesucristo. Me complace en extremo que seas tú el que lea la sagrada teología a los frailes, siempre que esos estudios no afecten al santo espíritu de plegaria y devoción que está de acuerdo con nuestra regla". Sin embargo, se advirtió cada vez con mayor claridad que, la verdadera misión del hermano Antonio estaba en el púlpito. Por cierto que poseía todas las cualidades del predicador: ciencia, elocuencia, un gran poder de persuasión, un ardiente celo por el bien de las almas y una voz sonora y bien timbrada que llegaba muy lejos.  Por otra parte, se afirmaba que estaba dotado con el poder de obrar milagros y, a pesar de que era de corta estatura y con cierta inclinación a la corpulencia, poseía una personalidad extraordinariamente atractiva, casi magnética. A veces, bastaba su presencia para que los pecadores cayesen de rodillas a sus pies; parecía que de su persona irradiaba la santidad. A donde quiera que iba, las gentes le seguían en tropel para escucharle, y con eso había para que los criminales empedernidos, los indiferentes y los herejes, pidiesen confesión. Las gentes cerraban sus tiendas, oficinas y talleres para asistir a sus sermones; muchas veces sucedió que algunas mujeres salieron antes del alba o permanecieron toda la noche en la iglesia, para conseguir un lugar cerca del púlpito. Con frecuencia, las iglesias eran insuficiente para contener a los enormes auditorios y, para que nadie dejara de oírle, a menudo predicaba en las plazas públicas y en los mercados. Poco después de la muerte de San Francisco, el hermano Antonio fue llamado, probablemente con la intención de nombrarle ministro provincial de la Emilia o la Romagna. En relación con la actitud que asumió el santo en las disensiones que surgieron en el seno de la orden, los historiadores modernos no dan crédito a la leyenda de que fue Antonio quien encabezó el movimiento de oposición al hermano Elías y a cualquier desviación de la regla original; esos historiadores señalan que el propio puesto de lector en teología, creado para él, era ya una innovación. Más bien parece que, en aquella ocasión, el santo actuó como un enviado del capítulo general de 1226 ante el Papa, Gregorio IX, para exponerle las cuestiones que hubiesen surgido, a fin de que el Pontífice manifestara su decisión. En aquella oportunidad, Antonio obtuvo del Papa la autorización para dejar su puesto de lector y dedicarse exclusivamente a la predicación.El Pontífice tenía una elevada opinión sobre el hermano Antonio, a quien cierta vez llamó "el Arca de los Testamentos", por los extraordinarios conocimientos que tenía de las Sagradas Escrituras.
 Desde aquel momento, el lugar de residencia de San Antonio fue Padua, una ciudad donde anteriormente había trabajado, donde todos le amaban y veneraban y donde, en mayor grado que en cualquier otra parte, tuvo el privilegio de ver los abundantísimos frutos de su ministerio.  Porque no solamente escuchaban sus sermones multitudes enormes, sino que éstos obtuvieron una muy amplia y general reforma de conducta. Las ancestrales disputas familiares se arreglaron definitivamente, los prisioneros quedaron en libertad y muchos de los que habían obtenido ganancias ilícitas las restituyeron, a veces en público, dejando títulos y dineros a los pies de San Antonio, para que éste los devolviera a sus legítimos dueños. Para beneficio de los pobres, denunció y combatió el muy ampliamente practicado vicio de la usura y luchó para que las autoridades aprobasen la ley que eximía de la pena de prisión a los deudores que se manifestasen dispuestos a desprenderse de sus posesiones para pagar a sus acreedores.  Se dice que también se enfrentó abiertamente con el violento duque Eccelino para exigirle que dejase en libertad a ciertos ciudadanos de Verona que el duque había encarcelado. A pesar de que no consiguió realizar sus propósitos en favor de los presos, su actitud nos demuestra el respeto y la veneración de que gozaba, ya que se afirma que el duque le escuchó con paciencia y se le permitió partir, sin que nadie le molestara.
Después de predicar una serie de sermones durante la primavera de 1231, la salud de San Antonio comenzó a ceder y se retiró a descansar, con otros dos frailes, a los bosques de Camposampiero.  Bien pronto se dio cuenta de que sus días estaban contados y entonces pidió que le llevasen a Padua. No llegó vivo más que a los aledaños de la ciudad.  El 13 de junio de 1231, en la habitación particular del capellán de las Clarisas Pobres de Arcella recibió los últimos sacramentos. Entonó un canto a la Stma. Virgen y sonriendo dijo:  "Veo venir a Nuestro Señor" y murió.  Era el 13 de junio de 1231.  La gente recorría las calles diciendo: "¡Ha muerto un santo! ¡Ha muerto un santo!.Al morir tenía tan sólo treinta y cinco años de edad.  Durante sus funerales se produjeron extraordinarias demostraciones de la honda veneración que se le tenía.  Los paduanos han considerado siempre sus reliquias como el tesoro más preciado. 
San Antonio fue canonizado antes de que hubiese transcurrido un año de su muerte; en esa ocasión, el Papa Gregorio IX pronunció la antífona "O doctor optime" en su honor y, de esta manera, se anticipó en siete siglos a la fecha del año 1946, cuando el Papa Pío XII declaró a San Antonio "Doctor de la Iglesia".
Se le llama el "Milagroso San Antonio" por ser interminable lista de favores y beneficios que ha obtenido del cielo para sus devotos, desde el momento de su muerte.  Uno de los milagros mas famosos de su vida es el de la mula: Quiso uno retarle a San Antonio a que probase con un milagro que Jesús está en la Santa Hostia. El hombre dejó a su mula tres días sin comer, y luego cuando la trajo a la puerta del templo le presentó un bulto de pasto fresco y al otro lado a San Antonio con una Santa Hostia.  La mula dejó el pasto y se fue ante la Santa Hostia y se arrodilló.
Iconografía: Por regla general, a partir del siglo XVII, se ha representado a San Antonio con el Niño Jesús en los brazos; ello se debe a un suceso que tuvo mucha difusión y que ocurrió cuando San Antonio estaba de visita en la casa de un amigo. En un momento dado, éste se asomó por la ventana y vio al santo que contemplaba, arrobado, a un niño hermosísimo y resplandeciente que sostenía en sus brazos. En las representaciones anteriores al siglo XVII aparece San Antonio sin otro distintivo que un libro, símbolo de su sabiduría respecto a las Sagradas Escrituras.  En ocasiones se le representó con un lirio en las manos y también junto a una mula que, según la leyenda, se arrodilló ante el Santísimo Sacramento que mostraba el santo; la actitud de la mula fue el motivo para que su dueño, un campesino escéptico, creyese en la presencia real. 
San Antonio es el patrón de los pobres y, ciertas limosnas especiales que se dan para obtener su intercesión, se llama "pan de San Antonio"; esta tradición comenzó a practicarse en 1890.  No hay ninguna explicación satisfactoria sobre el motivo por el que se le invoca para encontrar los objetos perdidos, pero es muy posible que esa devoción esté relacionada con un suceso que se relata entre los milagros, en la "Chronica XXIV Generalium" (No. 21):  un novicio huyó del convento y se llevó un valioso salterio que utilizaba San Antonio; el santo oró para que fuese recuperado su libro y, al instante, el novicio fugitivo se vio ante una aparición terrible y amenazante que lo obligó a regresar al convento y devolver el libro.
En Padua hay una magnífica basílica donde se veneran sus restos mortales.
 
BIBLIOGRAFÍA
Butler, Vida de los Santos.Salesman, P. Eliécer,  Vidas de los Santos.
Sgarbossa, Mario y Luigi Giovannini - 
Un Santo Para Cada Día

NOVENA A SAN ANTONIOEs famoso por sus milagros
San Antonio obtenme de la Misericordia de Dios esta gracia que deseo (mencione el favor que pide).
Como tú eres tan bondadoso con los pobres pecadores, no mires mi falta de virtud antes bien considera la Gloria de Dios que será una vez más ensalzada por ti al concederme la petición que yo ahora encarecidamente hago. 
Glorioso San Antonio de los milagros, padre de los pobres y consuelo de los afligidos, te pido ayuda. Has venido a mi auxilio con tan amable solicitud y me has aliviado tan generosamente que me siento agradecido de corazón. 
Acepta esta ofrenda de mi devoción y amor.
Renuevo la seria promesa de vivir siempre amando a Dios y al prójimo.
Continúa defendiéndome benignamente con tu protección y obtenme la gracia de poder un día entrar el Reino de los Cielos, donde cantaré enteramente las misericordias del Señor. Amen.

ORACIÓN DE LIBERACIÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA

Haciendo la señal de la cruz dirás con mucho fervor:

He aquí la Cruz del Señor,+
Huid, potestades enemigas:+
El león Judà, descendiente de David,+
Ha vencido. Aleluya.

Este exorcismo usado frecuentemente por San Antonio es muy eficaz contra las tentaciones del demonio, como lo prueban muchísimos ejemplos. Constituyen esas palabras el breve o carta de San Antonio que él mismo escribió y entregó a una devota suya para librarla de una fuerte y tenaz tentación. 
Oración
A ti, Antonio, dechado de amor a Dios y a los hombres que tuviste la dicha de estrechar entre tus brazos al Niño-Dios, a ti lleno de confianza, recurro en la presente tribulación que me acongoja………….

Te pido también por mis hermanos más necesitados, por los que sufren, por los oprimidos, por los marginados, por los que hoy más necesiten de tu protección.
Haz que nos amemos todos como hermanos, que en el mundo haya amor y no odios. Ayúdanos a vivir el mensaje cristiano.
Tú, en presencia ya del Señor, no ceses de interceder por El, con El, y en El, a favor nuestro ante El Padre. Amén.

TRECE MARTES EN HONOR DEL GLORIOSO
SAN ANTONIO DE PADUA.

Os ruego bendito San Antonio, que me hagáis partícipe de las incontables misericordias que concedéis a cuantos os invocan con devoción y confianza.

Martes 1.- Amoroso San Antonio, que despreciasteis las vanidades del mundo, haced que ame a Dios y me dedique a las cosas de su servicio. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 2.-Angélico San Antonio, lirio de incontable pureza, logradme del Señor que venza todas las tentaciones. (Padre Nuestro y Avemaría). 


Martes 3.- Bendito San Antonio, amigo de la penitencia, alcanzadme que con voluntarios sacrificios, satisfaga por mis faltas. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 4.- Admirable San Antonio, espejo de obediencia, obtenedme que sepa conformarme a la voluntad de Dios. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 5.- Serenísimo San Antonio, joya de pobreza, atended por amor de Jesús y de Maria a mí y a los necesitados.(Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 6.- Compasivo San Antonio, ejemplo de humildad, alcanzadme la firme sujeción a la iglesia y a todo superior. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 7.- Amable San Antonio, consolador de los afligidos, rogad por cuantos sufren para que se vean libres de sus males o se resignen en su desgracia. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 8.- Celoso San Antonio, defensor de la inocencia y castigador del vicio, alcanzadme que os sea agradable. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 9.- Amantísimo San Antonio, horno de ardiente caridad, alcanzadme vivas ansias de trabajar por la gloria del Señor. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 10.- Incomparable San Antonio, lumbrera que ilumina a los pecadores, obtenedme que jamás ofenda a Dios. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 11.- Inocente San Antonio, celador de la justicia, libradme de las asechanzas del demonio, y de todo mal. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 12.- Perfectísimo San Antonio, que hacèi hallar las cosas perdidas, obtenedme que lleve mi cruz y gane el cielo. (Padre Nuestro y Avemaría).

Martes 13.- Santísimo y muy generosísimo San Antonio. Sembrador de milagros, pretejedme con vuestra intercesión en todo el curso de mi vida. (Padre Nuestro y Avemaría).


Oración final para todos los martes.

Caritativo protector de los que a vos acuden, ya que habéis recibido el don de hacer milagros, trabajad en el de mi conversión, alejad de mí y de todos los que me son queridos, las enfermedades, las adversidades, y las desgracias, y por la virtud de vuestras oraciones, atraed sobre mí y todos los míos las bendiciones del cielo. Amén.

LETANÍA DE SAN ANTONIO(como devoción privada)
Señor ten piedad.
Cristo ten piedad.
Señor ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Santa María, ruega por nosotros.
San Francisco, San Antonio de Padua gloria de la orden de frailes menores, mártir en el deseo de morir por Cristo, Columna de la Iglesia,Digno sacerdote de Dios, Predicador apostólico, Maestro de la verdad, Vencedor de herejes, Terror de los demonios,
Consuelo de los afligidos,
Auxilio de los necesitados,
Guía de los extraviados,
Restaurador de las cosas perdidas,
Intercesor escogido,
Constante obrador de milagros,
Sé propicio, perdónanos, Señor,
Sé propicio, escúchanos, Señor,
De todo mal, líbranos, Señor,
De todo pecado,
De todo peligro de alma y cuerpo,
De los lazos del demonio,
De la peste, hambre y guerra,
De la muerte eterna,
Por los méritos de San Antonio,
Por su celo en la conversión de los pecadores, Por su deseo de la corona del martirio,
Por sus fatigas y trabajos, Por su predicación y doctrina,
Por sus lagrimas de penitencia,
Por su paciencia y humildad,
Por su gloriosa muerte,
Por sus numerosos prodigios, En el día del juicio, Nosotros pecadores, te rogamos, óyenos, Que nos guíes por caminos de verdadera penitencia,
Que nos concedas paciencia en los sufrimientos,
Que nos asistas en las necesidades,
Que oigas nuestras oraciones y peticiones,
Que enciendas en nosotros el fuego de tu amor,
Que nos concedas la protección y la intercesión de San Antonio, Hijo de Dios,
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor
Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo, ten piedad de nosotros
Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos.
V. Ruega por nosotros oh bienaventurado San Antonio, R. Para que seamos dignos de las promesas de Cristo. Oremos: Dios
Todopoderoso y eterno, Glorificaste a tu fiel confesor Antonio con el don constante de hacer milagros. Concédenos que cuanto pedimos confiadamente por sus méritos estemos ciertos de recibirlo por su intercesión. Te lo pedimos en nombre de Jesús, el Señor.R.  Amen.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación de la Santísima Virgen - Procesión de la “Candelaria”

2 de febrero
La fiesta del 2 de febrero celebra, al mismo tiempo, la Presentación de Jesús en el Templo y la Purificación de la Santísima Virgen, 40 días después del nacimiento del Salvador. Se halla, pues unida al misterio de Navidad.
La ceremonia de la bendición post partum, que ha sustituido a esta costumbre judía, no es ni la purificación de la madre ni la presentación del niño, sino una bendición de la madre y una acción de gracias por el niño.
Es una fiesta de luz. Por su simbolismo, la procesión de la “Candelaria”, procesión de las candelas, evoca la manifestación de Cristo, luz del mundo, recibido en el Templo por el anciano Simeón como el enviado de Dios, “luz para iluminar a las gentes y gloria de Israel, su pueblo”. El Templo, centro de la piedad israelítica, al recibir a Jesús dentro de sus muros, parece habrá de irradiar con dimensiones universales. La venida del Salvador al Templo es el tema principal de la fiesta; pero el pensamiento de la Santísima Virgen se halla presente en toda ella.
La fiesta del 2 de febrero es una de las más antiguas, sino la más antigua de las fiestas marianas. Celebrada en Jerusalén desde el siglo IV, la fiesta de la Purificación pasó después a Constantinopla y luego a Roma, donde la encontramos, en el siglo VII, asociada, el 2 de febrero, a una procesión que parece ser anterior a la fiesta de la Virgen.
La Purificación es una fiesta del Señor: si cae en domingo, se dice la misa de la fiesta sin la conmemoración del domingo.
Extraído del Misal diario.
Con vosotros, Santo anciano Simeón, santa profetiza Ana, recibimos gozosos en el templo de nuestro corazón y de brazos de María y José, a Jesús, la luz del mundo.

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El Hijo de Dios, que había venido a perfeccionar la ley mosaica, no quiso sustraerse a ninguna de las prescripciones legales que él mismo había dictado al pueblo judío; a los ocho días de su nacimiento se sometió al precepto de la circuncisión, recibiendo el nombre de Jesús.
Ordenaba además la ley de Moisés que ninguna mujer que hubiera dado a luz un niño pudiera tocar cosas santas ni tener entrada en el santuario durante los cuarenta días siguientes a su alumbramiento, pasados los cuales debía presentarse en el templo para ofrecer a Dios un cordero y una paloma, o, si era pobre, un par de pichones o de tórtolas. Mediante esta ofrenda y la oración del sacerdote, la madre quedaba purificada. En virtud de esta ley, María Santísima acudió al templo para cumplir el rito legal de la Purificación; su pobreza no le permitió presentar otra ofrenda que el humilde par de tórtolas.
Estaba también prescrito en la ley que todo hijo primogénito de Israel fuese ofrecido a Dios, en recuerdo de haber quedado libres los hebreos a su salida de Egipto del tremendo castigo con que el ángel exterminador afligió a los egipcios a todos sus primogénitos: el niño ofrecido al Señor debía ser rescatado a precio de cinco siclos de plata.
El Niño Jesús fue, pues, ofrecido a Dios, repitiéndose así ante los hombres la consagración que al entrar en el mundo tenía hecha al Eterno PAdre como única ofrenda digna de él; y el que venía a rescatar a los hombres de la servidumbre del pecado, pagó su rescate como cualquiera de los hijos culpables de Israel.
De entre los judíos que acudían al templo sólo dos merecieron conocer al Mesías que esperaba Israel. Fueron el anciano Simeón y Ana la profetisa. El primero, por su virtud y por la constancia con que esperaba la venida del Mesías y la verdadera redención, había recibido del Espíritu Santo la promesa de que no vería la muerte hasta después de haber visto al Ungido del Señor. Al entrar María en el templo con el Niño Jesús, Simeón, iluminado por Dios, vio en aquel Niño al Cristo que esperaba, y transportado de gozo elevó al Señor el cántico del descanso cumplido y la esperanza lograda:
Ya podéis, Señor, permitir a vuestro siervo dormir en paz, pues han visto mis ojos la salvación que habéis preparado para que sea luz de las gentes y gloria de Israel, vuestro pueblo.
Tomó pues a Jesús en brazos, y entonces, bañados en lágrimas sus ojos, profetizó a María la espada de dolor que atravesaría su alma; pues aquel niño, puesto como señal de contradicción, sería la causa de la ruina de muchos que no querrían seguir sus doctrinas, y de la rehabilitación de otros, de todos los que le fueran fieles.
Presenciaba también esta tierna escena Ana la profetisa, anciana viuda de la tribu de Aser, cuya dilatada vida había transcurrido en la oración, en el ayuno y en la penitencia. Una revelación de Dios le mostró en aquel niño al suspirado Salvador, y arrebatada de alegría, dio gracias al Señor por sus misericordias.
Extraído de ‘Historia Sagrada’ del R. P. Pedro Gómez, pp. 237-239.
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bibliaytradicion.wordpress.com

domingo, 30 de enero de 2011

Ss.Pedro&Pablo--Hechos de los Apóstoles

50 referencias bíblicas acerca de la Primacía de San Pedro y el Papado.

Título: 50 referencias bíblicas acerca de la Primacía de San Pedro y el Papado.
Autor: Dave Armstrong. 1 de marzo de 2006.
Copyright 2006 by Dave Armstrong. All rights reserved.
Original en Inglés: 50 New Testament Proofs for Petrine Primacy and the Papacy
Traducción: Alejandro Villarreal de Biblia y Tradición, 2008.
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(Escritas en 1994 y publicadas en las páginas 233 a 238 de su libro “Una Defensa Bíblica del Catolicismo”)
La doctrina Católica del papado está basada en la Biblia y se deriva de la evidente primacía de San Pedro entre los demás apóstoles. Como todas las doctrinas cristianas, ha experimentado un desarrollo a través de los siglos, pero no se ha separado de sus componentes esenciales ya existentes en el liderazgo y prerrogativas de San Pedro. Estas características fueron dadas a San Pedro por Nuestro Señor Jesucristo, sabidas por sus contemporáneos y aceptadas por la Iglesia temprana. Los datos bíblicos petrinos son bastante consistentes y convincentes por virtud de su peso acumulado, especialmente aquellos que no son contrarios a la noción del papado. He aquí las pruebas de la Santa Escritura:
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I. Mateo 16: 18Y yo te digo a ti que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré yo mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.
Esta Piedra (del griego petra) se refiere aquí a San Pedro mismo, no a su fe o a Jesucristo. Cristo aparece aquí, no como el cimiento, sino como el arquitecto que construye. La Iglesia es construida, no sobre confesiones, sino sobre confesores (hombres vivientes) ver 1Pedro 2: 5. En nuestros días, el abrumador consenso de la gran mayoría de los estudiosos y comentadores de la Biblia es a favor del entendimiento tradicional de la Iglesia Católica. Aquí San Pedro es descrito como la piedra-cimiento de la Iglesia, haciéndolo a él cabeza y superior de la familia de Dios (esto es, la semilla de la doctrina del papado). Adicionalmente, Piedra representa una metáfora aplicada a él por Cristo en el sentido análogo del despreciado y sufriente Mesías (1 Pedro 2: 4-8; comparar con Mateo 21: 42). Una casa cae si carece de cimientos sólidos, San Pedro es el cimiento, pero no el fundador, es administrador, pero no el Señor de la Iglesia. El Buen Pastor (Juan 10: 11) nos proporciona otros pastores también (Efesios 4: 11).
II. Mateo 16: 19Yo te daré las llaves del reino de los cielos, y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos.
El “poder de las llaves” tiene que ver con la disciplina eclesiástica y la autoridad administrativa con relación a los requerimientos de la fe, como en Isaías 22: 22 (comparar con Isaías 9: 6; Job 12: 14; Apocalipsis 3: 7). De estos poderes emana el uso de las censuras, la excomunión, la absolución, la disciplina bautismal, la imposición de penitencias y los poderes legislativos. En el Antiguo Testamento, un administrador o primer ministro es un hombre que está “sobre la casa” (Génesis 41: 40; 43: 19; 44: 4; 1Reyes 4: 6; 16: 9; 18: 3; 2Reyes 10: 5; 18: 18; Isaías 22: 15; 20: 21).
III. Mateo 16: 19…y cuanto atares en la tierra será atado en los cielos, y cuanto desatares en la tierra será desatado en los cielos.
“Atar” y “desatar” eran términos especializados rabínicos, que significan “prohibir” y “permitir” con referencia a la interpretación de la ley., y en segundo lugar, “condenar” o “vetar” y “absolver”. Así, a San Pedro y los papas les es dada la autoridad de determinar las reglas para la doctrina y la vida, por virtud de la revelación y la guía del Espíritu (Juan 16: 13) y exigir la obediencia de la Iglesia. “Atar y desatar” representan los poderes legislativo y judicial del papado y los obispos (Mateo 18: 17-18; Juan 20: 23). San Pedro, sin embargo, es el único apóstol que recibe estos poderes por su nombre y en singular, destacándolo.
IV. El nombre de Pedro aparece primero en donde se listan a los apóstoles (Mateo 10: 2; Marcos 3: 16; Lucas 6: 14; Hechos 1: 13). Mateo incluso lo llama “el primero”. Judas Iscariote es invariablemente mencionado al último.
V. Pedro es llamado casi sin excepción nombrado primero cuando aparece con alguien más. En un (¿único?) ejemplo pasa lo contrario, Gálatas 2: 9, en donde él (Cefas) es nombrado después de Santiago y antes de Juan, pero él es claramente destacado en todo el contexto (por ejemplo, 1: 19-19; 2: 7-8).
VI. Pedro, de entre todos los apóstoles, es el único que recibe un nuevo nombre, Piedra (Petra – Pedro), solemnemente conferido (Juan 1: 42; Mateo 16: 18).
VII. De la misma manera, Pedro es considerado por Jesús como el Pastor Principal ante Él (Juan 21: 15-17), en forma singular y sobre toda la Iglesia universal, incluso cuando otros tenían un rol similar, pero subordinado (Hechos 20: 28; 1Pedro 5: 2).
VIII. Sólo Pedro, de entre los demás apóstoles, es mencionado por su nombre como objeto de los ruegos de Jesucristo con el fin de que “su fe no desfallezca” (Lucas 22: 32).
IX. Sólo Pedro, de entre los demás apóstoles, es exhortado por Jesús a “confirmar a sus hermanos” (Lucas 22: 32).
X. Pedro es el primero en confesar la divinidad de Cristo (Mateo 16: 16).
XI. Solamente a Pedro es dicho que ha recibido conocimiento divino por una revelación especial (Mateo 16: 17).
XII. Pedro es considerado por los judíos como el líder y portavoz de la cristiandad (Hechos 4: 1-13).
XIII. Pedro es considerado por el común del pueblo de la misma manera (Hechos 2: 37-41; 5: 15).
XIV. Jesucristo sólo asocia a Él mismo y a Pedro en el milagro del dinero del tributo. (Mateo 17: 24-27)
XV. Cristo enseña desde la barca de Pedro, en donde el milagro de la pesca de los peces a continuación tiene lugar (Lucas 5: 1-11): quizás como una metáfora del papa como pescador de hombres. (Comparar con Mateo 4: 19).
XVI. Pedro fue el primer apóstol que se dirigió a la tumba y entró (Lucas 24: 12; Juan 20: 6).
XVII. Pedro es considerado por un ángel como el guía y representante de los apóstoles (Marcos 16: 7).
XVIII. Pedro guía a los apóstoles en la pesca (Juan 21: 2-3, 11). La barca de Pedro ha sido considerada por los católicos como figura de la Iglesia, con Pedro al timón.
XIX. Sólo Pedro se arroja al mar al encuentro de Jesús (Juan 21: 7).
XX. Las palabras de Pedro son las primeras que se registran y las más importantes después de Pentecostés (Hechos 1: 15-22).
XXI. Pedro toma la dirección durante el reemplazo de Judas (Hechos 1: 22).
XXII. Pedro es el primero que habla (y el primero en ser registrado) después de Pentecostés, así, él fue el primer cristiano en predicar el evangelio en el tiempo de la Iglesia. (Hechos 2: 14-36).
XXIII. Pedro realiza el primer milagro en el tiempo de la iglesia, sanando a un hombre. (Hechos 3: 6-12).
XXIV. Pedro pronuncia el primer anatema (Ananías y Safira) ¡enfáticamente confirmado por Dios! (Hechos 5: 2-11).
XXV. La sombra de Pedro realiza milagros. (Hechos 5: 15).
XXVI. Pedro es la primera persona después de Cristo en resucitar muertos. (Hechos 9: 40).
XXVII. Un ángel le dice a Cornelio que busque a Pedro para que lo instruya en el cristianismo. (Hechos 10: 1-6).
XXVIII. Pedro es el primero en recibir a los gentiles después de una revelación de Dios. (Hechos 10: 9-48).
XXIX. Pedro instruye a los demás apóstoles sobre la catolicidad (universalidad) de la Iglesia (Hechos 11: 5-17).
XXX. Pedro es objeto de la primera mediación divina a favor de un individuo en el tiempo de la Iglesia. (Un ángel lo libera de la prisión, Hechos 12: 1-17)
XXXI. Toda la Iglesia (fuertemente implicada) ofrece plegarias por Pedro cuando éste es encarcelado. (Hechos 12:5).
XXXII. Pedro preside e inaugura el primer Concilio de la Cristiandad y establece una serie de principios después de ser aceptados. (Hechos 15: 7-11).
XXXIII. Pablo distingue las apariciones del Señor a Pedro, después de su resurrección, de aquellas con los otros apóstoles (1Corintios 15: 4-8). Los dos discípulos en el camino a Emáus hacen la misma distinción (Lucas 24: 34), en este ejemplo, mencionando sólo a Pedro (Simón), incluso cuando ellos mismos habían visto la ascensión de Jesús horas antes (Lucas 24: 33).
XXXIV. Pedro frecuentemente es distinguido de entre los demás apóstoles (Marcos 1: 36; Lucas 9: 28, 32; Hechos 2: 37; 5: 29; 1Corintios 9: 5).
XXXV. Pedro frecuentemente es el portavoz de los apóstoles, especialmente en momentos importantes (Marcos 8: 29; Mateo 18: 21; Lucas 9: 5; Juan 6: 67ss).
XXXVI. El nombre de Pedro es el primero que se nombra en el círculo interno de los discípulos (Pedro, Santiago y Juan, -Mateo 17: 1; 26: 37, 40; Marcos 5: 37; 14: 37- ).
XXXVII. Pedro frecuentemente es la figura central relacionada con Jesús en escenas dramáticas del evangelio como la caminata sobre el agua (Mateo 14: 28-32; Lucas 5: 1ss; Marcos 10: 28; Mateo 14: 24ss).
XXXVIII. Pedro es el primero en reconocer y refutar la herejía de Simón el Mago (Hechos 8: 14-24).
XXXIX. El nombre de Pedro es mencionado más frecuentemente que el de todos los demás discípulos juntos (162 veces como Pedro, 23 como Simón y 6 como Cefas). Le sigue Juan con 48 y ¡Pedro está presente en el 50% de las veces en que se menciona a Juan en la Biblia! El Arzobispo Fulton Sheen calculó que los otros discípulos combinados eran mencionados 130 veces. Si esto es correcto, ¡Pedro es nombrado en un notable 60% de las veces en que cualquier discípulo es mencionado!
XL. La proclamación de Pedro en Pentecostés (Hechos 2: 14-41) contiene una completa y autorizada interpretación de la Escritura, es una decisión doctrinal y un decreto disciplinario concerniente a la “Casa de Israel” (2: 36), un ejemplo de “atar y desatar”.
XLI. Pedro fue el primer “carismático”, habiendo juzgado con autoridad el primer ejemplo del don de lenguas como auténtico. (Hechos 2: 14-21).
XLII. Pedro es el primero en predicar el arrepentimiento y bautismo cristianos (Hechos 2: 38).
XLIII. Pedro (presumiblemente) dirige el primer bautismo en masa registrado (Hechos 2: 41).
XLIV. Pedro mandó bautizar a los gentiles cristianos (Hechos 10: 44-48).
XLV. Pedro fue el primer misionero y el que primero ejerció lo que posteriormente se conocería como “la visita a las iglesias” (Hechos 9: 32-38, 43), Pablo predicó en Damasco inmediatamente después de su conversión (Hechos 9: 20), pero no viajó ahí por esa razón (¡Dios cambió sus planes!). Sus viajes misioneros comenzaron en Hechos 13: 2.
XLVI. Pablo fue a Jerusalén específicamente para ver a Pedro, por quince días al principio de su ministerio (Gálatas 1: 18) y fue comisionado por Pedro, Santiago y Juan (Gálatas 2: 9) para predicar a los gentiles.
XLVII. Los hechos de Pedro, por fuerte implicación, son como jefe obispo/pastor de la Iglesia (1Pedro 5: 1) ya que él exhorta a todos los otros obispos o ancianos.
XLVIII. Pedro interpreta profecía (2Pedro 1: 16-21).
XLIX. Pedro corrige a aquellos que mal emplean los escritos de Pablo (2Pedro 3: 15-16).
L. Pedro escribió su primera epístola desde Roma, de acuerdo a la mayoría de los estudiosos, como su obispo (de Roma) y como el obispo universal (o papa) de la Iglesia temprana. Babilonia es considerada como la codificación para Roma (1Pedro 5: 13).
En conclusión, no es correcto pensar que Dios presentaría a San Pedro con tal preponderancia en la Biblia sin algún significado e importancia para la historia cristiana que vendría, en particular, para el gobierno de la Iglesia. El papado es el más plausible (y real) cumplimiento de esto.
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martes, 25 de enero de 2011

El Pecado Mortal: Consecuencias y Remedios

Para salvarnos, debemos rechazar con valentía el pecado y remover los obstáculos que acumulan a nuestro paso los enemigos de nuestra alma; vivir en la gracia santificante, cumplir los divinos mandamientos y rezar cada día.

Después del pecado original, para conseguir la salvación eterna, tenemos que luchar enérgicamente contra el pecado – que es el enemigo número uno y, en cierto sentido, el único que tenemos enfrente. Tenemos que luchar también contra el mundo, demonio y carne, que no cesan de acumular obstáculos en nuestro camino como amigos y aliados del pecado. Si el mundo, es decir, los hombres que viven sin tener cuenta de la Ley de Dios, el demonio y la carne son tan peligrosos y temibles, es únicamente porque vienen del pecado y conducen a él.

Nunca nos pondremos suficientemente en guardia contra este mortal enemigo de nuestra alma, por que por un solo pecado mortal, podemos perdernos eternamente. Tener un pecado mortal es mil veces peor que tener el SIDA, cáncer y lepra juntos.

Examinemos un poco lo que es el pecado mortal, cual es su malicia, cuáles son los daños que nos hace, qué armas y remedios tenemos para luchar y triunfar de él.

¿Qué es el pecado mortal?

El pecado mortal es una trasgresión voluntaria de la Ley de Dios en materia grave. Es una rebeldía contra Dios.
Dios tiene su Ley. En su infinita sabiduría ha sabido resumirla en los diez mandamientos. La Iglesia, con Divina autoridad ha añadido algunos otros, con el fin de hacernos cumplir con mayor facilidad y perfección los divinos preceptos.

Cuando el hombre, dándose perfecta cuenta de que lo que va hacer está gravemente prohibido por la ley de Dios o de la Iglesia, quiere hacerlo a pesar de todo, comete un pecado mortal que pone completamente de espaldas a Dios y le vincula a las cosas creadas, en las que coloca su último fin renunciando a la salvación eterna1 1.

Para que un pecado sea mortal hay tres condiciones:

1) Advertencia perfecta por parte del entendimiento,

2) Consentimiento perfecto, o plena aceptación por parte de la voluntad.

3) Materia grave prohibida por Dios.

Los efectos inmediatos del pecado son:

1) Aversión a Dios del que se separa voluntariamente al despreciar sus mandamientos, y es lo que constituye lo formal o el alma del pecado;

2) Conversión a las cosas creadas mediante su goce ilícito, que constituye lo material o el cuerpo del pecado.

3) He aquí unos ejemplos de pecado mortal que conducen al infierno. San Pablo nos advierte: “Fornicación y cualquiera impureza o avaricia, ni siquiera se nombre entre vosotros, como conviene a santos, ni torpeza, ni vana palabra, ni bufonerías…Porque tened bien entendido que ningún fornicario, impuro avaro que es lo mismo que idólatra tiene parte en el reino de Cristo y de Dios. Nadie os engañe con vanas palabras, pues por estas cosas descarga la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia. No os hagáis pues copartícipes de ellos” (Efesios 5, 3-7). Lo que dicen o hacen los pecadores no vale nada. NO debemos participar de sus locuras o aprobarlas.

Dios mismo nos advierte hablando de pecado graves: “NO os hagáis ilusiones. Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, ni los maldicientes, in los que viven de rapiña, heredaran el reino de Dios”. (I Corintios. 6,9-11).

La malicia del pecado mortal

Ninguna inteligencia creada o creable podrá jamás darse cuenta perfecta del espantoso desorden que encierra el pecado mortal. Rechazar a Dios a sabiendas y escoger en su lugar a una vilísima criatura en la que se coloca la suprema felicidad y último fin envuelve un desorden tan monstruos e incomprensible, que sólo la locura y atolondramiento del pecador puede alguna manera explicarlo. El ejemplo de la pobre pastorcita de la que el rey se prendo y la desposó consigo, haciendo la reina, y que de pronto abandona el palacio real y se marcha en plan de adulterio con un miserable seductor, no ofrece sino un pálido reflejo de la increíble monstruosidad del pecado.

El mismo Dios, infinitamente bueno y misericordioso, que tiene entrañas de padre para todas su criatura s y que nos ha dicho en la sagrada Escritura (Ezequiel 33,11) , sabemos que por un soloque no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva, sabemos que por un solo pecado mortal:

a) Convirtió a millones de ángeles en horribles demonios para toda la eternidad.

b) Arrojó a nuestros primeros padres del paraíso terrenal, condenándoles a ellos y a todos sus descendientes al dolor y ala muerte corporal y ala posibilidad de condenarse eternamente aun después de la redención realizada por Cristo.

c) Exigió la muerte en la cruz de su Hijo muy amado, en el cual tiene puestas todas sus complacencias para redimir al hombre culpable (San Mateo 17,5).

d) Mantendrá por toda la eternidad los terribles tormentos del infierno en castigo del pecador obstinado.

e) Todo esto son datos de fe católica: es hereje quien los niegue. ¿Qué otra cosa podrá darnos una idea de la espantosa gravedad del pecado mortal cometido de una manera perfectamente voluntaria y a sabiendas?

Los efectos del Pecado mortal

No hay catástrofe ni calamidad pública o privada que pueda comparase con la ruina que ocasiona en el alma un solo pecado mortal. Es la única desgracia que merece propiamente el nombre de tal, y es de tal magnitud, que no debería cometerse jamás, aunque con él se pudiera evitar una terrible guerra internacional que amenace destruir a la humanidad entera, o liberar a todas las almas del infierno y del purgatorio.
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Sabido es que, según la doctrina católica – que no puede ser mas lógica y razonable para cualquiera que, teniendo fe, tenga además sentido común -, el bien sobrenatural de un solo individuo está por encima y vale infinitamente más que el bien natural de la creación universal entera, ya que pertenece a un orden ínfinitamente superior: el de la gracia y la gloria.

Así como sería una locura que un hombre se entregase a la muerte para salvar la vida a todas las hormigas del mundo – vale más un solo hombre sacrificase su bien eterno, sobrenatural, por salvar el bien temporal y meramente humano de la humanidad entera: no hay proporción alguna entre uno y otro.

El hombre tiene obligación de conservar su vida sobrenatural, de vivir en la gracia a toda costa, aunque se hunda el mundo entero.

He aquí los principales efectos que causa el alma un solo pecado mortal voluntariamente cometido:

1) Pérdida de la gracia santificante que hacía el alma pura, santa e hija adoptiva de Dios heredera de la Vida eterna. Sin la gracia santificante nadie puede salvarse.

2) Pérdida de las virtudes infusas (caridad, prudencia, justicia, fortaleza, templanza) y de los dones del Espíritu Santo, que constituyen un tesoro divino, infinitamente superior a todas las riquezas materiales de la creación entera.

3) Pérdida de la presencia amorosa de la Santísima Trinidad en el alma, que se convierte en morada y templo de Satanás.

4) Pérdida de todos los méritos adquiridos (mediante las buenas obras) en toda su vida pasada, por larga y santa que fuera.

5) Feísima mancha en el alma, que la deja tenebrosa y horrible a los ojos de Dios. “El pecado, dice San Juan Crisóstomo, deja el alma tan leprosa y manchada que mil fuentes de agua no son capaces de lavarla”.

6) Esclavitud de Satanás. El que está en el pecado mortal es esclavo de Satanás “que es príncipe de los pecadores”, dice San Agustín.

7) Aumento de las malas inclinaciones. El pecador esta debilitado y no puede fácilmente resistir contra el mal, le cuesta mucho trabajo hacer el bien.

8) Remordimiento e inquietud de conciencia, el que está en pecado mortal no tiene tranquilidad y paz en su alma ni en su familia, ni en su trabajo.

9) Reato, es decir merecimiento de pena eterna. El pecado mortal es el infierno en potencia, es decir, el que está en pecado mortal puede en cualquier momento caer en el infierno para siempre.

Como se ve, el pecado mortal es como un derrumbamiento instantáneo de nuestra vida sobrenatural, un verdadero suicidio del alma a la vida de la gracia Y pensar que tantos y tantos pecadores lo cometen con increíble facilidad y ligereza , no para evitarle al mundo una catástrofe lo que sería ya gran locura-, sino por un instante de placer bestial, por unos miserables pesos que tendrán que dejar en este mundo, por un odio y rencor al que no quiere renunciar y otras mil bagatelas y niñerías por el estilo!

Realmente tenía razón San Alfonso de Liborio cuando decía que el mundo le parecía un inmenso manicomio en el que los pobres pecadores habían perdido por completo el juicio. Y, con razón también, la piadosísima reina Blanca de Castilla le decía a su hijo San Luis, futuro rey de Francia: “Hijo mío, preferiría verte muerto que cometer un solo pecado mortal.” Es impresionante la descripción que hace Santa Teresa del estado en que queda un alma que acaba de cometer un pecado mortal”. (A ella se lo hizo ver Nuestro Señor de una manera milagrosa); “no sería posible a ninguno pecar, aunque se pusiesen a mayores trabajos que se que se pueden pensar por huir de las ocasiones”, (Moradas primeras, c.2)

¿Cómo podemos evitar el pecado mortal?

El que quiere asegurar la salvación eterna de su alma, nada tiene que procurar con tanto empeño como evitar a toda costa la catástrofe del pecado mortal.

Sería gran temeridad e increíble ligereza seguir pecado tranquilamente confiando en realizar más tarde la conversión y vuelta definitiva a Dios. En gran peligro se podría ese pecador de frustrar esa esperaza tan vana e inmoral. La muerte puede sorprenderle en el momento menos pensado, y se expone, además, a que la justicia de Dios determine substraerle, en castigo de tan manifiesto abuso, la gracia eficaz del arrepentimiento, sin la cual le será absolutamente imposible salir de su horrible situación. Si diera cuenta el pecador del espantoso peligro a que se expone, no podría conciliar el sueño una sola noche a menos de haber perdido por completo el juicio.

He aquí, indicados nada más, algunos de los medios más eficaces para salir del pecado mortal y no volver jamás a él:

1) Asistir al santo Sacrificio de la Misa. “por que nos obtiene la gracia del arrepentimiento, nos facilita el perdón de los pecados. ¡Cuantos pecadores, asistiendo a Misa, han recibido allí la gracia del arrepentimiento y la inspiración! de hacer una buena confesión de toda su vida”! (R. Garrigou-Lagrange, el Salvador, ed. Patmos, pág. 463).

2) Confesión y comunión frecuente, con toda la frecuencia que sea menester para conservar y aumentar las fuerzas del alma contra los asaltos de la tentación. Por la salud del cuerpo tomaríamos con gusto todos los remedios y medicinas que el médico nos mandara. L salud del alma vale infinitamente más.

3) Reflexionar todos los días un ratito sobre los grandes intereses de nuestra alma y de nuestra eterna salvación. La lectura diaria meditada de la vida de los santos ayuda mucho. (Hay unos libros fundamentales: S. Francisco de Sales; Introducción a la Vida devota; S. Alfonso de Liborio, reparación para la muerte; El gran medio de la Oración).

4) Oración de súplica pidiéndole a Dios que nos tenga de de su mano y no permita que nos extraviemos. El Padrenuestro bien rezado y vivido, ayuda mucho.

5) Huida de las ocasiones. El pecador está pedido sin eso. No hay propósito tan firme ni voluntad tan inquebrantable que no sucumba. Con facilidad ante una ocasión seductora. Es preciso renunciar si contemplaciones a los espectáculos inmorales (se comete, además, pecado de escándalo y cooperación al mal, contribuyendo con nuestro dinero a mantenerlos amistades frívolas y mundanas, conversaciones torpes, revistas o fotografías obscenas, películas, Internet, la caja de todos los vicios etc. Imposible mantenerse en pie si no se renuncia a todo eso. La felicidad inenarrable que nos espera eternamente en el cielo bien vale la pena de renunciar a esas cosas que tanto nos seducen ahora, sobre todo teniendo en cuenta que por un goce momentáneo nos llevarían a la eterna ruina.

6) Devoción entrañable a María, nuestra dulcísima Madre, abogada y refugio de pecadores. Lo ideal sería rezarle todos los días el Santo Rosario, que es la primera y más excelente de las devociones marianas y grandísima señal de prdesdestinación para que lo rece devotamente todos los días; pero, al menos, no olvidemos nunca las tres avemarías al levantarnos, acostarnos y a experimentar la tentación, para que nos alcance la victoria.

7) Hacer regularmente los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. Hay una muerte, un juicio, una eternidad feliz o infeliz. Con el pecado no se discute. Tenemos que salvarnos cueste lo que cueste.

Magisterio de la Iglesia

   MAGISTERIO DE LA IGLESIA

En punto de fe y costumbres hizo Dios a la Iglesia partícipe del Magisterio divino, y, por beneficio también divino, libre de error (León XIII, Encíclica "Libertas")
Nunca más actuales las palabras de Denzinger en el prefacio a la primera edición de su obra: "Entre los muchos males que la inicua condición de los tiempos ha traído a las escuelas católicas, lo que señaladamente daña a los estudios teológicos es el hecho de que muchos ignoran o descuidan los que se llaman documentos positivos del creer y obrar, sancionados por pública autoridad de la Iglesia, y se entregan demasiado a su propio ingenio".
El objeto del Magisterio Eclesiástico no es proponer nuevas doctrinas o nuevas revelaciones, sino defender y exponer el depósito de la fe, es decir, las verdades reveladas por Dios a los Apóstoles y por ellos transmitidas a toda la Iglesia, tanto en la Sagrada Escritura, como en la Tradición oral. Realmente Cristo al enviar a los Apóstoles con la misión de enseñar a las naciones, les había encomendado que enseñaran todo lo que Él les había dicho; y al prometerles el Espíritu Santo había afirmado que Éste les enseñaría todas las verdades. Por tanto el objeto del Magisterio de la Iglesia es todo lo que Jesús enseñó a los Apóstoles por sí o por el Espíritu Santo: a la muerte del último Apóstol la revelación pública quedaba ya cerrada, el depósito de la fe ya estaba completo.
Es este depósito el que San Pablo entrega a Timoteo, como los otros Apóstoles a sus sucesores, recomendándoles que evitaran toda nueva doctrina y que fundaran toda su predicación sobre los cimientos de los Apóstoles y Profetas.
Y desde un principio la preocupación constante de la Iglesia fue mantenerse fiel a esta consignación apostólica, considerando como falsa toda innovación en materia de fe.
http://www.statveritas.com.ar/Libros/Denzinger_PDF.zip