sábado, 22 de enero de 2011

COMENTARIOS ELEISON 184 (22-I-2011) : ¿POCOS ESCOGIDOS?

COMENTARIOS ELEISON 184 (22-I-2011) : ¿POCOS ESCOGIDOS?

 
Infierno o Cielo, es tu elección

¿Por qué es aparentemente tan difícil salvar nuestra alma? ¿Por qué - como se nos dice - son pocas las almas que se salvan comparadas con el número de almas condenadas? Ya que Dios desea que todas las almas se salven (I Tim. II,4), ¿por qué no lo hizo un poco más fácil, como seguramente podría haberlo hecho?

 
La respuesta rápida y simple es que no es tan difícil salvar nuestra alma. Parte de la agonía de las almas en el Infierno es el conocimiento claro de lo sencillo que hubiera sido evitar la condenación. Los no-Católicos condenados podrían decir "Yo sabía que había algo de cierto en el Catolicismo, pero decidí nunca preguntármelo porque podía ver que en el futuro tendría que cambiar mi estilo de vida." (Winston Churchill una vez dijo que cada hombre se topa con la verdad en algún momento de su vida, pero la mayoría de ellos decide dar vuelta hacia el otro lado.) Los Católicos condenados podrían decir, "Dios me dio la Fe y yo sabía que lo único que necesitaba era hacer una buena confesión, pero creí que era más conveniente posponerla y así es como morí con mis pecados..." Cada una de las almas en el Infierno sabe que se encuentra ahí por su propia culpa, por su elección. A Dios no se le puede culpar por ello. De hecho cuando miran hacia atrás sus vidas aquí en la tierra, ven claramente lo mucho que Él hizo para intentar detenerlos de lanzarse al Infierno, pero libremente escogieron su propio destino, y Dios respetó su elección... Sin embargo, permitámonos ahondar un poco más sobre el tema.

 
Siendo infinitamente bueno, infinitamente generoso e infinitamente feliz, Dios escogió - no estaba de ningún modo obligado - crear seres que fuesen capaces de compartir su felicidad. Ya que Él es espíritu puro (Juan IV,24), esos seres tenían que ser espirituales y no solamente materiales, como los animales, vegetales o minerales. De ahí la creación de los ángeles sin materia alguna, y de los hombres, con un alma espiritual en un cuerpo material. Pero ese mismo espíritu por el cual los ángeles y los hombres son capaces de compartir Su Divina felicidad necesariamente incluye razón y libre albedrío, de hecho es por el libre albedrío que libremente escogen a Dios y se hacen capaces y partícipes de Su felicidad. ¿Pero cómo puede ser esa elección de Dios verdaderamente libre si no existe alternativa alguna que nos haría darle la espalda? ¿Qué merito tiene un niño al escoger comprar un volumen de Cervantes si únicamente tienen a Cervantes en venta en la librería? Y si la alternativa mala existe, y si el libre albedrío es real y no únicamente ficción, ¿cómo es que no habrá ángeles u hombres que escogerán lo que no es bueno?

 
La pregunta puede aún ser formulada, ¿cómo puede Dios haber previsto para permitir que la mayoría de la almas (Mateo VII, 13-14; XX, 16) sufran el terrible castigo de rechazar su amor? Respuesta, más el Infierno es terrible, y más es cierto que a cada hombre que vive Dios le ofrece la gracia, la luz y la fuerza necesaria para evitarlo. Sin embargo, como explica Sto. Tomás de Aquino, la mayoría de los hombres prefieren el ahora y los deleites conocidos de los sentidos a los futuros y desconocidos gozos del Paraíso. Entonces ¿por qué Dios acompañó a los sentidos de deleites tan fuertes? En parte sin duda para asegurar que los padres tuvieran niños para poblar su Cielo, pero también seguramente para hacer más meritorio el que un ser humano ponga la búsqueda del deleite en esta vida por debajo de los verdaderos gozos en la próxima vida, ¡gozosque son nuestros para desearlos! ¡Únicamente necesitamos desearlos con suficiente arrebato (Mateo XI, 12) !

 
Dios no es un Dios mediocre, y a las almas que lo aman desea ofrecerles un Paraíso tampoco mediocre.

 
                                                                                                                                       Kyrie eleison!

Autor: S.E.R. Mons. Richard Williamson.

miércoles, 19 de enero de 2011

Pelicula: Pedro y Pablo

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ADVERTENCIA: Cómo toda película contiene cuestiones que no se ajustan a la realidad, pero sirve para cultivar la inteligencia y la imaginación para imaginar como fueron aquellos días proximos a la primera venida de Nuestro Señor. Para conocer lo que sucedió consúltese Hecho de los Apostoles en su Biblia Vulgata.

Valiente




SACERDOTE DE MALARGUE DEFENDIO A LA IGLESIA DE GRUPO MUSICAL BLASFEMO

Tras entregar su primera canción, comenzaron la representación de Educación Sexual Moderno -que habla sobre los votos de castidad que profesan los religiosos y sacerdotes- para lo cual se vistieron con hábitos de monjes, e inmediatamente subió al escenario el Padre Jorge Gómez.

Cuando sabemos que el demonio expresa su maldad contra Cristo y su Iglesia a través de  “EXPRESIONES ARTÍSTICAS” vemos como todavía quedan verdaderos apóstoles de Nuestro Señor,  este es un sacerdote fiel  sus principios, verdadero Soldado de Cristo.


FUENTE:  http://cruxetgladius.blogspot.com/

viernes, 14 de enero de 2011

Pelicula: SAULO DE TARSO (Apostol San Pablo)


FICHA TÉCNICA

Título: LA BIBLIA: SAN PABLO
Subtitulo: Vol. II - El Apostol Misionero
Título Original: SAN PAOLO
Año de producción: 2000
País: Italia, Alemania, República Checa
Duración: 94 min.
Distribuida por: Llamentol
Director: Roger Young
Artistas: Johannes Brandrup, Thomas Lockyer, Barbora Bobulova,
Ennio Fantastichini, Giorgio Pasotti, Franco Nero, Daniela Poggi, Umberto Orsini
Producida por: Luca Bernabei
Escrita por: Gareth Jones, Gianmario Pagano
Música: Carlo Siliotto
Fotografía: Giovanni Galasso

SINOPSIS
La historia de Saúl de Tarso, perseguidor de cristianos, que luego se convierte en el Apóstol Pablo después de que se le aparezca Jesús. Pablo es uno de los primeros cristianos misioneros.

San Pablo el último Apóstol

San Pedro y San Pablo son los primeros misioneros y los más importantes de la religión cristiana. Pablo, converso en el camino hacia Damasco, trasladó los Evangelios a griegos y romanos antes de su martirio en Roma en el año 65. Pablo de Tarso, es uno de los personajes que más han contribuido a fraguar el pensamiento y la cultura occidentales.
De origen fariseo, participó en las primeras persecuciones contra los cristianos. Pero durante un viaje a Damasco y según su testimonio,, poco después de la crucifixión de Jesucristo, éste se le apareció y se convirtió a la nueva fe, que por entonces era considerada una secta herética del judaísmo. Desde entonces, San Pablo se transforma en el más ardiente propagandista del cristianismo, que extendería también entre los gentiles: viajó como misionero por Grecia, Asia Menor, Siria y Palestina; y escribió misivas (las encíclicas) a diversos pueblos del entorno mediterráneo.
Los escritos de San Pablo adaptaron el mensaje de Jesús a la cultura helenística imperante en el mundo mediterráneo, facilitando su extensión fuera del ámbito cultural hebreo en donde había nacido. Al mismo tiempo, esos escritos constituyen una de las primeras interpretaciones del mensaje de Jesús, razón por la que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo teológico del cristianismo (se atribuyen a San Pablo más de la mitad de los libros del Nuevo Testamento).
Los Hechos de los Apóstoles relatan que San Pablo fue detenido en el año 58 después de Cristo en Jerusalén. Dos años más tarde fue conducido a Roma. El barco en el que viajaba encalló en la isla de Malta debido a una fuerte tempestad, en el lugar que actualmente se llama Bahía de San Pablo. Allí, Pablo de Tarso se dedicó a predicar el Evangelio, convirtiendo la isla al cristianismo.
En el año 63 llegó a Roma, donde prosiguió su apostolado. En el año 67 fue hecho prisionero nuevamente y decapitado.

El Vaticano prepara un DVD para mostrar cómo se celebra una misa tridentina.

 

El Vaticano prepara un DVD para mostrar a los sacerdotes y a los fieles cómo se celebra una misa tridentina o también llamada misa tradicional.

Esta misa, que precede a la actual, fue adoptada entre el Concilio de Trento y el Concilio Vaticano II y se celebraba en latín.

Siete años después del Concilio de Trento, en 1570, el Papa San Pío V publicó una edición del Misal Romano. Con esta publicación no creó una nueva Misa, sino que unificó toda la Liturgia existente. Así permaneció hasta 1963.

jueves, 13 de enero de 2011

Santoral Católico 13 de enero - Conmemoración Bautismo de N.S.J.C.

  • Conmemoración del Bautismo de N. S. J.
  • San Godofredo, Abad
  • San Potito, Mártir
  • Santa Glafira, Virgen
  • Santos Gumersindo y Servideo, Mártires
  • San Berno, Abad de Cluny
  • Santos Hermilo y Estratónico, Mártires
  • San Agrecio, Obispo de Tréveris
  • Beato Godofredo de Kappenberg, Conde y Religioso
  • Beata Verónica de Binasco, Virgen
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.


CONMEMORACIÓN DEL BAUTISMO
DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO




Estaba San Juan Bautista en las orillas del Jordán bautizando y exhortando a penitencia, cuando llegó a él el Salvador del mundo, de treinta años de edad. Al acercarse al Bautista, conoció éste, por luz sobrenatural, que el que venía a pedirle el bautismo era el Mesías verdadero; y así, al ver al Salvador, exclamó: Pues qué, Señor, ¿Vos venís a mí a ser bautizado, cuando debo yo ser bautizado de Vos? EL Señor le contestó que convenía sujetarse a los decretos de la divina Sabiduría. Abrióse el Cielo y vio San Juan que el Espíritu Santo bajaba sobre Jesucristo en figura de paloma, y al mismo tiempo oyó una voz que decía: Este es mi Hijo querido, en el que tengo Yo todas mis complacencias.

Bautizándose Jesús, nos enseñó la necesidad del bautismo para todos, y además su humildad, autorizó el bautismo del Bautista; el Espíritu Santo declaró la divinidad del Salvador, y por último, santificó las aguas habilitándolas para redimir los pecados.

miércoles, 12 de enero de 2011

Un sueño de San Juan Bosco

Título: Los Sueños de San Juan Bosco

Extraídos de la Vida de San Juan Bosco -Memorias Biográficas en 19 volúmenes-.
Un día en 1862, estaba Don Bosco recomendando a los sacerdotes confesores que le pidieran mucho a Dios la gracia de sabes confesar bien y de obtener la eficacia de la palabra y la virtud de la prudencia, y les recordaba que muchos hacen malas confesiones por temor. Y les narró lo siguiente:“Una noche soñé que veía a un joven con el corazón podrido y lleno de gusanos. No le hice caso al sueño, pero a la noche siguiente soñé que veía a un perro que le mordía el corazón a ese pobre joven.


Entonces me convencí de que Nuestro Señor quería ayudar a ese muchacho quitándole de la conciencia algún pecado que tenía sin perdonar.

Y un día me lo encontré y le dije: “¿Me quiere hacer un favor?”.

- Sí, claro, por supuesto, ¿Qué será? – ¿Quiere decirme si tiene algún pecado en su conciencia sin haberlo confesado? El quiso negarlo, pero yo le dije: “¿Y aquel pecado?, ¿y aquel otro?, ¿por qué no los ha confesado? Entonces me miró al rostro y comenzó a llorar, y me dijo: – Tiene razón. Hace dos años que tengo esos pecados en mi conciencia y nunca he sido capaz de confesarlos.

Y aquel muchacho se puso en paz con Dios.

FUENTE: BibliayTradición

La Herejía Moderna y Teilhard de Chardin

Título: La Herejía Moderna y Teilhard de Chardin
Autor: Ing. Tomás Moreno Carbantes
Extraído de su libro “El Juicio de las Naciones“; capítulos XI y XII; pp. 57 a 64 (diapositivas 110 a 127 de la presentación en B&T)
 
 
HEREJE - Teilhard de Chardin
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Nos encontramos en presencia no de una herejía particular como en el pasado, cuando el catolicismo se enfrentó a la herejía arriana, a la maniqueísta, la albigense, la mahometana, o en presencia de esa especie de herejía generalizada que fue el protestantismo, el ataque moderno contra la FE es un asalto en masa contra la existencia de la FE. El enemigo está avanzando con pie seguro, lo viene haciendo desde los comienzos del siglo pasado; da un paso, y cuando se siente seguro, avanza el otro, consciente del hecho tremendo de que no puede haber neutralidad. La batalla se libra en una línea definida de ruptura y, resultará o la supervivencia o la destrucción de la Iglesia.
Para orientarnos en el campo tan falto de amenidad en que vamos a entrar, es necesario situarnos en el primero origen histórico de las teorías sobre la evolución del dogma y de las controversias acerca del mismo tema, para eso, fuerza es ir a buscar en las ideas de Hegel.
El filósofo Hegel, en su afán de una síntesis completa de toda la ciencia humana sin excluir la ciencia de la religión, pretendió sujetar al lecho de Procusto de sus concepciones la REVELACIÓN DEL EVANGELIO. Pero, por más que hizo, no pudo despojar en absoluto al cristianismo de su carácter sobrenatural que se vio precisado a reconocer; pero aceptando a su modo la Revelación de Cristo, considerándola como una de las manifestaciones subjetivo objetivas de LA IDEA, especulando sobre ella y sometiéndola a las mismas leyes que las mismas ramas de la ciencia.
[Nota de B&T: Cama o lecho de Procusto es un estándar arbitrario para el que se fuerza una conformidad exacta. Se aplica también a aquella falacia seudocientífica en la que se tratan de deformar los datos de la realidad para que se adapten a la hipótesis previa. Wikipedia.]
Hay que tener presente que de Hegel se derivó el concepto de la evolución a todos los críticos protestantes del siglo pasado, y de donde tomó su idea el hereje padre de la herejía moderna Pierre Teilhard de Chardin del que más adelante trataremos.
Si bien Hegel no era teólogo sino filósofo, sin embargo, en su juventud, había hecho al parecer estudios profundos de la Biblia, y este trabajo ejerció siempre notable influjo sobre sus especulaciones filosóficas posteriores grabando en ellas, cierto sello teológico que contrasta singularmente con el fondo eminentemente racionalista de sus grandes producciones. El, como todos esos críticos, concibe al Cristianismo como una institución que de principios imperceptibles y apenas distintos del judaísmo, ha ido desarrollándose sucesivamente, los mismo en su elemento dogmático que en lo social, con arreglo a las leyes de un desenvolvimiento cuyos factores han de buscarse en energías inminentes de organismo o corporación cristiana.
Pero, para no enredarnos en un laberinto de definiciones y distinciones especulativas que lo más seguro es que fastidiaría a ustedes, queridos lectores, vamos a tocar solamente de pasada, las principales escuelas que a fines del siglo pasado y principios del presente [XIX y XX], profesan  y aplican la evolución. Primero, la de Harnack, segundo la de Loisy; la Programma Risposta, la Católica y la de Chardin.
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La teoría de Harnack
Harnack distingue dos periodos en la historia del dogma cristiano; el que llama de origen o formación, y el de desarrollo. Harnack entiende por origen, no el de la formulación del dogma, sino uno a modo de incubación durante el cual la Iglesia (según él) fue un hervidero de tendencias varias y opuestas entre sí, que lucharon por largo tiempo, sin que predominara una sobre las otras, y por lo mismo, no había una creencia universal bien determinada. (Cualquiera que tenga una medianísima formación religiosa, se da cuenta de la falsedad de pensamiento del filósofo racionalista). Sigamos. El periodo de formación se extiende y dura mientras se disputa sin resolución definitiva sobre la índole personal de Cristo; y queda terminado, cuando en la Iglesia prevalece como fundamental el artículo que proclama a Jesús como el Logos preexistente y personal de Dios. (Espero que mis lectores, se den cuenta que estoy interpretando el pensamiento de Harnack).
En este momento histórico debe colocarse el arranque del dogma. Harnack en su obra ‘La Historia de los Dogmas’, se propone esta dificultad:
“el cristianismo desde su primer origen formuló ciertas verdades y profesó determinada moral, luego dentro de la historia cristiana, no cabe estudiar el principio u origen de sus dogmas, sino sólo su desarrollo.”
Y él mismo se responde:
“es verdad que el cristianismo, como nacido del judaísmo y como identificado con él, ya en sus primeros albores, fue una religión reflejada y profesó la fe de Dios creador y en Jesucristo su revelador; pero esa fe y los dogmas posteriores no fue como el germen y su desarrollo: entre una y otra fe, medió un elemento adventicio que fue el engranaje del objeto primordial, con objetos conocidos previamente por otra fuente, a saber la vía filosófica.”
Y la vía filosófica, según Harnack, es una serie de fases que en el desenvolvimiento de la cristología, hasta la época de la formulación estricta del dogma. Es curiosa la manera de razonar de este filósofo alemán, dice que,
“la impresión que Jesús suscitó en sus discípulos y la “experiencia” religiosa que éstos sintieron acerca de la persona de Jesús cuando apareció ante sus ojos como el Mesías exaltado por Dios al señoría universal y a la dignidad de Juez de vivos y muertos”.
Y al referirse a San Juan en su Evangelio, dice que lo presenta como el “Logos Divino”, frase según él que sirvió para unir, para la fusión del cristianismo y el helenismo (?).
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La teoría de Loisy
Este filósofo dice en su libro: ‘El Evangelio y la Iglesia’ haciendo la crítica de Harnack:
“Harnack no concibe el cristianismo como una semilla que ha crecido, primero como planta en potencia, después planta real, idéntica a sí misma desde el principio de su evolución hasta su término actual, y desde la raíz hasta la cúspide del tallo”.
Loisy más especulador y menos histórico, sustituye a aquellas, merced a una poderosa energía de expansión interna, inherente al contenido mismo dogmático la cual radica en el enlace envuelto en su carácter mismo de Mesías, y ofrece amplio fundamento y abundante pábulo a la fecundidad productora de la fe.
Loisy ilustra su pensamiento con el ejemplo del árbol. En el germen  y en el árbol se realiza por igual la esencia de la planta. Según Loisy, el conjunto de los dogmas cristianos representa un organismo cuyos miembros son el resultado de un simple desarrollo vital; en el germen primero estaba ya contenido virtualmente todo cuanto la sucesión de los tiempos y fases ha ido manifestando. En su punto de partida, el dogma cristiano, era el grano de mostaza que con el tiempo se ha hecho corpulento y frondoso:
“El grano era diminuto; porque la nueva religión era menor en el prestigio de la antigüedad, que las viejas religiones todavía en pie, de Egipto y de Caldea; era menor en el poder externo que el paganismo romano, menor también en apariencia que el judaísmo. Sin embargo, aquella semilla acerraba en germen el árbol que nosotros contemplamos”.
Loisy admite dos energías que se desenvuelven paralelamente, se completan y cooperan de consuno a la evolución del núcleo primordial; además del agente subjetivo de la conciencia cristiana, admite otro objetivo no menos enérgico. Por eso en la teoría de Loisy, el desenvolvimiento es por verdadera evolución, y así, las energías actúan obedeciendo a leyes constantes: de donde resulta que el progreso es perenne, sin vacilaciones, sin paradas, sin solución de continuidad.
Pero en Loisy nos encontramos una cosa curiosa, que queriendo refutar a Harnack, lo va copiando en la terminología, en la serie, en el número y caracteres de cada una de las fases sucesivas que hace atravesar al cristianismo a través de la historia.
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La teoría Modernista
Los modernistas propiamente dichos, aunque han recogido con avidez el pensamiento de Loisy, han acentuado por su cuenta el rasgo que es común a los dos heterodoxos anteriores; o sea el factor psicológico; Loisy admite la acción de la conciencia cristiana sobre la expansibilidad objetiva del contenido dogmático; los modernistas han tomado por su cuenta ilustrar ese tópico, describiendo menudamente en la experiencia religiosa el momento de la subconsciencia donde obra el sentimiento, y el momento de la intelectualidad, cuando entra en juego la inteligencia. Describen con satisfacción, el conjunto de elementos subjetivos que comunican a su teoría el general de la religión, distinguen las dos regiones de subconsciencia y de inteligencia.
Según los modernistas, cuando la fe o el sentimiento religioso se encuentra frente del fenómeno histórico en que aquél se apoya, la fe se apodera del fenómeno en su totalidad, la reviste de la vida en que ella rebosa, y así, por una parte, “trasfigura” el fenómeno comunicándole el fundamento para las propiedades superiores que luego han de descubrir y formular sobre él.
Dicen los modernistas:
“He aquí, que desde el punto de vista ontológico, en el Cristo de la historia, están encerrados aquellos valores éticos y aquellos significados religiosos que la conciencia cristiana ha ido contemplando lentamente; porque la fe nada crea, sólo descubre (¡¿)”.
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Lo que de verdad es
El contenido dogmático en su fase primordial, al ser comunicado al género humano, afecta la forma de una realidad vital, viniendo a ser como un germen que, dotado de vida y por lo mismo de virtud evolutiva, y depositado además en el corazón, vivo también de la Iglesia, es decir, en la conciencia de sus miembros, se desenvuelve luego gradualmente a favor de esa doble actividad vital, revistiendo sucesivamente formas de expresión más y más definidas, a medida que va creciendo y desarrollándose la actividad de la conciencia cristiana.
El dogma no se entregó como una cosa acabada e intangible, sino como un depósito viviente que debemos cultivar, fomentar y desarrollar. Como vivo y fructífero está grabado en las tablas del corazón de los fieles, y sembrado en la conciencia cristiana, donde, en expresión del Apóstol, TODA PALABRA DE VIDA CRECE Y FRUCTIFICA, se desarrolla y perfecciona a proporción que avanza el desarrollo o el perfeccionamiento subjetivo.
A lo anterior debemos agregar la cooperación del Espíritu Santo que está obrando perennemente en la Iglesia enseñando a los fieles la verdad revelada por Jesucristo. Al despedirse Jesús de sus discípulos les dijo: AÚN TENGO MUCHAS COSAS QUE DECIROS, PERO TODAVÍA NO LAS PODÉIS ENTENDER. EL ESPÍRITU DE VERDAD QUE OS ENVIARÉ PARA QUE PERMANEZCA SIEMPRE CON VOSOTROS OS ENSEÑARÁ TODA VERDAD. La Iglesia sigue en el día de hoy, pidiendo al Padre el cumplimiento de esta promesa.
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La última y compendio de las demás herejías
Creemos que con lo que hemos dicho (comprendemos que hay muy mal expuesto y peor redactado) bastará para que los lectores tengan una noción rudimentaria del camino preparado al último hereje de la era moderna, nos referimos a Pierre Teilhard de Chardin. ¿Quién fue este señor?
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Pierre Teilhard de Chardin. El profeta del Anticristo
“Te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús,
que ha de juzgar a vivos y muertos,
por su aparición y por su reino:
Predica la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, arguye, enseña,
exhorta con toda longanimidad y doctrina,
pues vendrá un tiempo en que no sufrirán la sana doctrina;
antes deseosos de novedades, se amontonarán
maestros conforme a sus pasiones
y apartarán los oídos de la verdad
para volverlos a las fábulas.
Pero tú, vela en todo, soporta los trabajos,
has obra de evangelista, cumple tu ministerio.”
(I Timoteo IV,1-5).

El Apóstol Pablo, tuvo en verdad visión profética anticipada de nuestros tiempos.
Hemos visto a los largo de estos “cuadros”, la conjuración contra la Iglesia de Jesucristo, pero todo lo anterior era juego de niños en comparación de lo que nos falta ver.
El capítulo anterior lo terminamos con una pregunta: ¿Quién es ese señor? Refiriéndonos a Teilhard de Chardin. Pues, fue, un sacerdote francés, jesuita que nació en el castillo de Sarcenat en Auvernia a fines del siglo pasado, y que se hizo famoso por su dedicación a la paleontología, y que quizás por sus estudios de antropología y de paleontología, su mente sufrió una desviación; pues que, con base en la “cosmovisión” edificó su enseñanzas con alcance filosófico y aún teológico, tomando como axioma indiscutible la evolución general, que llevará al Universo desde la energía primordial subatómica al hombre actual, y que lo conducirá en lo futuro al Punto Omega o Cristo Universal.
Durante su vida, en actitud de franca desobediencia a sus votos y a sus superiores, era conocido por el autor de ciertas hojas mimeográficas que hacía circular entre el clero, los profesores de instituciones católicas, entre los alumnos de los seminarios, y en esas hojas, enseñaba nueva teología. Pero más famoso se hizo después de muerto, porque, con motivo de la publicación de sus escritos inéditos, entre ellos ‘El Fenómeno Humano’ en el que expone su cosmovisión, y en ‘El Medio Divino’ en que da a conocer la nueva espiritualidad basada en la acción y en la coincidencia con los esfuerzos del progreso humano científico-técnico-socializante, y que él tiene por absolutamente necesario para la construcción del Cuerpo Místico del futuro Cristo Universal que es la meta y la razón de ser de la “Evolución y de la Historia”.
No es de extrañar, que en muy poco tiempo Chardin se constituyó en uno de los principales líderes del “progresismo” y de la llamada “teología nueva”. Sus ideas fueron claramente aludidas en forma muy desfavorable en la Encíclica “Humani Géneris” de S. S. Pío XII del 12 de agosto de 1950. Tiene un párrafo en que claramente lo alude pues dice:
“Por desgracia, estos amigos de novedades fácilmente pasan al desprecio de la teología escolástica a tener en menos a aún a despreciar también al mismo Magisterio de la Iglesia, que con su autoridad tanto peso ha dado a aquella teología. Presentan este Magisterio como un impedimento del progreso y como un obstáculo de la ciencia… También hay algunos que plantean el problema de si los ángeles son personas; y si hay diferencia esencial entre la materia y el espíritu. Otros desvirtúan el concepto del carácter gratuito del orden sobrenatural, pues defienden que dios no puede crear seres inteligentes sin ordenarlos y llamarlos a la visión beatífica…”.
El 30 de junio de 1962, la congregación del Santo Oficio (Hoy de la Fe) hizo una solemne advertencia -”Monitum”- que dice:
“Ciertas obras, incluso póstumas, del P. Teilhard de Chardin se difunden y se divulgan con éxito no pequeño. Sin juzgar lo que concierne a las ciencias positivas, resulta suficientemente evidente que en materia filosófica y teológica las antedichas obras están llenas de ambigüedades y aún de errores graves que atentan contra la doctrina católica. Por ello, los Eminentísimos y Reverendísimos Padres de la Suprema y Sagrada Congregación del Santo Oficio, exhortan a todos los Ordinarios, y también a los superiores de institutos religiosos, a los superiores de Seminarios, y a los rectores de Universidades, a defender eficazmente a los espíritus, sobre todo de los jóvenes, contra los peligros de las obras del P. Teilhard de Chardin y sus acólitos”.
Por desgracia, esta solemne advertencia, no fue escuchada por todos aquellos que estaban en obligación de hacerlo, dando por resultado el envenenamiento de muchos sacerdotes y seminaristas.
Los errores y ambigüedades de los escritos de Chardin saltan a la vista y pueden agruparse así:
1.- Un concepto de creación que la hacía casi necesaria a Dios.
2.- Un concepto de las relaciones entre el Cosmos y Dios, en que la evolución del Cosmos en cierto modo transforma a Dios mismo.
3.- Admisión de una tercera naturaleza en Cristo, no humana ni divina, sino Cósmica, al hacer de Cristo la culminación de toda la evolución natural del Cosmos.
4.- Confusión entre lo natural y lo sobrenatural, al afirmar Teilhard de Chardin, que no hay creación sin encarnación, ni encarnación sin redención.
5.- Confusión del espíritu con un estado superior de la materia y atribución a la materia de cierto psiquismo.
6.- Concepción meramente estadística del pecado, en virtud de la cual todos los hombres serían culpables colectiva y no individualmente, con aplicación de ello al pecado original.
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Las conclusiones anteriores nos dan
En la muy importante revista AQUINAS, Fascículo 2, leemos, que Rev. P. Guerard des Lauriers, se expresa así del Cristo que presenta Chardin:
“El Cristo Cósmico de Chardin, es la figura contemporánea del Anticristo”.
Por el primero y el segundo número, vemos que él no habla de la creación sino de la “Cosmogénesis” igual que las sociedades Teosóficas; y a la Cosmogénesis la convierte en “Cristogénesis” de donde resulta, que Cristo es el mundo y para el mundo, y al llegar a su estrato superior lo denomina Ultra-Humano, y con ello crea un nuevo mesianismo materialista.
El número cuatro, nos está indicando un evolucionismo materialista, ajeno a toda idea de Dios y contrario a la Redención, nos presenta un Cristo que se percibe a través de la “diafonía” (transparencia en el mundo). Teilhard cree tener en este punto de vista, el destino de la humanidad, y de la Iglesia. “Llega a tanto la euforia, el lavado cerebral de sus discípulos que exclaman con admiración: ‘Teilhard ha desencadenado una inmensa energía mística que puede volatizar a la materia y divinizarla’.” (Formidable y fantástico ¿verdad?). Hasta dónde llegan los extravíos de la mente cuando no hay humildad y no se quiere reconocer la grandeza de Dios y la miseria del hombre.
En el quinto número, encontramos una forma estrictamente materialista y por lo mismo Luciferina, por cuanto Lucifer, inaccesible como todo espíritu, aspira a suplantar a Dios, rehusando su gracia. Después persuadirá a los primeros padres para que se hagan dioses ellos mismos pecando: conocedores del bien y el mal.
En el sexto número encontramos, todo el credo esencial de la “contra religión”, concordante con la Kábala del esoterismo, de la gnosis de francmasonería, de la teosofía, del panteísmo. El evolucionismo, (mejor dicho) la evolución que convierte al mundo en “Dios”. De aquí, como de un caño que vomita todas las inmundicias de una cloaca, así de este pensamiento de Chardin, se derivan multitud de errores. Veamos.
La moral dimanente de la Cosmogénesis, será forzosamente el orgullo de sí mismo, la soberbia, el amor al mundo, la adoración al hombre y todas sus concupiscencias, que son su parte activa en el movimiento evolutivo tailhardiano. Ya, en este plan, y para arreglarlo, todo a su uso personal y convertirlo en irresistible dentro de la Iglesia, Teilhard pone en marcha su teoría divinizante a la que llama ‘Cosmogénesis’ y la convierte en ‘Cristificante’, porque, todo lo real es amasado, fundido, materia, espíritu, vida, gracia y sobre todo, el Cristo entero tal como fue en Palestina; y he aquí el ser original y universal de los seres que debe reconstituirse. Y esta fusión, se moldea, y al lado de la energía “tangencial” que se degrada, opera otra “radiante” que regenera. Y así tan sencillo, se pone en marcha “la cristificación”. Quisiéramos saber si él entendía este galimatías. Pero lo que sí entendemos nosotros, es que Chardin se significó como la figura contemporánea del Anticristo.
Porque, la asimilación por la Iglesia de la tesis de Chardin SU RECONVENCIÓN A LO HUMANO, es decir, apartarla, quitarla de sus “estructuras” económicas y sociales, o en otras palabras más claras, la Iglesia sería una Iglesia materialista. En el tinglado cosmogénico, cristificado de Chardin, está incluido el propio diablo como una parte integrante del todo en la creación universal.
Con su “Evolución del Universo”, Chardin está asimilando, propagando y haciendo suyas las enseñanzas de la masonería en los aspectos hasta donde es dable conocerla. Sus teorías concuerdan con las del gran pontífice y doctor Julián Huxley masón 33 el cual dice que
“no se puede admitir lo sobrenatural, que no puede haber dos reinos, la religión por su revelación y por sus dogmas, impide el progreso del saber humano”.
¿Acaso no es una de las características del “pensamiento moderno” la del panteísmo? Y ya sabemos que el panteísmo identifica a Dios con el mundo y dicho “Dios” está en permanente evolución. Y el panteísmo es tan viejo como el mundo. Y no es precisamente una reforma lo que pretenden las teorías de Teilhard de Chardin para la Iglesia Universal,  ES UNA REVOLUCIÓN, PERO COMO ESTE NOMBRE SUENA MAL, LA DENOMINAN UNA “EVOLUCIÓN”.
La prueba es la carta que Chardin escribió el 4 de octubre de 1950 a un antiguo dominico separado de la Orden; entre otras cosas le dice:
“Esencialmente considero, como usted, que la Iglesia (como cualquier realidad viva) al cabo de cierto tiempo, llega a un periodo de ‘mutación’ o ‘reforma’ necesaria. Al final de dos mil años es inevitable. La Humanidad se está transformando. ¿Cómo el cristianismo no habría de hacerlo? Mas precisamente considero que la reforma en cuestión (mucho más profunda que la del siglo XVI) no es una simple cuestión de instituciones y costumbres, sino de FE. De algún modo nuestra imagen se ha desdoblado, en relación con el Dios tradicional y trascendental del “En-Haut” (Arriba). Una especie de “En-Avant” (Adelante) surge para nosotros, hace un siglo, en dirección de algún “Ultra-Humano”. A mi parecer, todo está aquí, se trata de volver a “repensar” en Dios en términos, no más de Cosmos sino de Cosmogénesis. Un Dios que no se adora ni se alcanza más que por un acabamiento de un Universo que El llena de luz y de amor (e irreversible) desde dentro”.
Creemos que con lo dicho, es suficiente para convencernos de que Chardin fue un profeta del Anticristo.
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FUENTE: bibliaytradicion.wordpress.com

Testamento Espiritual de San Luis, Rey de Francia, a su hijo

Santoral Católico 12 de Enero - San Arcadio, Mártir

Santoral Católico 12 de enero

  • San Arcadio, Mártir
  • San Nazario, Confesor
  • San Benito Biscop, Abad
  • Santos Tigrio y Eutropio, Mártires
  • Santa Cesaria, Virgen
  • San Victoriano, Abad
  • Beato Antonio María Pucci, Confesor
  • Beata Margarita Bourgeoys, Virgen, Fundadora 
  • Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes. R. Deo Gratias.
SAN ARCADIO
Mártir


† martirizado hacia el año 302 en Cesarea

Si con Él padecemos y reinaremos también con Él;
si lo negáremos, Él nos negará igualmente.
(2 Timoteo, 2, 12)
San Arcadio se retiró a la soledad durante la persecución, mas no lo hizo sino para adquirir en ella fuerzas a fin de combatir con mayor coraje. Presentóse al tirano. Fue cortado en pedazos, pero los suplicios le resultaron dulces, porque lo hacían semejante a Jesucristo en la tierra, y le aseguraban su dicha en el cielo.

MEDITACIÓN
SOBRE LOS SUFRIMIENTOS
 
I. Pecador, es preciso sufrir en esta vida para no sufrir en la otra; es menester que borres tus delitos con tus trabajos, tus lágrimas y tu sangre: no hay otro medio para que vuelvas a gozar del favor de Dios. Él te envía sufrimientos: recíbelos como remedios para las enfermedades de tu alma. Siempre quieres pecar, y no quieres hacer penitencia: ten cuidado, te encuentras en un estado peligroso. Es necesario satisfacer a Dios en este mundo o en el otro. Elige.
 
II. Pecadores convertidos, que habéis tenido la felicidad de reconciliaros con Dios, no os creáis que ya podéis dejar de llorar vuestros pecados y cesar de sufrir para borrarlos. Aun cuando se os hubiera re velado, como a Magdalena, que vuestros pecados han sido perdonados, menester sería, sin embargo, hacer como ella penitencia, todo el resto de vuestros días. Temblad, llorad siempre, pues no sabéis si sois dig nos de odio o de amor de Dios. Aunque no hubierais cometido sino un solo pecado, sería suficiente como para obligaros a llorar eternamente.
 
III. Almas santas que aspiráis a la perfección, aun cuando fueseis arrebatadas todos los días hasta el tercer cielo, como San Pablo, no os creáis por eso dispensadas de hacer penitencia. Vuestras contemplaciones haríanse sospechosas, si no van acompaña das del amor a los sufrimientos. Si amáis sólida mente a Jesús, querréis asemejaras a Él sufriendo con Él. Tendréis motivo para esperar la gloria de Jesucristo, si participáis en los dolores de su pasión.

La paciencia
Orad por vuestros enemigos.
 
ORACIÓN
Os suplicamos, oh Dios omnipotente, que hagáis que por la intercesión del bienaventurado Arcadio, vuestro mártir, cuyo nacimiento al cielo celebramos, seamos fortificados en el amor de vuestro Nombre. Por N. S. J. C. Amén

Fuente: DevociónCatolica.Blogspot

domingo, 9 de enero de 2011

9 de Enero - Bautismo de Cristo por San Juan Bautista

9 de enero
Epifanía es lo mismo que manifestación del Señor. Guiado por este pensamiento, el Oriente centró la fiesta del 6 de enero en el bautismo de Jesús por Juan, ya que la voz del Padre, la bajada del Espíritu Santo en forma de paloma y el testimonio de Juan constituyen la gran manifestación de la personalidad divina del Salvador en el momento en que va a comenzar su vida pública. El Occidente, mas impresionado por la adoración de los Magos, subraya vigorosamente en la misa, por el evangelio y la colecta, y en maitines, por las tres hermosas lecciones del oficio: santificadas por el bautismo de Jesús, las aguas que han recibido para siempre el poder de santificar en el Espíritu Santo a cuantos son llamados a recibir el bautismo cristiano. Ningún lugar más indicado que éste, después de la supresión de la octava de la Epifanía, para conmemorar el bautismo de Cristo, manifestación de su divinidad y de la obra de transformación divina que viene a realizar en nuestras vidas humanas.
Tomado del Misal diario.
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"El Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo –pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica..., sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. Puede, por tanto, entenderse –si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura– que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes". San Cirilo de Alejandría, siglo V.
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FUENTE: bibliaytradicion.wordpress.com

lunes, 3 de enero de 2011

Santísimo Nombre de Jesús

Santísimo Nombre de Jesús

Santísimo Nombre de Jesús
“Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lagrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia. No pienses en un nombre de poder, menos en uno de venganza, sino de salvación. Su nombre es misericordia, es perdón. Que el nombre de Jesús resuene en mis oídos, porque su voz es dulce y su rostro bello. No dudes, el nombre de Jesús es fundamento de la fe, mediante le cual somos constituidos hijos de Dios. La fe de la religión católica consiste en el conocimiento de Cristo Jesús y de su persona, que el luz del alma, franquicia de la vida, piedra de salvación eterna. Quien no llegó a conocerle o le abandonó camina por la vida en tinieblas, y va a ciegas con inminente riesgo de caer en el precipicio, y cuanto más se apoye en la humana inteligencia, tanto más se servirá de un lazarillo también ciego, al pretender escalar los recónditos secretos celestiales con sólo la sabiduría del propio entendimiento, y no será difícil que le acontezca, por descuidar los materiales sólidos, construir la casa en vano, y, por olvidar la puerta de entrada, pretenda luego entra a ella por el tejado. No hay otro fundamento fuera de Jesús, luz y puerta, guía de los descarriados, lumbrera de la fe para todos los hombres, único medio para encontrar de nuevo al Dios indulgente, y, una vez encontrado, fiarse de él; y poseído, disfrutarle. Esta base sostiene la Iglesia, fundamentada en el nombre de Jesús. El nombre de Jesús es el brillo de los predicadores, porque de Él les viene la claridad luminosa, la validez de su mensaje y la aceptación de su palabra por los demás. ¿De dónde piensas que procede tanto esplendor y que tan rápidamente se haya propagado la fe por todo el mundo, sino por haber predicado a Jesús? ¿Acaso no por la luz y dulzura de este nombre, por el que Dios nos llamó y condujo a su gloria? Con razón el Apóstol, a los elegidos y predestinados por este nombre luminoso, les dice: en otro tiempo fuisteis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor. Caminad como hijo de la luz. ¡Oh nombre glorioso, nombre regalado, nombre amoroso y santo! Por ti las culpas se borran, los enemigos huyen vencidos, los enfermos sanan, los atribulados y tentados se robustecen, y se sienten gozosos todos. Tú eres la honra de los creyentes, tú el maestro de los predicadores, tú la fuerza de los que trabajan, tú el valor de los débiles. Con el fuego de tu ardor y de tu celo se enardecen los ánimos, crecen los deseos, se obtienen los favores, las almas contemplativas se extasían; por ti, en definitiva, todos los bienaventurados del cielo son glorificados. Haz, dulcísimo Jesús, que también nosotros reinemos con ello por la fuerza de tu santísimo nombre.”
San Bernardino de Siena

domingo, 2 de enero de 2011

La Santísima Virgen ¿Debe Llamarse Madre de Dios?

Título: La Santísima Virgen ¿Debe Llamarse Madre de Dios?
Autor: M. I. Sr. Dr. D. Gregorio Alastruey
Tomado de su obra ‘Tratado de la Virgen Santísima’; capítulo III – De la misma maternidad divina de la Santísima Virgen; artículo I. De la verdad de la maternidad divina de la Santísima Virgen; cuestión I: Si la Santísima Virgen debe llamarse Madre de Dios; pp. 77-89
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Contenido
Cuestión I: Si la Santísima Virgen debe llamarse Madre de Dios.
Errores
TESIS: La Santísima Virgen es verdaderamente y debe llamarse Madre de Dios.
Concilios y otros documentos de fe
Sagrada Escritura
Santos Padres y escritores eclesiásticos
Sentir común de los fieles
Razón teológica
Corolario
Notas
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Cuestión I: Si la Santísima Virgen debe llamarse Madre de Dios.
1° Que María es verdadera mente Madre de Cristo consta: a) En San Mateo (2,13): Levántate y toma al niño y a su Madre; y en San Juan (2,1): Y de allí a tres días se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y estaba allí la Madre de Jesús. b) San Ambrosio lo enseña diciendo: “El Señor, Jesús, lo atestigua desde la cruz, y difiere un poco la salvación pública para no dejar a la Madre sin los honores debidos” {1}.
Y no se oponen las palabras de San Juan Damasceno: “Nosotros de ninguna manera llamamos a la Santísima Virgen Madre de Cristo” {2}, porque el Damasceno no repudia este modo de hablar en absoluto, sino solamente por la perfidia de Nestorio, que, abusando de la palabra Cristo, y entendiéndola en el sentido de que era puro hombre, quería que la Santísima Virgen fuera llamada así Madre de Cristo y no Madre de Dios. c) Y, en efecto, se llama verdaderamente madre a aquella de cuya sustancia es concebido y nace el hijo. Luego Cristo es hijo de la Santísima Virgen, ya que de ella fue concebido y nació, dándole, como las demás madres, la sustancia de su propia carne.
2° La cuestión, por tanto, debe plantearse así: Si la Santísima Virgen, Madre de Cristo, es y debe llamarse verdadera mente Madre de Dios.
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Errores.- a) Los docetas (gnósticos o maniqueos), al afirmar que el cuerpo de Cristo es sólo aparente o fantástico, o que ciertamente es real, pero traído del cielo de tal modo que pasó por la Virgen María como por un acueducto, sin haber sido concebido y formado de ella, reducen la maternidad divina de la Santísima Virgen a una maternidad aparente.
Los principales fautores de esta herejía, que apareció en la Iglesia en los tiempos apostólicos, fueron Simón Mago, Saturnino, Basílides, Valentín Marción,  Cerdón y Manes, llamado vulgarmente Maniqueo, los cuales explicaban de diverso modo la apariencia de la carne de Cristo.
El error valentiniano sobre el origen celeste del Cuerpo de Cristo fue exhumado en el siglo XVI por Simón Mennón, corifeo de los anabaptistas, quien obstinadamente afirmó que el cuerpo de Cristo procedía de la semilla del Padre celestial, no de la sustancia de María; también Schwenkfeld negó el origen materno de Cristo, llamando a su carne y sangre, no creatural, sino supercreatural, de tal modo que llegó a imaginarla meramente espiritual y totalmente divina; y por último, Miguel Servet se atrevió a afirmar que el cuerpo de Cristo era cuerpo de la Deidad, y su carne divina, carne celeste, engendrada de la sustancia de Dios.
Esta doctrina, según Canisio, fue común a todos los anabaptistas: “Siguen -dice- los anabaptistas, cuyo número es grande todavía, defendiendo su dogma de que Cristo trajo del cielo consigo un cuerpo espiritual y celeste y que nada tomó de María” {3}.
b) Los monofisitas, que reconocen como precursor a Apolinar y como padre a Eutiques, defendiendo que la unión del Verbo con la humanidad fue hecha in natura, afirman, en consecuencia, que en Cristo no hay más que una naturaleza, formada de la deidad y de la humanidad; y por tanto, Cristo, según esta sentencia, no sería ni de naturaleza humana ni de naturaleza divina y, por lo mismo, no sería verdadero Dios, ni María podría llamarse Madre de Dios.
c) Los nestorianos, capitaneados por Nestorio, discípulo de Diodoro de Tarso y de Teodoro de Mopsuesta, niegan la unión hipostática del Verbo con la humanidad y, consiguientemente, la unidad personal de Jesucristo, poniendo en él dos íntegras hipóstasis o personas físicas, una del hombre Cristo y otra del Verbo, unidas moral, extrínseca o accidentalmente por la inhabitación del Verbo en el hombre como en templo, por la conformidad de afectos y voluntades, por el oficio de instrumento que el hombre presta al Verbo divino y por el consorcio de honor que del Verbo redunda en el hombre.
Por todo ello:
α) Nestorio llamaba a Cristo Deifero.
β) No tenía inconveniente en llamar Dios a Cristo, no ciertamente en sentido católico, o sea, por la unión hipostática, sino por la unión moral, en cuya virtud Dios es del hombre y el hombre es de Dios; pero ni Dios es hombre ni el hombre es Dios.
γ) Finalmente, ponía una sola persona en Cristo en cuanto que la persona del Verbo y la persona del hombre constituyen una sola persona de unión; pero esta común persona es algo meramente artificial, moral, económico, jurídico, no una persona o hipóstasis en sentido físico y ontológico.
Como consecuencia de tan impía doctrina podía lógicamente afirmarse que la Santísima Virgen era Madre de Cristo hombre, pero no Madre de Dios, y, por tanto, debería llamársela no Deípara o Theotocon, sino Cristípara o Christotocon, o a lo sumo Theodochon, es decir, receptora de Dios.
Conceden, sin embargo, los nestorianos que María puede llamarse Madre de Dios en sentido impropio, en cuanto que el hombre Cristo, a quien ella engendró, unido al Verbo de Dios de un modo especial, mereció honores divinos, de la misma manera que la mujer que ha dado a luz a un niño, si después es sacerdote o santo, puede llamarse madre del sacerdote o del santo.
d) Los protestantes antiguos, como Lutero, Calvino, Bucero, Bullíngero, enemigos acérrimos de la Santísima Virgen en otros aspectos, no niegan su maternidad divina, si bien en sus discípulos más cercanos ya se encuentran las heces nestorianas {4}.
Entre los protestantes modernos, los que se llaman ortodoxos, aun profesando la divinidad de Cristo, aborrecen con aversión ciega, el título Madre de Dios dado a la Santísima Virgen {5}, y la llaman Madre del Señor.
Sin embargo, no debe silenciarse que “en nuestros tiempos haya también protestantes que reconocen la dignidad de la Virgen Madre de Dios y se mueven a reverenciarla y honrarla fervorosamente” {6}.
Los protestantes liberales, racionalistas y modernistas, rechazando la divinidad de Cristo, a quien consideran meramente como un hombre, aunque perfectísimo, niegan por lo mismo la maternidad divina.
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TESIS: La Santísima Virgen es verdaderamente y debe llamarse Madre de Dios.
Concilios y otros documentos de fe.- El Concilio de Efeso definió (can. 1): “Si alguno no confiesa que Dios es verdaderamente Emmanuel y, por tanto, que la Santísima Virgen es Madre de Dios (pues parió, según la carne, al Verbo de Dios hecho carne), sea anatema” {7}.
El Concilio de Letrán (bajo Martín I, Papa), canon 3: “Si alguno no confiesa, de acuerdo con los Santos Padres, propiamente y según la verdad, como Madre de Dios a la santa, siempre virgen e inmaculada María, por haber  concebido en los últimos tiempos, del Espíritu Santo y sin concurso viril y engendrado incorruptiblemente al mismo Verbo de Dios, especial y verdaderamente, permaneciendo indestruída aun después del parto, su virginidad, sea condenado” {8}.
Concilio Contantinopolitano III (Ecuménico VI): “Según esto, y por las epístolas conciliares que fueron escritas por tales, hemos conocido también que los santos cinco concilios universales y los santos y probados Padres unánimemente definiendo confiesan a Nuestro Señor Jesucristo verdadero Dios nuestro, uno de la Trinidad santa, consustancial y principio de vida, perfecto en la deidad y perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente y hombre verdaderamente, compuesto de alma racional y de cuerpo; consustancial al Padre según la deidad y consustancial a nosotros según la humanidad, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado (Hebr. 4,15), engendrado ciertamente, antes de los siglos, del Padre según la deidad, y el mismo, en los últimos días por nosotros y por nuestra salud engendrado del Espíritu Santo y de María Virgen, propia y verdaderamente Madre de Dios, según la humanidad, uno y el mismo Cristo, Hijo de Dios unigénito, que ha de ser confesado en las dos naturalezas inconfusa, incontrovertible, inseparable e indivisamente…” {9}.
Las mismas doctrinas son propuestas por Juan II en la epístola a los senadores de Constantinopla (mart., 534) {10}; por Paulo IV en la constitución Cum quorumdam, contra los socianos (7 a g. 1555) {11}; por Benedicto XIV en la profesión de fe prescrita a los orientales (maronitas), en la constitución Nuper ad nos (16 de marzo 1743) {12}, y finalmente, por Pío XI en la encíclica Lux Veritatis (25 diciembre 1931), donde habla de este modo: “De este capítulo de la doctrina católica que hemos considerado, se sigue necesariamente aquel dogma de la maternidad divina que predicamos de la Santísima Virgen María; no que, como advierte San Cirilo, la naturaleza del Verbo y su divinidad haya tomado el principio de su nacimiento de la Santa Virgen, sino que tomara de ella aquel sagrado cuerpo, perfecto por el alma inteligente, al cual unido según la persona el Verbo de Dios, se dice nacido según la carne. Pero si el Hijo de la Santísima Virgen María es Dios, ella ciertamente debe ser llamada con todo derecho Madre de Dios por haberle engendrado; si una es la persona de Jesucristo y ésta divina, sin duda alguna María debe ser llamada por todos, no sólo Madre de Cristo hombre, sino también Madre de Dios. Por tanto, la que por su prima Isabel es saludada la Madre de mi Señor, la que se dice por San Ignacio Mártir que dio a luz a Dios, y de la cual confiesa Tertuliano que Dios había nacido, venerémosla todos como Madre de Dios, a la cual el Eterno confirió la plenitud de la gracia y adornó de tanta dignidad” {13}.
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2° Sagrada Escritura.- a) En San Lucas (1,43), Isabel, inspirada por el Espíritu Santo, saluda a la Santísima Virgen de este modo: ¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí? Esta palabra, Señor, Kyrios, significa Dios y equivale a Dios {14}.
En el mismo San Lucas (1,31 ss.), el ángel anuncia a María el misterio de la Encarnación con estas palabras: He aquí concebirás en tu seno y parirás un hijo y llamarás su nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo… Lo santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios. Según la manera de hablar de la Escritura y por el mismo contexto aparece que en la palabra será llamado se significa lo que en realidad es el que había de nacer, y del cual había de ser Madre la Santísima Virgen; y que, por tanto, éste es Hijo del Altísimo, Hijo de Dios, es decir, Dios.
En la Epístola a los Romanos (1,3) se dice: Acerca de su Hijo, que le fue hecho del linaje de David, según la carne; y en la carta a los Gálatas (4,4): Mas al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley. Luego uno y el mismo es el que fue engendrado por el Padre desde toda la eternidad y el que en el tiempo fue también engendrado de la Virgen Madre. Y como aquel es el Verbo de Dios, resulta que la santísima Virgen es Madre de Dios.
b) En otros lugares de la Sagrada Escritura se declara expresamente que María es Madre de Cristo o Madre de Jesús (Mt. 2,11; Lc. 2,37 y 48; Jn. 2,1; Act. 1,14). Si, pues, Jesucristo es verdadero Dios, María es Madre de Dios en sentido propio y verdadero.
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Santos Padres y escritores eclesiásticos.- En la doctrina de la tradición sobre la maternidad divina de la Virgen deben distinguirse tres periodos:
a) En los testimonios de los Padres y escritores eclesiásticos de los tres primeros siglos no aparece el nombre de Madre de Dios: Theotocos. Sin embargo, el contenido de este nombre, es decir, la verdad de la maternidad divina se expresa con palabras equivalentes.
Los Padres de esta época, afirmando y defendiendo contra los gnósticos que el Verbo de Dios tomó verdadera carne de María, dan a entender que María concibió según la carne al Dios hombre.
San Ignacio Mártir afirma: “Nuestro Cristo, Cristo Jesús, fue llevado por María en el seno, conforme a la dispensación de Dios, de la estirpe ciertamente de David, pero por el Espíritu Santo” {15}.
Arístides: “Los cristianos traen origen de Jesucristo, Señor nuestro. Créese que éste es Hijo de Dios Altísimo, que en el Espíritu Santo descendió del cielo para salvar a los hombres que en El creen y engendrado de la Santa Virgen, sin corrupción” {16}.
San Justino Mártir: “El cual (Cristo) siendo el Verbo primogénito de Dios es también Dios. Y en verdad que primeramente fue visto por los Magos y demás profetas en apariencia de fuego y en imagen incorpórea; pero ahora en los tiempos de vuestro imperio hecho de la Virgen hombre, según la voluntad del Padre, como ya dijimos, quiso ser despreciado y padeció por la salvación de aquellos que en El creen” {17}.
San Hipólito: “El Verbo descendió del cielo a la Santa Virgen María para que, encarnado en ella y hecho hombre en todo, menos en el pecado, salvara a Adán, que había perecido” {18}.
San Ireneo: “Resumiendo en sí a Adán, El mismo (Señor) es el Verbo existiendo de María” {19}. “El Hijo de Dios nació de la Virgen” {20}.
Y tertuliano. “Concibió, por tanto, y dio a luz la Virgen a Emmanuel, Dios con nosotros” {21}. Y en otro lugar: “Así como, no nacido de la Virgen, pudo sin madre tener a Dios por Padre, del mismo modo, naciendo de la Virgen, pudo tener a una mujer por madre sin padre hombre” {22}.
b) En los Padres y escritores del siglo IV, el título Theotocos, Madre de Dios, Engendrada de Dios y otros sinónimos se atribuyen frecuentemente a la Santísima Virgen.
Aunque es probable que Orígenes {23} usara este nombre antes que otro alguno, ciertamente lo encontramos ya en San Alejandro de Alejandría cuando dice. “Después de esto hemos conocido la resurrección de los muertos, el primero de los cuales fue Nuestro Señor Jesucristo, quien tuvo carne verdadera, no aparente, tomada de María, Madre de Dios, εχ θεοτοχου Μαρια” {24}.
Detalle de la nomenclatura griega
Eusebio de Cesárea llama con más frecuencia a María θεοτοχου; así, hablando de Santa Elena, dice: “En la ciudad de Belén, la reina amantísima de Dios erigió hermosos monumentos al parto de la Madre de Dios τηζ θεοτοχου” {25}.
Detalle de la nomenclatura griega
San Atanasio: “Por nosotros, tomada carne de la Virgen María, Madre de Dios, hízose hombre” {26}.
San Efrén: “Virgen María, Madre de dios, Reina de todas las cosa, esperanza de los desesperados” {27}. “Acúdeme ahora y siempre, ¡oh Virgen, Madre de Dios, Madre benigna, clemente y misericordiosa!” {28}.
San Gregorio Nacianceno: “Si alguno no cree que Santa María es Madre de Dios, está fuera de Dios” {29}.
San Ambrosio: “¿Qué cosa más noble que la Madre de Dios? ¿Qué cosa más espléndida que aquella a quien eligió el mismo Esplendor divino?” {30}.
c) En el siglo V, cuando Nestorio atrevióse a negar abiertamente la maternidad divina de la Virgen, San Cirilo defendió valerosamente el dogma católico, apelando a la antigua tradición con estas palabras: “Como la palabra Madre de Dios fue también familiar a los Santos Padres que existieron antes que nosotros y que tan admirables fueron por su rectitud en la fe, pienso que para la posteridad y para todo el orbe será de gran ventaja demostrarlo como verdadero” {31}.
El Concilio de Efeso reprobó solemnemente la sentencia impía de Nestorio y definió con aplauso del pueblo que la Santísima Virgen María es real y verdaderamente Madre de Dios o Theotocos.

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Sentir común de los fieles.- Mucho antes del Concilio Efesino, llamaron y tuvieron los fieles a la Santísima Virgen como verdadera Madre de Dios, Theotocos. Así consta: a) Por el testimonio de los escritores eclesiásticos y aun de los mismos herejes.
Juan de Antioquía, favorecedor de Nestorio, se esforzó cuanto pudo en persuadirle que debía cesar en sus reclamaciones y ataques contra el título Theotocos, que ningún doctor eclesiástico repudiaba y que muchos explícitamente usaban. “Ninguno -dice- de los doctores eclesiásticos le ha repudiado. Y muchos de gran celebridad le han usado; y los que no lo usaron, tampoco condenaron ni reprendieron a los que le usan” {32}.
Alejandro de Hierápolis, enemigo acérrimo de San Cirilo y partidario tan ferviente de Nestorio que fue llamado otro Nestorio, confiesa que el nombre Theotocos, entendido por él en un sentido limitado, ya hacía mucho tiempo que era usado por los fieles. “Y ciertamente -dice- en festividades, en elogios y doctrinas es imprudentemente llamada por los ortodoxos Madre de Dios o Engendradora de Dios, sin adición alguna, o llaman deicidas a los judíos o dicen que el Verbo se encarnó y otras cosas semejantes, que, en realidad, no son dignas de acusación alguna, por cuanto no las afirman dogmáticamente” {33}.
También Teodoreto lo atestigua diciendo: “Los más antiguos predicadores de la fe católica enseñaron como de tradición apostólica que la Madre del Señor debe ser celebrada y honrada como Madre de Dios” {34}.
El emperador Constantino, en su oración a todos los santos, según refiere Eusebio de Cesárea, llama a María doncella Madre de Dios {35}.
Finalmente, Juliano el Apóstata, como atestigua San Cirilo, echaba en rostro a los cristianos que siempre ponían en sus labios el nombre de Madre de Dios. “Vosotros -decía- no cesáis de llamar Madre de Dios a María” {36}.
Contando, pues, el título de Theotocos con tan insigne antigüedad, no es de extrañar que el pueblo de Constantinopla se produjera tan inmensa conmoción cuando Anastasio, presbítero de Nestorio, impugnó en un sermón el título de Madre de Dios; y tampoco el que la muchedumbre reunida en Efeso, “cuando conoció el juicio o sentencia pronunciada por los Padres del Concilio, los aclamara con alegría indescriptible, y con hachas encendidas los acompañara hasta sus casas” {37}.
b) Los templos edificados antes del Concilio de Efeso en honor de la Virgen Madre de dios, Theotocos, y llamados con este título, son también prueba de esta verdad.
α) Por lo que se refiere a la iglesia Oriental, dícese que en Egipto el obispo Theonas (282-300) construyó en Alejandría una iglesia, ampliada y consagrada a la Madre de Dios por su sucesor Alejandro III (373-380).
También Eutiquio, patriarca de Alejandría, atestigua que es esta misma ciudad fue erigida a la Madre de dios una iglesia por Teófilo Alejandrino (384-412).
En Palestina, la iglesia de la Natividad, llamada por San Jerónimo iglesia de la Gruta del Salvador, y que llega a los tiempos de Constantino, no sólo tenía carácter de iglesia del Señor, sino también santuario en honor de la milagrosa concepción de Cristo de la Virgen María, Madre de Dios.
Y, por último, en el Asia Menor, el Concilio de Efeso, que definió solemnemente la maternidad divina de la Santísima Virgen, se celebró (año 431) en la iglesia de Santa María, que estaba consagrada a la Virgen bajo el título de Madre de Dios, ya que carece de todo fundamento la duda de algunos críticos sobre si la iglesia efesina recibió aquel título después de clausurado el Concilio.
β) En la Iglesia Occidental goza de gran estima la tradición que atribuye a San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, la edificación de un templo o capilla para el culto de la Bienaventurada María, Madre de Dios {38}.
Además, en el año 1900, bajo las ruinas de Santa María Libertadora en el Foro Romano, se descubrió la vetustísima iglesia de Santa María de la Antigua, con esta inscripción: “a la Santa Madre de Dios y siempre Virgen María”. Iglesia que Grisar opina fue edificada a principios del siglo IV {39}.
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Razón teológica.- a) La Santísima virgen es verdadera y propiamente Madre de Cristo. Luego es Madre de Dios, ya que Cristo es Dios propia y verdaderamente.
b) Se dice que una mujer es madre de alguno cuando ha sido por ella concebido y engendrado. Si, pues, la Santísima Virgen concibió y engendró a Dios, es ciertamente su Madre.
En efecto:
α) Cristo, por razón de la unión hipostática, es una hipóstasis o persona divina subsistente en la naturaleza divina y humana.
Si, pues, a esta hipóstasis o persona pueden atribuírsele con verdad todas las cosas que según ambas naturalezas le convienen, es claro que a la persona divina y, por tanto, a Dios puede atribuirse todo lo que a Cristo le conviene según la naturaleza humana. Ahora bien, a Cristo le conviene, según la naturaleza humana, ser concebido y ser nacido de la Bienaventurada Virgen María. Y así dice Santo Tomás: “Ser concebido y nacer se atribuye a la persona o hipóstasis, según aquella naturaleza en la cual es concebida y nacida; y como en el mismo principio de la concepción de la naturaleza humana fue asumida por la persona divina, puede decirse verdaderamente que Dios fue concebido y nacido de la Virgen” {40}.
β) La persona o hipóstasis es el sujeto a quien compete la generación y natividad; que nunca se dice que la naturaleza humana es engendrada o nacida, sino el hombre, ni jamás se dice que la mujer es madre de alguna naturaleza, sino de tal o cual persona o hipóstasis; la razón de esto es porque la generación y natividad dice orden al ser; así como se engendra algo para que exista, así lo que nace es también para existir; el ser es propiamente de la cosa subsistente; no de la naturaleza, que es la forma por la cual algo subsiste. Ahora bien, ninguna persona o hipóstasis es engendrada y nacida de María Virgen sino el Verbo de Dios en la naturaleza humana {41}.
c) La Bienaventurada Virgen fue verdaderamente madre del término resultante de la concepción. El término resultante de la concepción de María Virgen es la persona del Hijo de Dios subsistente en la naturaleza humana y, por tanto, Dios. Así lo prueba Vega: “el término resultante de la concepción de la Bienaventurada Virgen María es una sustancia subsistente, no la sola naturaleza humana en abstracto; luego es necesario afirmar, que fue persona; pero no humana, porque Cristo no subsiste por subsistencia creada, luego fue divina subsistente en ambas naturalezas” {42}.
d) En tanto podría negarse que la Bienaventurada Virgen María fue Madre de Dios, en cuanto que o el Vero divino no hubiera asumido la humanidad en unidad de persona o hipóstasis, o que la hubiese asumido después de su nacimiento, o después de la concepción, pero antes de la natividad.
Lo primero es la herejía nestoriana; lo segundo suprime la divina maternidad, pues la maternidad no hubiese tenido este caso como término una hipóstasis divina subsistente en la naturaleza humana, sino una persona humana; verificada después de la unión hipostática, sería otra persona distinta de la persona nacida de María, pues después del nacimiento sería persona divina, y antes, únicamente persona humana; lo tercero, porque pugna también con la verdadera razón de la maternidad divina, que no solamente consiste en que la Virgen diera a luz a Dios, sino que también le concibiera {43}.
e) A la función de la madre, aun la generación natural, no pertenece constituir la hipóstasis del hijo, ni producir físicamente el mismo principio de vida intelectual o alma espiritual, sino solamente suministrar la sustancia de su cuerpo al hijo de ella engendrado. Esto lo prestó la Bienaventurada Virgen respecto al Hijo de Dios en ella encarnado, como cualquiera madre lo presta respecto a su hijo natural. A este propósito dice Santo Tomás que para ser verdadera madre no es preciso que el hijo tome de ella todos los elementos constitutivos de su ser. “El hombre consta de alma y cuerpo, y más es hombre por su alma que pos su cuerpo. El alma del hombre n ose toma de la madre, sino que es creada por Dios inmediatamente. Así como a una mujer se le llama madre de un hombre porque de ella toma el cuerpo, así también a la Bienaventurada Virgen debe llamársela Madre de Dios se de ella fue asumido el cuerpo de Dios. Conviene decir que es cuerpo de Dios si es asumido en la unidad de persona del Hijo de Dios, que es verdadero Dios. Confesando, pues, que la naturaleza humana fue asumida por el Hijo de Dios en unidad de persona, es necesario decir que la Bienaventurada Virgen es Madre de Dios” {44}.
Hay que hacer notar aquí cuidadosamente: 1.° Estas dos fórmulas, María es Madre de Cristo y María es Madre de Dios, coinciden pues aunque: a) según el modo de hablar de los nestorianos, que afirmaban que había en Cristo dos personas, una de hombre y otra de Dios, María debía ser llamada Madre de Cristo, pero no Madre de Dios, y de ahí que fuera reprendida por los Santos Padres la fórmula Christipara, considerada como la contraseña de los nestorianos; y así dice San Juan Damasceno: “De ninguna manera llamamos Christipara a la Santísima Virgen” {45}; b) sin embargo, en el sentido católico ambas fórmulas se equivalen y son una misma cosa; pues no hay en Cristo dos hipóstasis o personas, Dios Verbo y el Hombre Jesús, sino que la hipóstasis de Cristo es la mismísima del Verbo divino, que desde toda la eternidad fue engendrada por Dios Padre según la naturaleza divina, y en el tiempo engendrada por la Virgen según la naturaleza humana. Dice Santo Tomás: “La Bienaventurada Virgen María se ha de llamar Madre de Dios, no porque sea madre de la Divinidad, sino porque es madre según la humanidad de una persona que tiene divinidad y humanidad” {46}.
c) Ni tampoco se ha de decir que la Bienaventurada Virgen es madre de la Deidad; esta enunciación, aunque en sentido idéntico o material es verdadera, puesto que Dios y la Deidad son lo mismo secundum rem, es, sin embargo, falsa en sentido formal, porque la maternidad y la filiación solamente se refieren al supuesto; y éste debe expresarse con nombre concreto y no abstracto.
2.° El término griego Theotocos no es completamente equivalente a la palabra latina Deipara; porque τιχτω (parir, producir) comprende tanto la concepción como el alumbramiento; y la palabra perere (parir) no significa sino el dar a luz. Si María hubiera dado a luz a Dios Verbo, pero hubiera concebido una naturaleza humana connaturalmente subsistente, que antes del parto hubiese sido asumida por el Verbo, entonces en rigor etimológico podría decirse Deipara, pero no Theotocos.
Detalle de la nomenclatura griega
Sin embargo, por el común uso y sentido, dar a luz supone concebir el supuesto o persona que se da a luz, y en este respecto a otras palabras que constantemente se usan por la Iglesia, tales como Dei Genitrix (Engendradora de Dios) y Mater Dei (Madre de Dios) {47}.
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Corolario.- De lo dicho aparece cuán central y profundamente dogmática es la denominación de Theotocos, porque esta sola palabra contiene la profesión plena de la fe católica en los principales dogmas que se refieren a la Encarnación de Dios Verbo.
El nombre Theotocos encierra, en efecto: a) La profesión de la naturaleza humana de Cristo, porque la Bienaventurada Virgen con su acción generativa no pudo comunicar a su Hijo sino la naturaleza humana. b) La profesión de la naturaleza divina de Cristo, pues si Cristo no fuera Dios, María no podría llamarse Madre de Dios. c) La profesión de la unión hipostática y unidad personal de Cristo, Dios Hombre, pues de otro modo el uno y mismo Cristo no podría ser Hijo del Padre eterno e Hijo de mujer. d) Y la profesión de las dos distintas naturalezas de Cristo en unidad de persona, porque si Cristo, juntamente con su naturaleza divina, no tuviera verdadera naturaleza humana, no traería origen de María por verdadera generación.
Detalle de la nomenclatura griega
De donde deduce Franzelin: “Así como en la doctrina de la Trinidad la profesión του ομοουσιου fue tenida por los Padres como contraseña de la fe ortodoxa, porque ella no menos expresa la distinción de personas, contra los monarquianos, que la unidad de naturaleza, contra la herejía arriana, así la predicación de la palabra τηζ θεοτοχου es considerada en la Iglesia católica como símbolo y compendio de toda profesión respecto a la Encarnación de Dios Verbo” {48}.
Detalle de la nomenclatura griega
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Notas:
{1} De Institut. Virg., c. 7.
{2} De fide orth., III, 12.
{3} De Maria Deip. Virg., 1. III, c. 4.
{4} CANISIO, De Maria Virgine, sect. 2, c. 18; DILLENSCHNEIDER: La Mariologie de S. Alphonse de Liguori, p. I, c. I.
{5} HODGE, Syst. Theol., p. I, c. 19; PAQUET, o. c., d. 6, a. 3.
{6} Enc. Pii PP. XI Lux veritatis, 25 dec, 1931.
{7} DB, n. 113.
{8} DB, n. 256.
{9} DB, n. 290.
{10} DB, n. 201.
{11} DB, n. 993.
{12} DB, n. 1462.
{13} Acta Apost. Sedis, vol. XXIII, n. 14.
{14} De aequivalentia nominum Adonai et Kyrios cum tetragammato, IHVH; CERFAUX, Adonai et Kyrios, RSPhTh, agost. 1931.
{15} Ephes., 18, 2
{16} Apolog., 15, 2.
{17} Apolog., I, 63.
{18} Contra Noetum.
{19} Adv, Haer., III, 21.
{20} Ibíd., III, 16
{21} De car. Ch., c. 17.
{22} Ibíd., c. 18.
{23} Cf. NEUBERT, Marie dans l’Eglise Anteniceenne, c. 3, nn. 132-133.
{24} Ep. Ad Alexandrum Constantinopolitanum, 12.
{25} Vita Constantini, l. III, c. 43.
{26} Contr. Arian., or. 4.
{27} Serm. De Ss. Dei Genit. V. Mariae laudibus.
{28} Or. As ss. Dei Genitr.
{29} Ep. 101.
{30} De virg., l. II, 7.
{31} Liber ad Reginas, De recta in D. N. Jesus Christum fide.
{32} Ep. ad Nestorium.
{33} D’ALÉS, Le Symbole d’Union de l’anne 433 et la premiére école nestorienne, RechSR, juin 1931.
{34} De Haer., i. IV, c. 12.
{35} Oratio as sanctorum coetum, c. 11.
{36} Contra Jul., l. VIII.
{37} Enc. Pii XI Lux Veritatis.
{38} JANNOTA, Theotocologia Catholica, c. 4, th. I, §73.
{39} CLÉMENT, Le sens chrétien et la modernité divine de Marie, ETL, oct. 1928.
{40} 3, q. 35, a. 4.
{41} S. Tom., in 3, q. 35, a. 1.
{42} O. c., pal. 24, cert. 8, n. 1565.
{43} S. TOM., 3, q. 35, a. 4.
{44} Comp. Theolog., c. 222.
{45} De fide orth., III, 12.
{46} 3, q. 35, a. 4 ad 2.
{47} MULLER, o. c., th. 1, n. 42.
{48} De Verb. Inc., th. 39; TERRIEN, o. c., l. 1, c. 3.

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FUENTE: bibliaytradicion.wordpress.com